El Guardián de la Noche: Regreso al Instituto © [libro #1]

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Capítulo 15: Secretos

Al abrir los ojos observé ante mi un bosque con enormes árboles verdes, mis dedos tocaban el pasto que se encontraba alrededor, era todo algo inimaginable y una de las cosas más hermosas que haya visto en mi vida; no entendía nada sobre ese paisaje ni cómo era posible que estuviese ahí, a un lado de mi se encontraba Leo acariciándome. Hacía un momento teníamos la ciudad de San Marino en nuestra vista y en menos de un segundo aquel paisaje, algo que me desconcertaba.

- Leo, ¿En dónde es...? -antes de poder terminar de formular la pregunta pude observar que aún tenía aquellos ojos rojos, lo cual había visto momentos antes; me di cuenta que estábamos lejos de la sociedad humana y de cualquier otra cosa existente... en ese momento éramos nosotros.

Su mano fue directo a mi mejilla bajando lentamente hacia la garganta, me quedé inmóvil al sentir su roce... cada vez que me tocaba era como una niña dócil, indefensa ante aquello; miré como iniciaba a acercarse logrando sentir su aliento sobre mi.

- Leo...

- Dime, Ella -su voz era relajada, suave, había pasado tiempo desde la última vez que la había escuchado.

- ¿Qué estamos haciendo...?

- Han pasado tantas cosas... Quizás éste no sea el momento más adecuado, pero no dejaré pasar esto.

Se inclinó hasta llegar a la altura de mis labios, me miró; en él percibí lo tanto que se preocupaba por mi y todo lo que había hecho por mantenerme con vida, cada cosa que hemos vivido juntos estaban presentes en ese momento... él había llegado en el momento justo de mi vida pues me hizo sentir viva de nuevo, cambió por completo mi manera de ver varias cosas y de como tratar a la gente a mi alrededor.

- Pase lo que pase, estaremos juntos en esto, Ella -dijo finalmente- He pasado años intentando encontrarte, y jamás pienso alejarme de ti; le has dado sentido a mi existencia, a mi corazón para continuar luchando por aquellos que nos preocupan. Por ti.

- No estaría aquí de no haber sido por ti, has cambiado cada parte de mi... es como volver a nacer; no me dejes sola en este camino, Leo -le miré a los ojos mientras pronuncié lo que sentía en mi- Te amo Leonardo Rinaldi, simpre lo haré.

- Te amé en mi vida humana y te amo en ésta; recuerda eso siempre, Gabriella.

Me besó antes de que pudiese decir esta palabra, la verdad y la confianza que sentíamos en el otro se hizo evidente. Por vario tiempo había ido por la vida queriendo salir de la etiqueta que la sociedad me había puesto, me volví fría y callada para mis conocidos y les hice daño sin darme cuenta; Leo apareció en el momento adecuado para cambiar mi perspectiva de vida, aprendí a valorar a los que se preocupaban por mi, aprendí de mí misma, a abrir mis sentimientos y poco a poco las cosas cambiaron a mi alrededor, Leo jamás se separó de mi cuando inició todo esto... aquello hizo que me enamorara lentamente sin planearlo, él era mi único y verdadero amor, así como sabía que yo era el suyo. 
Me olvidé de cada preocupación que tenía hasta ese instante, en ese momento el amor que sentía por él era tan grande que sólo en sus brazos me sentía segura; suavemente me colocó sobre el pasto mientras continuó besándome, sus besos eran los que incendiaban mi cuerpo... sus labios descendieron hacia mi garganta dando pequeños mordiscos gentiles que me hicieron gemir dulcemente, con mis dedos recorrí su cabello castaño para enroscarlos en su nuca, besándolo de nuevo.

Al mirar sus ojos me sentí aliviada de verlo en su color original, miré más profundo: vinieron a mi mente cada ocasión que había pasado en mi dormitorio en el instituto; una de las cosas que estaban prohibidas en Andrea García II era que los estudiantes durmieran juntos: sí algún encargado, guardián o el mismo señor Del Valle los descubrían las consecuencias serían desagradables... Leo pasó algunas noches a mi lado sin que nadie se enterara eso gracias a su rapidez sí alguien tocaba la manija podía desaparecer en cuestión de segundos por la ventana, durante aquellas veladas hizo un gran esfuerzo por no beber mi sangre pues en una ocasión me aseguró que jamás me dañaría, su tortura fue haberme perdido por vario tiempo que no lo volvería a vivir nuevamente; aquel momento íntimo me ponía nerviosa pero también segura de lo que estaba ocurriendo, yo sabía por igual que por la situación en la que nos encontrábamos no era el momento más oportuno en estar un instante a solas, pero era necesario. 

No.

Era prioridad.

Sus manos recorrieron mi piel con un toque tan delicado que tuviese miedo de que se rompiera, no me percaté de que estaba temblando por el nerviosismo que sentía, se percató de inmediato y me acercó a su pecho descubierto para pasarme un poco de su calor; al estar cerca de él mi corazón latía mil por hora a cada momento... Miré su rostro cerca del mío mientras su mano acariciaba mi cintura y mi espalda, mis dedos recorrían suavemente su abdomen.

- Lo haremos cuando estés lista -dijo mientras tomó mi barbilla, mis ojos grises lo miraban fijamente y asentí.



Marye Vela

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En el texto hay: vampiros, novela juvenil, magia

Editado: 18.06.2018

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