El Infiltrado.

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Capítulo 3

Me levanté, me sentía todavía más cansada que cuando desperté, y caminé dirigiéndome al baño, hasta que me di cuenta de que la ventana se encontraba ligeramente abierta. Extrañada, caminé hasta la misma y la cerré para luego retomar mi camino con una sensación molestosa. Algo no iba bien. ¿Yo cerré la ventana, cierto?

Abrí la puerta del baño e ingresé, bastó observar dentro para que las ganas de salir y no volver a entrar me inundaran.

Mi cuerpo entero se tensó y un estremecimiento me recorrió.

Las paredes, el suelo, todo estaba bañado de sangre y eso no era lo peor... lo peor era que el cuerpo que se encontraba tirado en el suelo, sin vida y con sangre salpicada por todo su cuerpo.

Tenía… tenía el rostro prácticamente desfigurado, pero aún con eso podía decir de quien se trataba. Ese era Connor. Connor estaba muerto. Muerto…

Quise llorar, gritar, hablar, pero no lograba hacer ni uno ni lo otro. Quise correr e intentar encontrar alguna forma de traerlo a la vida de nuevo, pero tampoco pude. Me encontraba paralizada, de pie bajo el marco de la puerta intentando hacer algo pero mi cuerpo no respondía, sin embargo, cuando lo hizo fue para tan solo correr escaleras abajo donde resbalé un par de veces con más sangre que se encontraba esparcida, parecía que hubieran arrastrado el cuerpo por los escalones, sin piedad.

Mi corazón latía con tanta fuerza como podía. Estaba temblando entera. ¿Cómo… cómo pudo pasar?

Yo estaba solo allí, dormida, y… y… ¿Cómo pasó? Pude evitarlo, ¿cierto?

Corrí hasta la cocina pero cuando llegue a ésta paré de golpe. Mi mirada recorrió rápidamente toda la habitación, pero aun así mis ojos volvían al mismo punto que intentaba evitar desde que ingresé.

Había otro cuerpo. Este tenía el rostro completamente libre, incluso de sangre. Querían que lo viera, que lo viera tan claro como pudiera.

Y ahí estaba James… mi James de toda la vida, el que me acompañó en tantos momentos difíciles... Mi James… muerto. Tanto como Connor.

¿Por qué?, me pregunté ahogando un sollozo con mis manos. Caminé temblorosa hacia James, quien yacía en el suelo junto a un gran charco de sangre, pero antes de poder dar un solo paso más, el filo de un cuchillo acarició mi cuello y sentí una mano sujetarme con fuerza.

—April... —susurró una ronca, en tonos realmente bajos. Era espeluznante.

El filo se presionó contra mi garganta cortando levemente.

Sentía su respiración serena junto a mi oído. Permanecí quieta, tensa, aunque mi respiración era tan acelerada que mis intentos de parecer tranquila fueron a la basura. Iba a morir y eso estaba claro.

Lenta y dolorosamente el cuchillo comenzó a cortar mi cuello. Cerré los ojos y el dolor seguía ahí hasta que de pronto... desapareció. Tan simple como eso, desapreció.

Abrí los ojos lentamente, observé el techo de mi cuarto y mire a mí alrededor. Mi corazón latía desbocado y sentía miedo. Mucho miedo. Llevé mi mano a mi cuello con rapidez, pero no había heridas allí, ni siquiera un corte minúsculo. Solo fue una pesadilla. Resoplé e intenté calmar mí acelerado corazón a la vez que me secaba el sudor de la frente. Inspeccioné mi habitación queriendo asegurarme de que todo iba bien pero no era así... ¿Qué era esto? ¿Un sueño dentro de otro? La ventana estaba abierta, solo que esta vez el sol comenzaba a asomarse. Me levanté de un salto y miré hacia la ventana de nuevo. ¿Volvería a pasar por lo mismo?

Caminé al baño apresurada, con pasos largos e ingresé, pues necesitaba asegurarme. Dentro todo estaba en orden, eso quería decir que Connor estaba vivo. No tuve la fuerza suficiente como para sonreír, pues el sueño se repetía una y otra vez en mi mente, todavía podía sentir la sangre en mis pies y el filo del cuchillo en la piel de mi cuello…

Volví a la habitación y caminé hasta la puerta y ésta... estaba abierta. Recordaba haberla dejado cerrada y con llave, al igual que mi ventana. Un escalofrío recorrió mi espalda.

Alguien estuvo en casa mientras dormía.

Cogí lo primero que vi, una botella de perfume prácticamente vacía.

¿Una botella de perfume? ¿Qué haría con eso? ¿Podría dejar inconsciente a alguien? Porque eso necesitaba.

Cogí la plancha de cabello también —para más seguridad—y caminé con lentitud revisando cada cuarto.

Bien, April, arriba se encuentra despejado.

Bajé las escaleras sin emitir sonido alguno y caminé hasta la sala. Nada. Revisé los otros cuartos hasta que tocó revisar la cocina. De puntillas caminé hasta allí y entré sujetando fuertemente el perfume.

Un hombre se encontraba parado, dándome la espalda rebuscando en los cajones. ¡Oh Dios!

Me helé en mi sitio, estaba segura de que el hombre buscaba algún cuchillo para rebanarme el cuello pero... ¿lo haría con ese traje a medida?



Verónica Taboada

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En el texto hay: romance, amenazas y mentiras

Editado: 20.04.2018

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