El incierto futuro del amor

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C. 11 La eterna felicidad

(Presente, Hospital)

  • ¡Abran paso! ¡Apartasen!
  • ¿Cuál es la situación? –preguntó un médico-
  • Paciente recibió varios impactos de bala en el cuerpo.
  • Trasládelo al área de cirugía inmediatamente.

 

La vida de los protagonistas se había vuelto un caos, cada cual sentía el dolor de la tragedia. En la sala de espera se encontraba Soo-Yun, ella lloraba desconsoladamente en los brazos de Bae, aquel hombre trataba de ser fuerte para poder consolarla, pero la idea de que su hijo estaba muriendo lo destrozaba de igual medida que a la mujer.

Hyun-Ae no se apartaba de la puerta, había salido ilesa del tiroteo, Dong-Sun recibió todo el impacto por ella. Desesperada interceptaba a cada médico y enfermera para preguntar sobre Dong-Sun, nadie le daba respuesta.

En otra habitación, se encontraba internado Hee, él había recibido un impacto en el brazo derecho por lo cual estaba fuera de peligro, sin embargo se mantenía preocupado por la salud de su mejor amigo.

Hwa-Young llegó al hospital pero no quería encontrarse con los miembros de la familia y optó por esperar afuera, lloraba constantemente, pensaba en que cada vez que intentaba hacer algo bien, la desgracia siempre estaba presente. Luego de varios minutos de esperar, la yojeong decidió entrar. Vio a Soo-Yun de pie junto a Bae, consolándose el uno al otro. En los asientos estaba Hyun-Ae llorando mientras miraba el suelo, el hada se acercó a ella.

  • Hola Hyun-Ae.

La muchacha levantó la mirada  notando que se trataba de aquella chica con la que se había besado Dong-Sun. Soo-Yun divisó la escena, informando a Bae sobre lo que ocurría, un ataque de ira dominó a Hyun-Ae, quien empujó al hada haciéndola tropezar y caer.

  • No vengas hacia mí, no quiero que te me acerques.

La yojeong la miró asustada, se sorprendió por la reacción de la joven, estando aún en el suelo miró a la pareja y regresó su atención hacia Hyun-Ae.

  • Solo vengo ayudarte –dijo el hada con lágrimas en los ojos-
  • No necesito tu ayuda –contestó furiosa-

Torpemente el hada se puso de pie, decidida, nuevamente se dirigió a Hyun-Ae.

  • ¡Déjame ayudarte! –habló fuerte, las lágrimas continuaban surgiendo-
  • Aléjate de nosotros –reaccionó Hyun-Ae con más fuerza-

Hyun-Ae se acercó a Hwa-Young y propinó una fuerte cachetada, obligándola a retroceder, el hada tocó su mejilla en respuesta al dolor, pero una vez más se dirigió a la muchacha.

  • No lo entiendes, solo déjame ayudarte.
  • Hyun-Ae sintió como el cólera la dominaba, se abalanzó hacia Hwa-Young en un intento por golpearla, pero fue detenida por Bae quien la tomó por la cintura, abrazándola con fuerza, evitando así soltarla. En cambio Soo-Yun se dirigió al hada.
  • Debes irte Hwa-Young, Hyun-Ae está muy alterada.
  • Pero Soo-Yun…
  • No digas nada, solo vete.

La yojeong aun llorando se retiró del lugar, sabía una forma de sanar a Dong-Sun, pero para ello necesitaba la ayuda de la madre de Soo-Yun, su esperanza radicaba en que ella aún no hubiera utilizado el deseo que poseía, sin esperar más, se dirigió al terminal para transportarse donde la anciana.

En la sala de espera tardaron un par de minutos en calmar a Hyun-Ae. Los tres: Soo-Yun, Bae y Hyun-Ae se encontraban sentados angustiados esperando algún tipo de respuesta de algún encargado del cuidado de Dong-Sun, la espera al fin terminó cuando un médico apareció y se dirigió a Soo-Yun.

  • ¿Señora Jang?
  • Sí, soy yo –contestó la mujer-
  • Necesito que sea fuerte.
  • ¿Qué ocurrió doctor? –preguntó esperando lo peor-
  • Su hijo no soportó la intervención, lo lamento.

Un silencio aterrador se sintió en el ambiente, solo escuchaban un molesto silbido interno acompañado de las palabras del médico, el llanto de Soo-Yun era imparable, inconsolable, Bae trataba de calmarla pero hasta él mismo se encontraba destrozado por la noticia. Hyun-Ae se levantó sin llorar, manteniendo en su rostro una expresión vacía, sin creer lo que había escuchado, caminó hacia la puerta y entró al quirófano, lo vio allí acostado con varios cables conectados en su cuerpo, mientras una maquina a un costado mantenía un constante pitido, llego a la cama y tocó su mano, aún la sentía tibia, entonces lloró.



L. Fernández

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En el texto hay: fantasia, romance, hadas

Editado: 02.03.2019

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