El Infiltrado.

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Capítulo 36

Un hombre uniformado se hallaba bajo el umbral de la puerta, y con un arma apuntaba a Iván, o eso esperaba.

Observé lo tenso que Iván estaba, y casi podía oír los murmullos de sus pensamientos maquinando planes de huida... o quizá eran los míos.

Cuando me sentí libre de las manos de Iván, inmediatamente llevé las mías a mi cuerpo para cubrirme.

Iván de a poco fue parándose, mirando fijamente al hombre, que por cierto, era del FBI o al menos eso dejaba a la vista su chaleco.

De pronto, empecé a oír disparos fuera del cuarto. Solo bastó ese hecho para volverme gelatina. Mi papá... Connor.

Mi corazón latía desbocado.

Me levanté del suelo con lentitud, sintiendo como mis piernas apenas respondían. Moví mis muñecas de a poco, intentando minimizar el dolor que me causaban.

Apenas levanté la vista, con precaución, sentí como jalaban de mí, no, más bien sentí como Iván jalaba de mi para posicionarme frente a él. Intenté soltarme de su agarre con desesperación, pero no funcionó en lo absoluto. Apretó con más fuerza mi mano.

Sin dejar de sostenerme con una mano frente a él —para impedir que el hombre a unos pasos de mi le disparara—, vi con temor como sacaba una pistola y la sostenía correctamente, con firmeza, apuntándome en la cabeza.

Retuve el aire al sentir el cañón de la pistola contra mi piel, y cerré los ojos con fuerza.

—Déjeme salir y ella no saldrá herida, de lo contrario, me veré obligado a matarla y luego a usted. —Sonó realmente confiado, y eso solo logró espantarme aún más. Su ronca voz y sus palabras cínicas provocaron que el ceño del uniformado se frunciera, justo antes de que levantara una ceja.

—Nadie tiene porque morir, ¿no cree? Suéltela y quizá podamos llegar a un acuerdo —respondió el hombre con voz serena, llena de una tranquilidad que yo necesitaba en ese instante.

—No sé porque no le creo en lo absoluto. Aléjese de la puerta y déjeme salir —ordenó Iván.

El hombre alzó la barbilla con seguridad y dio un paso al frente, aún con la pistola en alto, apuntando en nuestra dirección.

Antes de que él pudiera contestar, sus ojos se tornaron vacíos.

Mis ojos se abrieron desmesuradamente cuando, de un momento a otro, su cuerpo se desplomó en el suelo sin fuerzas... sin vida. Cuando cayó, dejó a la vista a otro hombre —mafioso, suponía— que observaba el cuerpo en el suelo con burla y suficiencia. Vi con horror como la sangre caía del cuello del hombre FBI y mojaba el suelo, creando un charco pequeño. Aun con los ojos muy abiertos, y a pesar de que sabía que era horrible presenciar algo así, y que con verlo yacer en el suelo tan solo conseguía torturarme, no logré apartar la vista ni un segundo. ¿Habrá dejado a un hijo sin padre, o a una mujer sin esposo?

Antes de que pudiera evitarlo, volví a llorar como una idiota, volví a llorar sin poder evitarlo porque alguien debía llorar por él, y por su ida a otro mundo, o quizá... a un infinito y más allá.

No pude evitar preguntarme si alguien lloraría por mí cuando me fuese. Cuando me obligasen a largarme.

Mientras estaba metida en mis pensamientos, sintiéndome ahogada entre mis lágrimas, Iván me empujaba por un pasillo sin luz, con el constante sonido de disparos acompañando nuestra huida.

Las lágrimas seguían cayendo y cayendo, no lograba entender cómo era posible, por momentos me sentía tan seca, tan... sin vida, pero aún podía llorar, por lo tanto estaba tan viva como seca, no pude comprender como era posible que las pequeñas gotitas saladas siguieran brotando de mis ojos, porque con facilidad podría haber estado deshidratada ya.

Sentí como de pronto Iván se detenía abruptamente, por lo tanto, yo también.

Su mano empezó a apretar el agarre en mi muñeca, y si antes me dolía, en ese momento estaba matándome.

Solté un quejido bajo y la palma de la mano de Iván se estrelló contra mi mejilla con fuerza.

Contuve el aliento por un momento e intente no chillar adolorida. Mi mejilla había sufrido mucho últimamente.

Vi como una silueta se detenía al final del pasillo, y supe que esa persona fue la que provocó que nos detuviéramos.

La figura masculina se acercó a pasos pausados y eso alertó aún más a los dos mafiosos que estaban a mi lado.

—Detenga sus pasos porque no dudaré en volarle la cabeza —vociferó Iván.

—No creo que le convenga —murmuró Connor en respuesta y continúo caminando hacia nosotros.

—No confío en ti, Sellers.

Oír que le llamaba Sellers a Connor fue como una cachetada más, porque, a pesar de saberlo desde antes, quería pensar que no era así.

—Pues deberá de hacerlo si quiere salir con vida de este lugar y... con ella. —Bajé la mirada con rabia al oírlo hablar. Podía amarlo, pero estaba segura de no tener enfrente al mismo Connor del que estaba perdidamente enamorada.



Verónica Taboada

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En el texto hay: romance, amenazas y mentiras

Editado: 20.04.2018

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