El Infiltrado.

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Capítulo 9

Personas se reunieron a mí alrededor y empecé a sentirme mareada. El dolor de cabeza que sentía iba en aumento con cada latido acelerado de mi corazón. Se volvía insoportable.

Busqué el coche contrario con la vista... estaba segura de que quien fuera el conductor, él deseaba estrellarse contra mí por sobre todo.

Sentí la rabia recorrer mis venas, mi oído pitaba a causa del golpe y mi nariz sangraba a más no poder. La toqué y me sentí agradecida al no tenerla rota. Salí del coche hecha furia, me tambaleé a causa del mareo —que iba en aumento con cada paso—, pero seguí, mientras buscaba el coche del que tal vez era un sicario de Anónimo.

Y entonces... lo vi. El auto se había estrellado contra el edifico que yo había esquivado antes de que él llegara a intentar asesinarme. Caminé todavía más rápido, tambaleándome. Un hombre se acercó a intentar ayudarme pero le dediqué un asentimiento rápido. Iba a saber quién era el maldito o la maldita, ahora. No después, ahora.

Cuando llegué hasta el coche, que también estaba siendo rodeado por personas, había sangre salpicada y pedazos de vidrios rotos. El coche estaba destruido. Tiré de la puerta pero no cedía, lo intenté un par de veces más, con mayor fuerza y logré abrirla entre tambaleos. Asomé mi cabeza dentro del coche con cuidado, con temor. Sabía que lo que vería no sería agradable, por las vistas y por lo que representaba, pero lo necesitaba.

Cuando logré enfocar a la persona tras el volante, me horroricé. Era nada más y nada menos que…

…que Josh.

*

La hemorragia nasal había parado. Caminé saliendo del hospital, llevaba pastillas conmigo, pero me encontraba bien, no había lesiones alarmantes, o al menos eso había dicho el doctor, pero no podía decir lo mismo de Josh...

Josh... había intentado asesinarme, y ahora él ya no estaba. Josh había muerto.

Los doctores habían encontrado una carta en los bolsillos de sus pantalones. Una carta. Para mí.

Observé el objeto entre mis manos antes de doblarlo y guardarlo en mi bolso, busqué mi móvil y llamé a James para que pasara a buscarme pero no respondía, ¡oh vamos, James! Busqué entre mis contactos y llamé a Ethan, me atendió rápidamente y sin rechistar aceptó pasar a buscarme.

Me senté en una banca a esperarlo mientras sentía el peso de la carta en mi bolsillo recordándome que allí estaba y que debía leerla. Pero no podía, por lo menos no hoy. No ahora.

Pensé en visitar a Emma y contarle lo sucedido, pero tal vez necesitaba descansar. Aún recordaba cuando me echó de su casa, me había dejado con la intriga.

Sus palabras, no las entendía.

Un sonido me sacó de mis pensamientos: el sonido de mi celular.

Lo saqué del bolsillo y vi que James me estaba llamando, bufé antes de atender.

—Hola, ¿April? —preguntó —. ¿Qué sucedió, por qué llamaste?

—Hola, ah sí nada importante, solo llamaba para decir que me rompí una uña —dije, sarcásticamente, pero me arrepentí inmediatamente. Él no tenía la culpa de lo que estaba pasándome y no podía tratarlo así por no poder responder su móvil cada vez que lo necesitaba, él tenía una vida también —. Tuve un accidente automovilístico, pero no te preocupes, ya todo está bien, Ethan ya está en camino y mi abogado ya está tratando los temas legales.

—¿Eh? ¿Te hiciste daño?

—No, estoy perfectamente —comenté con un sabor amargo en la boca al recordar a Josh.

—Yo... está bien —oí como suspiraba —. Lo siento, tengo que colgar. Te… —hace una pausa—. Te cuidas, eh, nos vemos mañana. Adiós.

Y cortó la llamada. Inevitablemente recordé la interrogación en la sala de la empresa y asocié su actitud como una bastante anormal en él. Él estaba raro.

Ethan llegó y estacionó su coche frente a mí antes de bajar del auto y se sentarse a mi lado en la banca, espantando a las palomas que merodeaban por ahí.

—¿Estás bien? —me preguntó, mirándome de pies a cabeza.

—Físicamente sí —respondí con la mirada perdida en el suelo, recordando la imagen de Josh con la cabeza y la cara ensangrentada sobre el volante—, pero mentalmente estoy... ¡jodidamente jodida!

—¿Ahora dices tacos? —preguntó y me sonrió burlonamente.

—Pensé que así quedaría más dramático —expliqué mirándole esa vez.

Oh Ethan... logras que olvide cualquier problema.

Soltó una carcajada y preguntó poniéndose serio:

—¿Cómo pasó?

—Él lo hizo intencionalmente, quería chocarme y herirme. Pero terminó siendo él el que… el que se hirió.

—¿Quién? ¿A quién te refieres con "él"?



Verónica Taboada

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En el texto hay: romance, amenazas y mentiras

Editado: 20.04.2018

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