El incierto futuro del amor

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C. 6 Futuro desconocido

  • Hola, tienda Yojeong ¿En qué puedo ayudarle?
  • Madre ¿alguna vez usas el celular?
  • Dong-Sun, hijo mío, me alegra que llames, sabes que no me gusta ese aparato.
  • Está bien Mamá, llamaba para desearte un feliz cumpleaños, te tengo una sorpresa.
  • Gracias hijo, también sabes que no me gusta las sorpresas.
  • Esta te encantará.
  • ¿Qué podrá ser?
  • Muy bien, te arruinaré la sorpresa.
  • Adelante, no me sorprenderá.
  • Estoy aquí, afuera, mira a través del cristal.

Soo-Yun soltó el teléfono, dirigiendo la mirada hacia la entrada de la tienda, pudo observar como un joven bien vestido con traje y lentes oscuros aún mantenía su brazo derecho sosteniendo su celular en el oído, caminó un poco y abrió la puerta, el sonido de la campanilla fue imperceptible para ella.

  • Hijo mío.

Las lágrimas brotaron de inmediato, corrió hacia el joven y lo abrazó, un gran apretón sin disposición a soltarlo nunca.

  • No tan fuerte –casi sin aire- no puedo respirar.
  • Lo siento, lo siento –soltándolo un poco- ¿por qué no me dijiste que venías?
  • Te lo dije, era una sorpresa.
  • Lo admito hijo, me sorprendiste, estoy tan contenta de tenerte aquí, ven vamos a casa –habló a Dong-Sun-
  • ¿Y la tienda? Aún está abierta.
  • No te preocupes, mi ayudante se encargará.

Platicaron por varios minutos, un reencuentro de madre e hijo, dos almas unidas por el amor familiar.

  • Aprendí muchas cosas madre, el lugar es muy completo, me gustaría llevarte para que lo conozcas.
  • Agradezco tu oferta, pero tendré que rechazarla.
  • Tú me enseñaste a ser paciente, así que esperaré y te convenceré de ir conmigo.
  • No lo creo hijo, no será como tú dices.

Dong-Sun sonrió mientras se quitaba los lentes oscuros.

  • Créeme madre, nadie me dice que no.
  • Pues jovencito, existo yo, tu madre. Ahora comerás, preparé tu comida favorita.
  • Gracias mamá, te extrañé demasiado, extrañé este lugar, extrañé el parque.
  • ¿Y extrañaste a…?
  • Nada más –interrumpió- solo eso.
  • ¿Seguro?
  • Si, totalmente seguro.
  • Te tengo una sorpresa hijo.

En ese momento se abrió la puerta a espalda de Dong-Sun, una chica entró pero el joven no volteó.

  • Aquí están las llaves señora Soo-Yun, ya cerré la tienda.
  • Gracias bonita, déjalas allí, te espero mañana.
  • Sí, gracias, nos vemos, pase bonita noche.
  • Igual para ti bonita.
  • ¿Quién era? –preguntó Dong-Sun a su madre-
  • Mi ayudante –respondió con orgullo-
  • Ahora dime mamá ¿Cuál es la sorpresa?

Soo-Yun caminó hacia la cómoda de la pared, sacó un sobre de allí y se lo dio a Dong-Sun.

  • ¿Qué es esto? –preguntó el joven-
  • Te devuelvo el préstamo que me diste, dio frutos de trabajo honrado.
  • No era un préstamo madre, era un regalo.
  • Acéptalo Dong-Sun, hazme sentir bien.
  • Lo siento madre, será mejor que guardes el dinero.
  • Lo guardaré, pero es tuyo, sabes dónde buscarlo.
  •  

La noche mostraba un cielo lleno de estrellas, pequeñas lucecitas que brillaban parpadeantes como si bailaran o al menos trataran de comunicarse, Dong-Sun observaba desde el balcón, empezó a recordar su juventud, miró hacia el fondo de la calle, en el lugar donde se encontraba el parque, tomó su chaqueta y se dirigió allí. Solo eran dos cuadras de distancia, caminó suavemente tratando de distinguir todos los cambios ocurridos en el vecindario, al llegar al lugar, buscó su banca favorita, allí donde miraba el atardecer y las estrellas, notó que en ella se encontraba sentada una chica, estaba sola, Dong-Sun quiso acercarse, pero evitó hacerlo.



L. Fernández

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En el texto hay: fantasia, romance, hadas

Editado: 02.03.2019

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