El Infiltrado.

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 21

Retrocedo un par de pasos, mientras sus ojos parecen brillar a pesar de la poca iluminación.

—¿James? —pregunté entrecortadamente y con el corazón latiéndome a mil.

Él, al oírme, instintivamente miró hacia una de las ventanas, dando un paso atrás. Llevó un dedo a donde se suponía que estaban sus labios pidiéndome silencio.

Cuando sus ojos vuelven a clavarse en los míos no hay ni un solo rastro de emoción. Da un paso hacia mí pero le detengo levantando la palma.

—¿Eres James? —insistí. Su mirada se dirigió a mi mano alzada y temblorosa. Oh Dios, viéndolo así, sus gestos parecían tanto a los de James, su forma de observar parecía la de él, quizá incluso su forma de andar. Cerré los ojos con fuerza.

Su mirada impasible se entrecerró, viéndome directamente a los ojos. Me sentí pequeña, como una hormiga ante él.

—Eso no te importa —dijo con brusquedad.

Asentí de manera casi imperceptible y me volteé para subir las escaleras.

—¿Qué haces? —preguntó Sellers, James o quién demonios fuera cuando ya me encontraba subiendo los peldaños.

—Si no vas a matarme y no vas a decirme quien eres tampoco no tengo nada más que hacer aquí —pronuncié sin emoción.

Una vez arriba, me apresuré a llegar a mi habitación donde me encerré antes de lanzarme a la cama.

¿Cuánto tiempo se quedará? ¿Fue buena idea dejarlo solo en mi casa? ¿Debería salir y pedirle que se largue?

Oí pasos en el pasillo y supuse que se estaba marchando, pero sus pensándolo mejor, sus pasos no se oían lejanos, de hecho, era como si caminara de un lado a otro.

Mis cejas se fruncieron y observé la puerta con fijeza. ¿Debería de esperar a que se vaya o salir a echarlo?

Me levanto con lentitud. Mis piernas dan pasos temblorosos hasta llegar a la puerta.

Cierro los ojos con fuerza y respiro hondo. Una sensación de indecisión pura me recorre entera.

Tengo tanto miedo de que realmente sea James, pero era todo en lo que podía pensar. Su voz… por un momento me recordó tanto a la de él, odiaba no poder dejar de indagar en ese tema. No quería que fuera James, no él…

Acerqué mi mano al pomo de la puerta y antes de destrabarla siquiera oí un grito feroz que me paralizó.

—¡Vete! —grité asustada.

Mordí mi labio inferior y destrabé la puerta. En el momento justo en el que iba a abrirla, Sellers lo hizo por mí, provocando que la puerta se estrelle contra mi rostro, haciéndome retroceder un par de pasos antes de caer al piso.

Solté un quejido y llevé mi mano derecha a mi nariz.

—¡Maldita sea! Demonios —brama Sellers furioso, agachándose a analizar mi rostro a pesar de la oscuridad que nos rodea a ambos.

—Eres un... ¡un maldito mafioso! —grité con rabia mirándole directo a los ojos con furia. Golpeé su mano y le empujé lejos de mi.

Me levanto con rapidez y él hace lo mismo.

—Sal de mi casa. Ahora.

Intentó dar un paso hacia mí.

—¡He dicho que salgas! Lárgate —vociferé.

—No voy a largarme hasta que me escuches. Te están siguiendo —murmuró, cruzándose de brazos.

—Pues mira que no lo sabía, porque no lo sabía —me burlé con sorna.

—No es solo eso, ellos te quieren por tu padre —comentó nuevamente, sus ojos me observaban penetrantes.

—¿Mi... mi padre? —dudé, quizás cayendo en su juego, entrecerrando los ojos. Él asintió—. No puedo confiar en alguien como tú, un mafioso, ¡un mentiroso! Mi padre no tiene nada que ver, él es...

—Estás diciendo estupideces —susurró interrumpiéndome y su voz ronca, cargada de una amenaza que desconocía, provocó que me estremezca, mientras él daba pasos acercándose a mí—, no soy un mentiroso. Tu padre tiene mucho que ver, de hecho, si no fuera por él, tú no estarías en esta situación. Eres tan ingenua, y si alguien es mentiroso, ese es tu padre —bajó aún más la voz, dándole un aura tenebroso bajo los pocos rayos de luz que daban los focos de luz del exterior a través de los pequeños huecos que dejaba pasar la cortina de la ventana.

Retrocedí por inercia, metida en una verdadera encrucijada, indecisa.

Una parte de mi le creía, pero la otra se negaba a hacerlo. ¡Ni siquiera sabía quién era!

—¡No mientas, no mientas! —susurré, dando más pasos hacia atrás. Tenía tanto miedo de que sea cierto —. No puede ser... mi papá no puede tener nada que ver... el siempre... —mi voz se perdió de a poco. Dudas y más dudas me ahogan y el nudo en mi garganta no ayuda.

No le creas, no lo creas

Asentí a mis gritos mentales pero antes de que pudiera evitarlo, sus brazos me rodean con firmeza para darme un consuelo que añoraba, luego de destrozarme con sus palabras.



Verónica Taboada

#3777 en Thriller
#2154 en Misterio
#1664 en Suspenso

En el texto hay: romance, amenazas y mentiras

Editado: 20.04.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar