El Infiltrado.

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Capítulo 11

Número desconocido.

Compartí una mirada rápida con Ethan y volví a fijarme en el aparato que vibraba y emitía el tono de llamada en mi mano.

Volví a mirar a Ethan quien me rodeó con sus brazos fuertemente dándome ánimos, le dediqué un intento de sonrisa.

Descolgué y llevé mi móvil a mi oreja sintiendo mis dedos temblar levemente.

—¿Hola?

Podía oír una respiración agitada del otro lado de la línea, mientras yo esperaba una respuesta que no llegaba.

—¿Hola...? ―insistir con voz temblorosa.

―Señorita April, lo siento, no me había percatado de que ya había respondido. James quería saber cómo te encuentras, está preocupado porque no habías ido a trabajar, surgieron unos cambios por aquí y...

—¿Cambios?, ¿qué cambios? ―pregunté inmediatamente, un poco más relajada gracias a la voz de Connor.

―Bueno... hoy he llegado tarde al trabajo, acabo de enterarme también y James desea que estés aquí, para hablar del cambio...

Asentí y luego susurré un “voy para allá”.

Me despedí de Ethan y le prometí que lo llamaría para preguntarle cómo se sentía y que si requería de algo, me avisara. Estaba casi segura de que me había contagiado entre sus estornudos y tos pero valía la pena. Observé la calle desierta y me puse en alerta. Subí a mi coche y empecé a conducir hasta el trabajo, de vez en cuándo mirando el espejo retrovisor por cualquier cosa. Estaba oficialmente traumada.

Bajé en el estacionamiento y caminé hasta las puertas del ascensor. Piso 29.

Pensé en llamar a James para avisarle que había llegado pero me surgió una duda... ¿de qué número telefónico me había llamado Connor si yo tenía su número y el de James agendados? Quizá tenía otro móvil...

Las puertas del ascensor se abrieron y caminé hasta las puertas de mi oficina pero algo no andaba bien, ¿dónde estaba Amy y por qué Connor estaba en su puesto?

Suspiré con cansancio y caminé hasta Connor.

―Disculpa, ¿por qué estás aquí y no en tu puesto, y dónde está Amy?

El me miró pero mantuvo su rostro inexpresivo. Eso solo logró enfadarme.

―Estoy en mi puesto, señorita Brooks.

Susurró y sentí que moría. ¿Ese era el cambio?

―Yo no acepté este ni ningún cambio ―dije seca.

―Avisaré a James de su llegada —fue lo que respondió a cambio.

Asentí, arreglaría con James este mal entendido, después de todo yo era la jefa, podía arreglar la situación.

Ingresé a mi oficina y me senté en la silla posando mi bolso en el escritorio hasta que se me ocurrió algo... ¿y si los enmascarados con máscaras absurdas quitaron algo de mi bolso? ¿Y si revisaron mi móvil?

Volví a coger el bolso, todo estaba intacto, los papeles del trabajo seguían allí, y eso era lo que más me importaba por el momento.

Cogí mi móvil, todo parecía normal, igual. Solté el aire que contenía inconscientemente. Al menos eso estaba a salvo, contrario a mí, que había estado a nada de morir.

Aun así, había algo... una duda que no podía quitarme de la cabeza, ¿si me hubiesen capturado, qué habrían hecho conmigo? ¿Me habrían torturado, matado, interrogado? Y, si me hubiesen interrogado, ¿con qué propósito lo hubieran hecho? Los hilos en mi cabeza no llegaban a unirse, no podía comprender el motivo principal del ataque o de las amenazas. Simplemente no podía. Si tan solo querían mi fortuna, ¿no sería más fácil y oportuno matarme en mi casa y robar a la empresa?

Respiré profundamente masajeando mi frente con mi mano derecha y cerré los ojos sintiéndome mareada con tantas dudas. Mientras esperaba a James recibí una llamada de mi padre, me había dicho que no estaría en casa por una semana pero no mencionó a donde iría durante ese tiempo. Eso solo logró encender mi curiosidad.

Iría a casa de papá a terminar lo que había empezado, pues papá ya debería de estar dentro de algún avión con destino desconocido (para mi), ¡y ni siquiera se había despedido personalmente!

James ingresó a mi oficina hecho una furia y no entendía porque.

—¡Connor no puede ser tu secretario! No puede ni debe...

―James...

—¿Acaso Garrett no entiende? ¡A Jane tampoco le gusta la idea, al igual que a mí!

―James...

Digo acercándome a él empezando a enfadarme, ¡no me dejaba hablar!

―Estoy seguro de que tampoco te gusta la idea de tenerlo como secretario y...

Antes de que pudiera continuar, llevé una mano a sus labios y los cellé con mi palma.

Me retiré cuando noté que ya no hablaría y me recosté sobre el escritorio observando mis uñas fingiendo tranquilidad.

—¿April? ―susurra James y yo solo no puedo mirarlo.



Verónica Taboada

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En el texto hay: romance, amenazas y mentiras

Editado: 20.04.2018

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