El Grito del Sur

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Capítulo 25

 

No sé cómo me siento, tantos sentimientos encontrados, tanto dolor acumulado, no quiero que Kaus sufra, pero hoy no quiero pensar en nadie y necesito dejarme llevar por mi tristeza, por este dolor que me quiebra el alma. Es cierto que todo lo que me han dado evita el dolor físico, pero ni en la Tierra y ni en Alma existe una cura para el dolor del alma… el peor dolor del mundo. Soy consciente de los esfuerzos que hace mi esposo por llegar lo más pronto a la Tierra para ver si es posible que salven al menos a uno de mis dos hijos, aunque lo dudo, son muy pequeños.

La onda expansiva me arrebató uno y sé que ese tenía algo del mundo Az, es la única explicación que encuentro. Uno estaba contaminado —vuelvo a llorar, me tapo el rostro y siento un beso en la frente, en ese instante cruzamos otra vez una mirada Kaus y yo—. Se que quiere quitarme el dolor, estamos conectados de una manera diferente, desde que lo vi bajar esa tarde de ese auto negro, con su rostro llenos de piercing y su ropa negra. Supe que se había generado una conexión más fuerte que la sangre, definitivamente eran nuestras almas y su mirada me confirma que conoce de mi tristeza, ahora me siento quebrada. Es abrumadora la certeza de la sabiduría de Dios, la conexión entre madre e hijos y entre un amor que a pesar de miles de obstáculos aún sigue vivo, después de tres mil años, lo nuestro sigue intacto.

Ahora voy en una ambulancia, al llegar a la Tierra había cientos de personas recibiendo los cadáveres de la batalla vivida hace unas horas. Sé que Rojas es quién habló con el personal adecuado y me trasladaron a la mejor clínica de Boston para que sea tratada. Me imagino que esto significa, que gobiernos estén de por medio, todo será clandestino, extraterrestres usando medicina humana —sonreí, vaya ironía—. Y eso llama la atención de Kaus que me mira, ha supervisado cada medicina que me han suministrado a través del líquido del suero que ahora corre por mis venas.

—¿Qué te causa risa? —limpió una lágrima—. Nena, no sabes lo que diera para que tú no sufras, sé que te duele algo más que el cuerpo —cerré mis ojos, lo sabía, él se siente culpable. Quería hablarle, pero no tengo ganas de nada, sigo resistiendo para que a la medicina humana logre hacer algo para salvar a ese diminuto ser que sigue palpitando en mi vientre, ese diminuto ser que es quien me sostiene y me hace aferrarme a la vida. Amo a mi marido, pero desde que supe que estaban en mi vientre, mi mente los visualizó hasta que me dieran nietos y ahora murió uno, se quebró ese lazo que es inexplicable, ese amor de madre e hijos, tengo esa impotencia de no haber podido protegerlo, una madre es para velar por sus hijos y dar la vida para que nada les falte y ahora le fallé a uno y quiero morirme, abandonarme de lleno a esa gran oscuridad de la depresión, tengo tantas ganas de gritar, llorar, y volver a gritar y volver a llorar hasta quedarme sin voz y lágrimas—. Ahora comprendo la razón por la cual naciste en la Tierra —dice Kaus para mantenerme consiente, sus palabras evitan que caiga en ese poso oscuro. “Te amo” quise decirle, pero no pude pronunciar una sola palabra, solo las lágrimas es la muestra de mi dolor.

—Llegamos —dijo una de las doctoras que estaba al cuidado de mis signos desde que me subieron a la ambulancia. Me esperaba un grupo de personal médico, mi hermana y Naus se quedaron a un lado —. Señor, no puede…

—¡Me importa una mierda las políticas del hospital!, no me voy a alejar de mi mujer. ¿Le quedó claro? —emanó energía, el personal quedó en silencio, ellos sintieron ese dejo de superioridad y poder que no da pie a que se le contradiga y en el fondo su superioridad me gustó. No quiero estar lejos de él, nunca más. Y al mirarlo, mis ojos estaban una vez llenos de lágrimas y sus labios susurraron “siempre”.

Me llevaron por varios pasillos hasta llegar al pabellón de ginecología. Le entregaron a Kaus ropa adecuada para que pueda estar a mi lado, se alejó un poco sin apartar su vista de mí y su protección me tranquilizó, no he hablado una sola palabra y me sorprende confirmar que Kaus me ha entendido. Llegó a mi lado completamente transformado en un doctor.

—Siempre voy a estar a tu lado —besó mi frente. Al quirófano llegaron varios especialistas—. ¿Ustedes son los mejores de su planeta?

—Acaso ¿este no es su planeta? —respondió un señor de avanzada edad, miró a mi esposo por debajo de sus gafas.

—No soy de este mundo, y mi esposa es mitad y mitad —el cuerpo médico quedó en silencio por un segundo—. No sé si están al tanto, pero hoy necesitamos de ustedes.

—Me hice médico para salvar vidas. Será interesante escuchar su verdadera historia, aunque con todo lo que se ha dicho en la televisión no podría ponerlo en duda. Si lo que dicen los medios de comunicación es cierto entonces solo puedo agradecerle.



Eilana Osorio Páez

Editado: 08.11.2019

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