El Infiltrado.

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Capítulo 6

Vi a Connor caminar hacia mí, él me miraba con los ojos brillantes, mientras que muchas mujeres se giraban a verlo.

Pero entonces, dejó de verme y dejó de caminar hacia mí. Inmediatamente dejé de sentirme poderosa. Solté las servilletas con las que jugueteaba.

Una chica de unos veinticinco años más o menos le llamó y él fue junto a ella sin darme una segunda mirada. Hablaron unos segundos, ella lo besó y... ¡ella lo besó! No puede ser... ¡También estaban yéndose juntos! ¿Y qué pasa conmigo, Connor? No te tenía de irrespetuoso. La chica tenía el cabello rubio, iba muy bien vestida, ropa de marca, zapatos de marca, lo que aquí fallaba era su cara demasiado maquillada, ¡y también que besó a Connor antes de irse juntos!

No... Calma, April. Prácticamente había violado con la mirada a un hombre con pareja. Diablos, diablos.

¡Soy una maldita perra! No puede ser…

Simplemente me quedé sentada, allí. Bajé la mirada y cerré los ojos sintiéndome tonta.

Abrí los ojos cuándo sentí una mano acariciarme el hombro. Me voltee y habló:

—¡Hombres! Solo está confundido —prometió.

Observé a la anciana que intentaba reconfortarme. Ella había mal entendido las cosas.

—Él y yo no… —Pero no pude terminar mi frase. Ella alzó la mano deteniéndome y se acercó.

La anciana me abrazó. Eso era raro, realmente era raro, pero no pude negarme. Necesitaba que alguien me diera un abrazo, lo necesitaba, pero no por los motivos que ella creía.

Sentía miradas puestas en mí y cuando abrí los ojos, noté que muchas personas me miraban fijamente.

Le devolví el abrazo y respiré hondo, se sentía como el abrazo de una abuela cariñosa.

—Gracias, realmente necesitaba un abrazo —agradecí con una leve sonrisa.

—No es nada —respondió con un guiño juguetón.

Asentí y giré lista para irme, di un paso pero volví a girar, iba a hablarle a la anciana pero ésta ya no estaba. Miré a todas partes y solo veía a personas observarme como si fuera una loca, a niños corriendo y nada más, ¿dónde fue tan rápido? ¿Y por qué me miraban así?

Extrañada, volví a caminar hasta mi coche, entré y me apoyé mi cabeza en el asiento. Cerré los ojos por unos momentos y cuando los abrí, Connor corría por el estacionamiento hacia mí.

Rápidamente encendí el motor y arranqué, mientras lo observaba a través del espejo, parado en medio del estacionamiento viéndome marchar.

Si algo estaba claro era que no volvería a ver ni su espalda ni su mandíbula de la misma forma, no ahora que ya sabía que el chico no estaba soltero.

Encendí la radio y subí el volumen, saldría a bailar con James esa noche, estaba decidido. En cuanto paré en un semáforo rojo, le envié un mensaje preguntándole si podría.

Subí aún más el volumen cantando y bailando al ritmo de la música en el reducido espacio.

Cuando llegué a casa llamé a Emma para asegurarme de que se encontrara bien, y efectivamente se encontraba bien.

Fui a la cocina y me serví jugo, me llegó un mensaje en el móvil mientras bebía. Dejé el vaso vacío, después lo lavaría. Agarré el móvil y leí, James aceptaba ir conmigo a bailar, ¡sí!

Subí las escaleras y me adentre al baño. Me duche y lavé mi cabellera rojiza. Cepille mis dientes, utilicé el WC y salí con una toalla envuelta en mi cuerpo y otra en mi cabello.

Busqué en mi armario y encontré un precioso vestido negro, ajustado y corto, no mucho, lo suficiente para verse provocativa pero no vulgar.

Sequé mi cabello con el secador y lo dejé caer libremente.

Me maquille levemente. Conecté mi Ipod y escogí una música aleatoria. No quería pensar y cantaría para no hacerlo. Subí el volumen como en el coche y canté con el secador como micrófono. Me puse mis zapatos de tacón Daffodile de Louboutin y seguí cantando y moviéndome hasta que el cable del secador (que seguía enchufado), no llegaba hasta donde me encontraba. Desenchufe el secador y lo guardé.

Baje el volumen y escuché el tono de llamadas de mi móvil llegar desde abajo, donde lo había dejado.



Verónica Taboada

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En el texto hay: romance, amenazas y mentiras

Editado: 20.04.2018

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