El Grito del Sur

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Capítulo 4

 

Habíamos caminado desde los barrancos hasta la que fue nuestra casa hace unos años. Sé que era más fácil teletransportarnos, pero decidimos caminar, creo que todas lo necesitamos. Al llegar la arreglamos en silencio y cada una tomó una habitación. Hablamos mucho en el trayecto y mientras me bañaba, recordé lo que había dicho Laxylya.

—Abuela, ¿qué crees qué va a pasar ahora que los reyes se divorciaron y también los ancianos? —me reí del comentario de mi hermana.

—Mis nietos no son malos.

—Sharon no ha dicho eso —intervine, el olor de la Tierra nos afectaba un poco mientras nos adaptábamos a su atmosfera.

—Lo sé, es mi antesala para hablar, ellos solo son el producto de un rígido esquema.

—Lo que quieres decir es que ¿Jupnuo es el culpable?

—En parte, pero no del todo —la abuela nos regaló una sonrisa nerviosa—. Todos somos productos de un sistema; bueno, malo, arcaico o como lo quieran ver.

—¿Lo sigues amando? —Laxylya cerró los ojos ante la nueva pregunta de Sharon.

—Hijas, porque lo amo es que decidí dejarlo. Jupnuo es un hombre respetable, lo admiro por lo que es —arrugué mi frente—. Debo hacerle ver que está equivocado, como no tenemos voto en Alma, vi una luz de esperanza cuando Mycalyna hace miles de años me pidió ayuda.

—Estoy perdida —menos mal Sharon interviene con los comentario o preguntas precisas.

—En ocasiones, el alejarse es la prueba más grande de amor —caminábamos a través del bosque. Pronto llegaremos a la carretera y de ahí hasta la casa, nos esperan varios kilómetros.

—Explícate abuela —sigo perdida.

—Trataré y para ello debo contarles la otra parte de la historia en la que estuviste implicada —noté compasión al verme—. Ante tus ojos fue un complot, y no fue así hija —suspiró y me sonrió—. Sacarás tu propia conclusión, eres buena en eso.

—Te escuchamos —dije.

—Cuándo los miembros masculinos de la élite del Oeste, la principal porque Jupnuo es hermano del anterior rey, él era el tío de quien fue tu esposo hace tres mil años, del alma de mi Kaus.

—Eso ya lo sabemos —caminábamos al lado de Laxylya una a cada costado.

—Cada rey hereda el cuidado de siete planetas, antes no habían sido investigados, Jupnuo y su hermano cumplieron con esa orden por varios siglos y nuestro planeta era maravilloso, aún con las tontas doctrinas y para nosotros era normal. Desconocemos la razón por la cual Rygel comenzó a investigar y conocer los nuevos mundos a escondidas y se dejó seducir por el planeta Az. No lo supimos hasta que él estaba postrado en la cama, y peleaba contra lo que tenía por dentro. Jupnuo jamás se perdonó el no haberse dado cuenta antes. Por muchos siglos su hermano escondió esa carga.

—Déjame adivinar, ordenes de monarca que se debían cumplir —comenté.

—Antes no era así. Fue a partir de los hijos de Rygel, el segundo hijo fue escogido por la Energía para que fuera el nuevo Rey y él nació con el mal en su interior. Ese, que por años ocultó su padre. El mal al ver que no pudo dominar buscó el medio para hacer daño, y logró su cometido.

—¿A qué te refieres con algo dentro de él? —la abuela tomó la mano de Sharon.

—Hija, creemos que una parte del demonio con el que peleaba Rygel se pasó al alma del nuevo rey, a través de su concepción, con el tiempo Rygel dio la orden de cerrar el portal del planeta Az y se cumplió hasta que Kaus el esposo de Mycalyna se dejó llevar por el demonio que dormía en su interior. Luego pasó lo que ya ustedes saben, las nuevas reglas, y con ellas las mujeres fuimos más pisoteadas, menospreciadas, nos sentíamos impotentes, pero no sabíamos cómo hacernos notar. Era prohibido y llegó a ser un acto de condena para quien las incumplieran en ese entonces.

—Abrieron el paso una vez más…

—Sí. Tengo la convicción que al entrar a ese mundo con sentimientos negativos estos absorben con más énfasis el mal, fue lo que le pasó a Procyxon. La envidia que le tenía a su Rey. Él fue el primero en cambiar y ustedes lo realizaron paulatinamente.

—¿Por qué yo no me transformé? ¿Cómo me limpié primero? —La abuela suspiró una vez más—. Tengo grandes baches en mis recuerdos.

—Por el amor que le tenías a tu esposo, lo amabas absurdamente, el mal luchaba dentro de ti, de la misma forma como Rygel luchó con él. Te refugiaste en el cuarto mundo bajo nuestra custodia, en el planeta Tierra. Lo amabas, adorabas este planeta azul y verde. Otras veces orabas en el valle de la sabiduría. Me contaste lo que se te fue revelado por la Energía, la forma de acabar con lo que los agobiaba. Pero pasaron muchos años antes que encontraras la piedra que Rygel quitó por error.



Eilana Osorio Páez

Editado: 08.11.2019

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