El hijo de la guerra

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Capítulo 2: Preparativos

“Él cambiaría sus armas por amor, pero está atrapado en el fuego cruzado”

Stephen Swartz

 

Al amanecer, el guerrero deambuló hacia la orilla del rio Njörðr, tambaleándose por haber bebido dos barriles de cerveza negra la noche anterior. Sus rodillas dieron contra las piedritas que bordeaban la arena, y las manos del hombre se hundieron en el agua para cargar en sus palmas un poco, como si de un cuenco se tratara, necesitaba refrescarse por el ardor que llevaba dentro –producto del alcohol.

Se acomodó en el pasto, dejando que el sol secara las cristalinas gotas de agua que se desprendían de su barba oscura, con algunos reflejos rojizos gracias a la luz que los destacaba.

Muy pronto, la presencia de alguien más interrumpió su tranquilidad; pero ni se molestó en ver de quién se trataba. Estaba desmesurado en la angustia por la noticia que le dieron la noche anterior.

—No sabía que conservabas la costumbre de beber tan temprano —aduló Sebastian, su mejor amigo y colega de trabajo.

Sebastian, aquel hombre de la barba arreglada y cabello de príncipe color castaño con algunos reflejos blancos, se sentó a su lado; olvidó por un momento todos sus rituales de limpieza al apoyar sus manos sobre la arena para sentarse.

—Sabes que  sólo lo hago con justas razones. No es que sea un borracho frecuente —se quejó, mientras dejaba reposar su espalda en el suelo—. ¿A caso no te has enterado?

Emitió un corto suspiro.

—Sí, solo quería no recordártelo. Sé que no es fácil para ti lidiar con eso después de lo que sucedió allá.

—Ya no importa —bufó, perdiendo su mirada en las espesas nubes blancas—. A nadie parece importarle. ¿Sabes? Si llego a perder mi alma… no tengas piedad de mí. Mátame.

—Pero, James... —Sebastian se giró a verle.

—Sin “peros”. Me niego a vivir como un inservible ser humano.

Su amigo asintió, sabía lo orgulloso que era cuando una idea se le pasaba por la cabeza.

—Si ya conoces lo “peligrosos” que son los humanos, supongo que llevarás la ventaja esta vez. ¿No crees?

—No es sencillo. Por mucho que proteja a mi tigresa estoy atado de manos por el convenio.

—¿Convenio? Creí que ibas a la tierra para hacerlo —cuestionó, confundido.

—Odín había hecho las paces, hace muchísimos años. Y otros ministros mantuvieron actualizado el convenio para proteger la tierra de lo que somos, de los otros mundos. Por ende… una de las clausulas es que no debemos atacar, bajo ninguna circunstancia.

—¿Ni por defensa propia? —dijo Sebastian en un tono molesto.

—Ni por eso. Pensaban que no existía la posibilidad de que los humanos pudiesen, siquiera, hacernos un rasguño; por ello “bajo defensa” no tiene sentido para ellos —soltó una corta risa—. No conocen a su propia raza y quieren intentar controlarnos.

—¡Que va! —palmeó sus piernas en señal de fastidio—. Y yo creí que el padre de todo tomaba buenas decisiones. Ahora entiendo lo débil que es Harald.

—Su reinado durará poco. ¿Crees que los guerreros que habitan aquí buscan a alguien que solo quiera hacer la paz con otros mundos? —resopló con gracia—. Mierda, no. Vanaheim es la cuna de los guerreros, podríamos independizarnos en un parpadeo si  todos estuviésemos de acuerdo —se encogió de hombros—. Oh, y hablando de Odín. ¿Cuándo regresaras a Asgard?

Sebastian se había quedado pensativo en lo que James le dijo, pues era una verdad no muy lejana a lo que estaba sucediendo actualmente.

Vanaheim y Asgard estaban sumergidos en un fuerte enfrentamiento interno de puros intereses políticos con otros mundos. Odín, desde lo alto y sentado en su cómodo trono de oro, no quería formalizar más alianzas.  Consideraba un insulto a las demás tierras, pues esperaba que sus líderes fueran quienes lo buscaran.

El guerrero, recostado en el suelo, llamó la atención del otro en un chasquido de dedos.

—Extraño mucho a mi familia —suspiró, apartando la mirada hacia el agua cristalina del rio—. Pero… hay muchos conflictos que no debería ni mencionarte.

“El centinela de Odín”, solían llamar así a Sebastian, pues tenía contacto directo con los conflictos del reino. Trabajaba de orador, mensajero, general II de la guardia de arqueros e investigador de los próximos planetas alrededor de Yggdrasil.



Gabrielle Dess

Editado: 18.12.2019

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