El Grito del Sur

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Capítulo 24

Dejar a Yelena que se enfrente sola con quien sabe que problemas me tiene intranquilo. Se que debemos confiar el uno en el otro y no es que piense que ella no sea capaz de enfrentarse a un batallón, es que ahora está vulnerable, lleva en su vientre a mis dos hijos y eso hace que me preocupe más.

Llegamos a la Tierra y la batalla para evitar que los espectros tomaran el control estaba en su máxima expresión, si algo puedo hablar a favor de los humanos es que cuando ellos se unen por una causa en común poseen una fuerza increíble, ojalá algún día se den cuenta del potencial que poseen, así dejarían de gastar su energía con tonterías banales de poder estúpido, cuando tomen conciencia que al morir nada se llevan dejaran de pelear por tierras.

Visualicé a Rojas con su arma y mataba a quien tuviera en la mira, para los del Norte y los humanos poseídos un arma también es mortal. Me uní a la batalla, el ejército de la tierra hacía una barrera que hasta el momento no ha sido quebrantada, han resistido, debemos ayudarlos.

 

“Naus, Yajaht” —les hablé en la mente—. “Destruyan el paso de Az a la Tierra” —. El Norte ha estado custodiado por nosotros y otra parte la hemos estado restaurándolo, en unos meses volverá a ser el hermoso lugar que era en el pasado, eso sí muy frío.

“¿Estás seguro?” —se cuál es el temor de Yajaht.

“Es mejor eso a dejar la puerta abierta, debemos finiquitar el paso del mal a este planeta” —Naus tiene razón—. “debes buscar el permiso Kaus, sabes las consecuencias de destruirlo”.

“Destrúyanlo, yo me encargo de mantener al tanto a los gobiernos” —ese era uno de los muchos temas que tratamos en la reunión que tuvimos hace varias semanas. Les comenté las posibles consecuencias a las que se vería la Tierra en caso de un enfrentamiento.

Llegué hasta donde Rojas no sin antes aniquilar a más de uno con mi energía.

—Mi Rey, no han avanzado, ¡pero no se acaban esos hijos de puta! —peleábamos en el bosque, cerca del acantilado, hemos creado una barrera humana para no dejarlos avanzar.

—Ya di la orden de cerrar el portal —el rostro de Rojas cambió de color.

—¿Vas a destruir una parte del acantilado?

—Ese sería el daño menor y sabes perfectamente lo amables que somos con la naturaleza, pero es la única manera, debemos acabarlo y con ello el paso. Solo quedarán las entradas desde Alma —aceptó mi respuesta. Un temblor nos sacudió, esa fue la confirmación de que el portal había sido destruido. En las noticias quedará reportado como un temblor a leve escala. Por un segundo todo nos detuvimos, los del Norte comprendieron que no tenían escapatoria, ahora los tenemos acorralados, entre el acantilado y nuestro muro de contención humana. Me elevé.

—Rojas, ataquen con todo su arsenal —los almanos al verme levitar hicieron lo mismo, una parte se elevó en el acantilado para evitar que algunos se escaparan, desde el cielo enviábamos nuestra arma mortal a los portadores de las gabardinas negras, mientras que los humanos avanzaban con su arsenal, en cuestión de minutos una pila de cadáveres yacía en el piso, una vez más la tierra se tiño de rojo. ¿Cuándo llegará el día en que no nos matemos entres sí? Esta batalla llegaba a su final, mi hermano y Yajaht llegaron a mi lado.

—¿Este es el final? —pregunta Rojas.

—No, este es la tercera parte, debemos irnos, Alma ahora necesita nuestra ayuda.

—¿Qué te pasa Kaus? —miré a Yajaht, algo no está bien, tengo mi energía al cien por ciento, no debería sentirme intranquilo.

—Informen a sus ejércitos que lleguen a Az, la batalla real está en ese planeta.

—¿Podemos acompañarlos? —miré a Rojas.

—Capitán, ustedes son fuertes en este planeta, sus armas los respaldan, pero no podrían pasarlas por la cápsula.

—Somos buenos con las flechas —a pesar de la situación todos reímos ante el comentario de un hombre bastante serio.

—No…

—Es decisión propia, los apoyaremos —suspiré.

—Bueno, es hora de ir a la pelea.

Llegamos al paso de Az, nuestras aves trasladaron a los humanos que de una u otra manera han hecho parte de este proceso, pasamos la membrana y el panorama no era nada alentador. En el campo de batalla yacían hombres y mujeres de ambos bandos. No hubo tiempo de nada más que integrarnos a lo que era una verdadera masacre. Me alegré de saber que mi esposa estaba en otro lugar y no en este rio de salvajismo, ver cabezas volando, cuerpos desmembrados, intestinos esparcidos en el campo de batalla. Naus estaba en el aire y sé que su contrincante eran los espectros que trataban de poseer nuestros cuerpos, con lo que ellos no contaban era con lo fuerte que estábamos ahora, desde que se fue Azuryut de mi cuerpo, siento que la gente se hizo más fuerte.



Eilana Osorio Páez

Editado: 08.11.2019

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