El incierto futuro del amor

Tamaño de fuente: - +

C. 2 Yojeong significa ser de bondad

(Voz femenina)

Nunca hubiera imaginado que la magia existiera, es una absurda idea, pero al final no creemos en muchas cosas hasta que somos testigos de ello, esto cambia totalmente nuestra perspectiva.

El cuento de las yojeong no era una simple leyenda, era una historia que reflejaba la verdad de lo que ocurrió con las hadas, respectivamente hablando de las hadas de las flores.

 

(Hace muchos años)

En la época cuando los pueblos empezaban a progresar, ellas llegaron, las yojeong, llenaron los campos de flores mientras permanecían con su cautivadora belleza, su apariencia física impactaba al notar que eran hermosas mujeres que fácilmente se confundían con humanas, lo que las hacía diferente era que ellas controlaban magia, fue increíble poder ver aquellas muestras de alegría y emoción, las personas quedaban impresionas con las yojeong. Eran tímidas, no permitían que se les acercaran, inexplicablemente desaparecían ante la vista de los extraños, inclusive de aquellos que simplemente paseaban por los campos de flores. Todo eso cambió cuando un día decidieron permitir el contacto.

La reina de las hadas conocida como Líder, permitió que se acercara un joven, el primer contacto fue mágico, el miedo se perdió y poco a poco las demás yojeong lo permitieron. El contacto con los humanos era algo nuevo, algo que ni la misma magia podía explicar, fruto de aquellos encuentros entre dos mundos inevitablemente surgieron amores imposibles, amores que no se deberían dar, las hadas viven muchos años, en cambio los humanos son mortales, ellos apenas viven unas cuantas décadas. La reina al notar que aquel joven que conoció se volvió un anciano con el paso de los años, comprendió que estaban haciendo mal, muchas de las hadas sufrirían al perder a quienes amaban, por lo cual tomó una decisión. Prohibió el emparejamiento de las yojeong con los humanos, la pradera de las flores –cómo se le había llamado al lugar- fue cerrado, en sus límites se levantó un gran muro de rocas dejando al lugar como un sitio sagrado, con una sola entrada la cual estaría vigilada por las hadas, se mantuvo totalmente la prohibición del paso de los hombres para evitar el emparejamiento, solo se quedaron aquellos quienes mantenían un amor puro con sus respectivas hadas.

A raíz de la muerte del amor de la reina, ella entristeció y su corazón se volvió duro como la roca, castigaba a todos los hombres quienes sin permiso entraban a la pradera de las flores. Durante años ningún hombre volvió al lugar, cerca de allí había prosperado un pequeño pueblo, eran pocas las mujeres que se acercaban al sitio por el miedo de lo que le ocurría a los hombres. La reina sintió que hizo mal al negarle tanta belleza a la humanidad, preparó un grupo de sus más fieles hadas y juntas salieron en busca de las personas. Para ese entonces el pueblo tenía una mala visión sobre las yojeong, se hablaba mucho de ellas y su maldad, por lo tanto les temían.

La reina logró llegar al pueblo y hablar con las personas, pero muchos expresaban temor, no fue suficiente con acercarse y pedir disculpas, las personas no querían nada de ellas. La reina regresó con su rostro reflejando la gran tristeza que sentía, ordenó dejar la vigilancia de la entrada a la pradera y esperó a que algún día llegara alguien.

La espera fue larga, muchos años después de aquello, un joven llegó a la pradera, atravesó la entrada con mucha seguridad, aquel joven era la viva imagen del amor de la reina, al verlo su corazón volvió a latir, liberándolo de la prisión congelada en la cual permanecía encadenado. Con nerviosismo se acercó al joven, su pesar fue grande y nuevamente sintió su corazón quebrar cuando descubrió que aquel chico necesitaba ayuda para conquistar al amor de su vida, dejó de lado su dolor y comprendió que no podía interferir en asuntos del amor. Al platicar mucho con él, descubrió que pertenecía a la familia del amor de su vida, se trataba de un pariente cercano, esto la motivó más a brindarle toda su ayuda, no solo a él, sino a toda su casta, fue así como a pesar de estar una vez más enamorada decidió ayudar a Jang Dong, el padre de Soo-Yun, por lo tanto la familia Jang fue una de las elegidas para ser florista.

Con el pasar de las semanas, la reina descubrió que Dong era la reencarnación del amor de su vida, pero no hizo nada para conquistarlo, al contrario lo ayudó a conseguir la chica de sus sueños, todo fue posible gracias a un deseo, las habilidades de las Yojeong eran tan grandes que muchas veces se salían de los límites de la imaginación, poco a poco se unieron más familias floristas, las cuales fueron recompensadas con un deseo dentro de las posibilidades de un hada, así cada miembro familiar obtuvo su premio. Con los años, algunas de las familias floristas se mudaron a la ciudad, cambiando totalmente de ambiente, pero conservando sus costumbres y fidelidad a las yojeong. Al ser encargadas una de cada familia, ellas también emigraron, buscando nuevos lugares y viviendo ocultando su secreto, el progreso fue mutuo.



L. Fernández

#8914 en Novela romántica
#4175 en Fantasía
#920 en Magia

En el texto hay: fantasia, romance, hadas

Editado: 02.03.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar