El Grito del Sur

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Capítulo 23

 

Mientras Kaus me llevaba cargada en dirección a su dormitorio, no podía estar más feliz. Sé lo mucho que me ama, y sé hasta dónde está dispuesto a llegar por amor a su pueblo, a su familia y hacia mí. Mientras nos desnudábamos y me perdía en los apasionados besos que me daba, me estremecía una vez más cuando su boca devoraba mi cuerpo, que siempre ha sido suyo, solo le ha pertenecido a él, fue condescendiente por mi estado de embarazo, se contenía esas ganas de hacerme el amor salvaje. Volverlo a sentir dentro de mí fue perfecto… no descansamos sino hasta la madrugada, en un día tratamos de ponernos al día en el tema íntimo. El cansancio nos invadió, me acurruqué entre sus brazos y su mano izquierda se ubicó en mi vientre.

—Los amo —me susurró al oído. Y sentí como expandió su campo de energía alrededor de toda la casa.

—¿Por qué lo haces? —estaba muy cansada y a punto de dormirme.

—Para que no nos llamen, que sepan que estamos arreglando nuestras diferencias —sonreí y le besé el antebrazo.

—No podemos alejarnos mucho, somos los reyes, y aún tenemos una gran amenaza.

—Si, mañana hablaremos al respecto —lo escuché decir, ya tenía mucho sueño.

 

Una increíble sensación me despertó, había amanecido, escuché el agua que corría en lo que supuse que era la cascada en el baño de Kaus, pero volví al placer, él sabe cómo volverme loca… quedé más que extasiada, era gratificante que su deseo por mí no era por causa de Azuryut, siempre ha sido por él. Sé que se contiene, me hace vibrar, pero ha sido muy tierno, algo extraño en él. Sus dedos en la parte más íntima de mi cuerpo, no nos detuvimos hasta que nuestros cuerpos volvían a estremecerse de placer.

—Estos nueve meses van a volverme loco —me susurró y solté la risa, estábamos en la cama, y mi estómago sonó.

—Y será más difícil cuando se note la barriga.

—Yelena, siempre buscaré la manera de hacerte mía —se levantó, su cabello era blanco, ya no tenía ese tono beige. Me dio su mano y nos bañamos juntos —. Debes de estar por cumplir los dos meses ¿cierto? —afirmé, me miró, Dios amo a este hombre más que a mi propia vida, sé que he sido testaruda, pero ahora que sé lo que ha soportado—. Si debo pasar otra vez por lo que he pasado para que me veas de esa manera, créeme Nena que lo volvería hacer —mostró su mano e intentó sacarse el anillo y este no salió y rió como ese niño travieso, desbordando una felicidad genuina. Ya estaba listo para volver hacerme suya bajo la pequeña cascada cuando mi estómago volvió a rugir.

—Hay bebés en camino —pegó su frente a la mía y me besó.

—Debemos ser padres responsables —comentó, me encanta que me desee tanto.

Salió antes que yo de la ducha, lo bueno de este planeta es que no necesitas llevar equipaje a ninguna parte, con solo pensarlo me volví a poner un vestido similar al de ayer, pero este era blanco con betas verdes, salí en busca de desayuno, tenía mucha hambre. Ahora si era cierto que me comería un árbol completo. Se ve tan bien en su cocina, puso una canasta de frutas y sin pensarlo comencé a comer, mientras que él hacía huevos.

—Sabes que quiero.

—¿Antojos?

—Recuerdas la carne que una vez me hiciste en la casa de la abuela.

—Significa que debemos salir de Alma y como están las cosas… —suspiré, es cierto, Procyxon debe tener vigilantes. Se me hizo agua la boca y él me miró de reojo—. Algo se me ocurrirá.

—Tienes razón. Kaus, ¿ellos deben saber que su líder murió? —dejó los platos del desayuno y se sentó a mi lado.

—El espectro que habita el cuerpo de Procyxon está muy unido con él. Yo creé una resistencia y eso hacia la diferencia. Pero nuestro amigo está completamente seducido y no solo Procyxon te ama, el espectro también. De todo lo que se nos viene, sé que a ti no te harán nada… —se quedó pensativo—. Si sabe que ya no está Azuryut debe sentirse feliz, ahora él es único gobernante.

—Pelearemos —negó varias veces antes de hablar.

—¡Ni en bromas! —me miró fijamente—. Por una vez en tu vida hazme caso, estás embarazada, son vulnerables.

—Iré a la batalla quieras o no, y con mi campo puedo proteger el alma de mis hijos.



Eilana Osorio Páez

Editado: 08.11.2019

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