El hechizo de la seducción

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Capítulo 2

Parecía que el tiempo se había congelado. Sus caras asombradas, miraban en distintas direcciónes sin saber muy bien qué había pasado, ni qué había apagado el fuego.

—Ana... — pronunció Lucas, rompiendo el silencio que se había apropiado del lugar — ¿Me lo he imaginado?

No podía responder algo que no sabía... ¿Había sido mi lágrima? Era como si los dioses me habían concedido y cumplido un deseo. Dudaba mucho que una gotita de agua salada pudiese apagar toda la hoguera que se había formado, cuando, los bomberos con sus mangueras no habían conseguido apenas nada.

Estos, contestaron a mi amigo con la misma respuesta que había aparecido en la mentes de todos... "Yo también lo he visto".

En menos de un segundo, el silencio fué sustituido por un enjambre de personas correteando y haciendo llamadas telefónicas. Una familia ya no tenía hogar pero expandir la noticia de los extraños sucesos era claramente más importante para ellos.

—¿Que vais a hacer ahora? —les pregunté a los afectados. Estaba segura que si hacía falta podría ofrecer mi hogar pues a mi padre le encantaba charlar con el de mi amigo.

— ¿Mamá? —Prenguntó Lucas que no había caído en hacer ese interrogante.

—No te preocupes querida, nos quedaremos en casa de mi hermana.

— Rosa... Creo que es mejor que dormamos en la de la Yaya — Sugirió su marido obviamente en contra de quedarse en casa de su hermanastra.

—¡Ahora no manolo! — Le acalló su esposa para que no tuvieran una discusión depués de tal sucesso.

Solían tener estas pequeñas broncas pero este no era el tiempo ni el lugar. Por lo que empezaron a ponerse la misma máscara que se ponía mi padre... "Estoy bien, todo va perfecto, pero en verdad todo va fatal y se me da muy mal ocultarlo"

Mireya, la hermana pequeña con unos 3 años menos que yo, no se contentaba con ninguna de las sugerencias. Podía ver cómo quería que su hogar estuviese igual que siempre.

Si hubiese sido mi casa, hubiese estado igual que ella, sus padres estaban intentando ser fuertes y hablar de ello como si no fuese nada. ¿Por qué se esforzaban tanto en protegernos de la realidad?

Los tres jóvenes acabamos sentados enfrente de la chamusquina mientras que los adultos organizaban qué hacer y cómo evitar las preguntas de los reporteros que rápidamente habían aparecido con sus flashes y furgonetas. Por eso mismo temía ser una adulta, toda esa responsabilidad sobre mi cabeza. ¿Sería igual que ellos? ¿Ocultaría las cosas a los demás para que pensasen que todo iba bien? Eso sería mentirles y mentirme a su vez. Solo me quedaban unas horas de la inocencia de los 17 y los estaba disfrutando con problemas que no concordaban con el sentimiento de niña que me acompañaba.

—Todo va a cambiar... — Dijo mireya harta de la situación.

—No todo —Respondió su hermano — seguimos aquí.

Pasaba el tiempo, la gente se iba yendo y el sol se había ocultado al completo. Los reporteros habían hecho todas las fotos suficientes y los padres de mi amigo habían decidido que lo mejor era quedarse en un hotel esa noche. No perdieron tiempo en irse por lo que me despedí de Lucas.

Mi querido Pecas necesitaba tiempo solo con su familia. Menuda manera más surrealista de acabar una quedada. En cierto sentido me parecía hasta cómico. Había pasado todo lo que no me habría esperado y ahora tenía que volver a mi casa andando. El último autobús ya había vuelto a su hogar y no tenía dinero suficiente para un taxi.

Ese humo índigo... Era algo tan bello, extraño y encantador que me hipnotizaba al recordar como subía y eliminaba todo el mal. Pensar en ello me tranquilizaba, de qué servía estar todo el día mal por algo que en un futuro no importaría. El seguro de su casa les recompensaría y podrían mudarse o reconstruirlo mejor. Por otro lado, ¿cómo se podía explicar la desaparición del fuego tan repentino? No podía llegar a comprender qué había pasado... Tenía la extraña sensación de que lo había hecho yo.

Cada vez que daba un paso, sentía que la respuesta se hayaba más lejana. Volví a mi mente vacía para deleitarme con la paz de la noche. Escuchar la serenidad y el eco de mi caminar en las calles vacías...

O no tan despobladas, pues unos pavorosos gritos frenaron mi calmada meditación. Cesé mi andar y giré sobre mis pies para investigar de dónde procedía el ruido que resonaba escandalosamente en mis oídos.

¿Otro problema más?

Provenían del típico callejón oscuro, en el que la chica de la película de miedo, iba a conocer su fin. Quise adentrarme a ver que es lo que pasaba pero recordé los sucesos de esta misma noche hace un años. No quería acabar como ella, por lo tanto, intenté pasar de largo. ¿Qué? No iba a cometer el mismo error... Pero por desgracia, la persona que me agarró y me tiró al suelo, tenía otra idea para mí...



G. Ariadna Johnson

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En el texto hay: bruja, amor y magia, amor magia traiciones mentiras

Editado: 02.03.2018

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