El Grito del Sur

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Capítulo 16

No fue necesario salir de Alma, encontré a los dos en la pelea que desde hace tiempo tenían casada, Yajaht es un contendor muy fuerte, y puede que mi hermano sea el vencedor por nivel de energía, pero sentí que se había igualado a su contendiente, de esa manera Naus podía llevarse unos golpes de más y es por el entrenamiento de su rival, los dejé pelear por unos minutos. Es hora que saquen toda su ira, esa misma que se tienen desde que todo este enredo comenzó. Todo ha sido tan confuso y enredado que ni he podido celebrar mi avance con Yelena, permitió que la besara y por ella ya es hora de detener esta pelea, deseo volver a su lado.

Salté de Asallam, cambié mi traje de rey medieval a mi traje de combate y al aterrizar expandí mi energía, con mi campo de fuerza los separé con un movimiento de manos, exigiéndoles que se detuvieran, no hay modo de refutar una orden cuando la respalda mi jerarquía.

—¿Terminaron? o los mando a dormir a cada uno —sangraban. Ambos se inclinaron.

—Debía al menos obtener eso, mi Rey —dijo Yajaht.

—¿De qué mierda hablas? —mi hermano se limpiaba la boca con la manga de su gabardina—. Esta vez te quedaste con todo.

—¡Ya es suficiente!, ¿quieren continuar con su actitud de adolescentes? —llegaron al lugar, Yelena, Sharon y Dyphda.

—Hola chicos —dijo la Reina—. ¿Quieren continuar? Porque yo puedo sentarme en esas piedras y veo en vivo y en directo un combate de artes mixtas.

—No tengo nada que hacer aquí —comentó Naus, llamó a su ave y levitó hasta llegar a ella, miró a Sharon y voló.

—¿No le dijiste nada? —le reclamó la princesa a Yajaht.

—¡No Maxalayny! —la llamó con su anterior nombre, ella comprendió—. ¡Solo quería reventarle la cara desde hace tres mil años!

—Sharon —la miró Yelena—. Continúa arreglando tu problema.

—Y hazlo rápido, antes de que salga del planeta —dije, se teletransportó. Luego vimos como su ave acudía a su llamado.

—Bueno, nosotros nos vamos a arreglar nuestros asuntos, creo que ustedes deben hablar mucho —dijo Yelena y me extendió la mano, no pude evitar sonreír—. Yajaht, la verdad libera. —arrugué mi frente.

“No te hagas muchas ilusiones” —me habló y no pude evitar alzar las manos al cielo. Subimos a nuestros transportes.

—Creo que nuestros hermanos están en la salida del planeta, debemos quedarnos por un par de horas en Alma —una tentadora imagen se me cruzó por mi cabeza—. ¿Tu casa o la mía?

—Se te ha olvidado hacer méritos, quiero conocer a tus hermanos —la miré, creo que darle a leer los diarios fue la mejor decisión que he tenido.

—A ¿Cristal y Manuel? —afirmó.

—Ella es una hermosura y el niño —me encogí de hombros—. Lo único que puedo decirte es que te prepares a responder cada pregunta que se le ocurre.

—Por eso es que tengo curiosidad de verlos, hablas mucho de ellos.

—Bueno, usted es quién manda mi Reina —sonreí. Nos dirigimos al Oeste, de este lado hay otros paisajes, tenemos el mar, el clima es diferente, más tropical, la mirada de Yelena me confirmó lo maravillada que estaba al ver la bella vegetación, los colores que son característicos de este lado del planeta.

—Es hermoso.

Llegamos a la casa de mis padres, tenía un mirador que era un frondoso árbol con escaleras alrededor del tronco hasta llegar al final y poder ver el maravilloso mundo en el que vivimos. Para llegar a la casa es debajo las escaleras hacia la tierra, es el final de un barranco y ese detalle le regala un bello paisaje rocoso lleno de cascadas, los balcones de la casa de mis padres dan a las habitaciones, es muy espaciosa.

—La casa de mis padres tiene el mejor balcón.

—Nunca me he acostumbrado a las maravillas que nos entrega Alma, ¿la vista da al abismo? —afirmé.

—¡Manuel! —llamaba mi madre, se sorprendió mucho al verme llegar con la Reina.

—¡Majestad! —llamó Cristal. Mi hermana se había convertido en una señorita muy hermosa, respetuosa y se había adaptado por completo al planeta.

—No debes llamarme así —me reí, tengo nervios—. Mi nombre es Yelena.

—Mi Reina —mi madre la abrazó—. Ahora discúlpame, no sé dónde se metió este jovencito.



Eilana Osorio Páez

Editado: 08.11.2019

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