El Infiltrado.

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Capítulo 20

Caminé por entre las oficinas de la empresa apresurada. Ayer había esperado horas en la fría noche, bajo la zona más oscura a cuadras de mi casa. Mi temor por volver y encontrarlos allí, esperándome, había estado atormentándome. Cuando por fin decidí ir a casa, no había nadie dentro, pero eso no evitó que la poca comodidad que sentía ya de por sí, se fuera.

El repiqueteo constante de las agujas de mi zapato de tacón contra el suelo encerado se oía constantemente, quería poder distraerme con el sonido, pero simplemente no podía salir de mis pensamientos.

Las dudas todavía estaban carcomiéndome, y el sueño también. No había podido dormir luego de semejante momento junto a hombres que muy posiblemente deseaban matarme. Entonces... ¿ellos venían de parte de Anónimo? Era lo más lógico, por el momento.

De pronto, una mano sujetó mi muñeca y me hizo girar, deteniendo mi andar apresurado.

―Te extrañé. —Fue el saludo de James, mientras al mismo tiempo me abrazaba con calidez. Fue raro tenerlo abrazándome, pues en las últimas semanas parecía distante, distraído y perdido en sus pensamientos. Solo se acercaba si era demasiado necesario y Amy no podía encargarse de la situación por él.

Le devolví el abrazo. Extrañé tanto a mi amigo. Sus brazos me apretujaron contra él con suavidad y definitivamente me sentí malditamente protegida. Definitivamente extrañé a mi amigo.

Quise tirar de él hasta mi oficina e interrogarlo hasta saber el porqué de su forma de actuar en las semanas anteriores, pero sabía que era mejor darle su espacio.

Oí a alguien aclararse la garganta a mis espaldas. Me giré sin deshacer el abrazo del todo y le miré con atención, saludándole con un asentimiento.

―Buenos días, señorita Brooks, James —saludó respetuosamente antes de volver su atención a mí—. Tiene gente esperándola en su despacho, jefa ―comunicó neutral.

Asentí sintiendo la mirada de James fija en mí. Mis mejillas se tiñeron de un rojo suave, pero visible.

―El deber me llama, hablamos luego, James. —Me despedí con una sonrisa ladeada a la izquierda.

Caminé junto a Connor y entré a mi despacho.

―Señorita Brooks... ―saludó Garrett elegantemente, con Jane a su lado, quien le dio una mirada larga a Connor.

Sí, admito que no pude evitar sentir algo que ardía dentro de mí. Definitivamente no me gustaban las miradas que Connor compartía con Jane.

Tomé una larga respiración intentado relajarme, tenía miedo de las emociones que verlo con otra me hacía sentir. Estar tan cerca del coqueteo que compartían estaba haciendo explotar algo dentro de mí.

Y yo no podía permitirme sentir algo así. No por él. No ahora.

―Buenos días Garrett, Jane. —Devolví tras otra larga respiración que disimulé correctamente. O eso creí.

Garrett me observaba atentamente, su mirada delataba que había pillado lo que pasaba en mi interior, seguro que mis mejillas encendidas del coraje también.

―April... ¿te sientes bien? ―dudó él, mirándome con atención.

Asentí formulando una sonrisa profesional y caminé a mi asiento lentamente, centrando mí vista en el cuadro de la pared para no desviar la mirada a Connor y Jane pero terminé tropezando con torpeza. Garrett inmediatamente me sujetó con fuerza, evitando mi caída.

―Estás un poco distraída, ¿no crees? —Se mofó riendo tranquilamente e inevitablemente me contagié y terminé riendo con él.

―Creo que así es... ―Asentí y me paré correctamente, sus manos soltaron mi cintura cuando comprendió el mensaje―. Y bien... ¿saben algo? ―inquirí en un susurro bajo, para que solo él lograra oírme.

―La mafia está siguiéndote. Iván Miller está a cargo, junto a su hermana, Amber Miller desde que sus padres murieron. Ellos son Anónimo —explicó susurrando con el fin de que solo escuchara yo. Al escucharlo mis piernas tiemblan y termino sujetándome de su hombro, usándolo como soporte para no caer irremediablemente.

La mafia… En mi vida habría pensado que tendría algo que ver con la mafia, y mucho menos que querrían tanto arruinarme hasta que llorara por clemencia.

¿Entonces Sellers era también un mafioso? Bueno, era de esperarse, ¿o no?

Mi corazón palpitó tan rápido que creía que saldría y mi rostro perdió el color. ¿Todos ellos, los de mi casa… y Sellers eran aún más peligrosos de lo que creía? Temblé al recordar la escena terrorífica en el pasillo de mi casa, temblé a recordar que Sellers, un mafioso, me había tenido entre sus brazos y que, independientemente de que haya respondido o no, me había besado.

¡La mafia quería eliminarme!

Levanté la mirada del hombro de Garrett al sentir una mano en mi cintura.

―¿Estás bien, April? ―preguntó Connor. Sus ojitos bonitos y brillantes me miraban preocupados. Su mano libre acarició mi mejilla suavemente—. Estás muy pálida.



Verónica Taboada

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En el texto hay: romance, amenazas y mentiras

Editado: 20.04.2018

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