El Grito del Sur

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Capítulo 14

Esta vez no puedo intervenir, aunque Azuryut pelea con fuerza para salir, el que sienta celos del monstruo que tengo a dentro hace que él tenga más dominio sobre mí. Yelena me ama, la sentí llorar mientras leía mi diario, aun no comprendo porque mantiene su campo de energía pegado a su abdomen, iba a preguntarle, pero siempre hay algo que nos impide pasar más tiempo juntos. ¡Y ahora esto!, voy sobre Asallam en busca de mi hermano. Lo sentí en el valle de las lágrimas, cerca de donde será la boda. ¡¿qué mierda le voy a decir?!

Está amaneciendo, ¿cuál será el afán de Sharon y Yajaht?, deberían esperar a que la gran batalla pase, a que todo se normalice, es obvio que se apresuran. Al bajar de mi caballo vi que Naus lloraba, estaba recostado sobre una piedra, abrazando sus rodillas, como un niño pequeño, lloraba duro, el demonio ante actos de amor o compasión prefiere refundirse en lo más profundo de mi ser, y mejor para mí, me libera un poco.

—Naus…

—Se que no me dejarás solo, pero ¡por una mierda, quédate callado! —me acerqué a él, me senté en la piedra y dejé que los minutos pasaran. Cuando lo sentí más tranquilo hablé.

—¿Vas a dejar que se case sin que sepa que a ti la montaña también te entregó los anillos?

—Si quieres saber si la perdoné te respondo que no tengo nada que perdonarle. Fui el primero en su vida, si me pongo en su lugar yo habría actuado de la misma manera, ella me terminó y quedó libre para hacer de su vida lo que quisiera. Yo no te hice caso esa vez en Jamaica, las cosas habrían sido diferentes, debo aceptar mis errores.

—Naus —alzó la mano.

—Déjame continuar, porque no lo volveré a decir y espero que aceptes mi decisión. Estaré en la boda, la amo y ella escogió quedarse eternamente al lado de Yajaht, respetaré eso, pero una vez ella jure ante todos los presentes su unión, me voy, nunca más volveré a Alma.

—¡Tienes un deber! —no puedo perder a mi hermano.

—Renuncio a él, no me quedaré, jamás me volverán a ver. Aún tengo una leve esperanza, que ella al verme se arrepienta.

Nuestros padres llegaron, al rato los abuelos y más atrás llegó Cristal y Manuel, se bajaron de Gruveert. Somos familia y un integrante de ella necesita nuestro apoyo, Naus al vernos juntos buscó los brazos protectores de nuestra madre. El pecho se me comprimió y eso me ayudó a desterrar más a Azuryut.

—Aún no se han casado, aun se tiene esperanza.

—Abuela —dije, están a unas cuantas horas de esa boda y no es el momento de darle falsas ilusiones.

—Mira hijo, si tu abuelo ha cambiado —todo me esperé, menos esa respuesta, mis padres rieron al igual que nosotros, Manuel abrazaba a Naus y Cristal lo tenía de la mano—. No se rían —Jupnuo se puso rojo—. Los milagros existen.

—Gracias por la moral —mi padre le dio una palmada a Naus en la espalda.

—Somos una familia, enfrentemos todo como tal —dije.

—Saquemos pecho —dijo Manuel y Naus le desordenó el cabello—. Directos a la guerra amorosa de mi hermano —comentó alzando la mano, soltamos una carcajada, gracias Yelena, todo esto es gracias a tu intervención.

—Se que Kaus me encontrará y como le dije a él, respeten mi decisión, pueden visitarme cuando lo deseen, pero juro no volver al planeta una vez Sharon haga su juramento al casarse con Yajaht —fue unánime la actitud de todos, Naus juró, cerró el pacto con la Energía, mi madre se limpió las lágrimas. En silencio nos subimos cada uno a nuestro medio de transporte, ya estaba pactado una vez Sharon se case, y mi hermano se auto desterró del planeta. No nos ayudará a pelear y yo lo necesito para hacerlo.

Llegamos al valle de las lágrimas donde sería la boda de mi cuñada, no vi a los novios, y la Reina tampoco había llegado, solo vi a una de las maestras del Este que lloraba y a su lado estaba Atria, Polarys y otras dos mujeres más, son las amigas de Yelena. Esta boda no está bien, hay mucho dolor alrededor de ellos, eso no debe ser así, es la primera vez que pasa algo en esta proporción de un evento matrimonial. Hydrus se me acercó.

—Mi Rey, Príncipe —mi hermano inclinó levemente la cabeza y se retiró, se ubicó de primero ante el lugar donde estarán los novios. Busca a toda costa que Sharon lo vea.

—Algo no está bien, ¿cierto amigo?

—Nada mi Rey, mi boda fue alegría, hasta la misma tierra se alegraba de la unión y así fue con Corvus, Crux y Deneb.



Eilana Osorio Páez

Editado: 08.11.2019

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