El Infiltrado.

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Capítulo 37

—Dije que iba a cuidarte con mi vida, ¿o no?

Abrí la boca sorprendida y corrí a abrazarlo con fuerza. Sus brazos rodearon mi cuero. Mordí mi labio para no chillar de dolor al mover mi brazo herido para corresponder su abrazo.

—Gracias, gracias, gracias —susurraba, sintiéndome aliviada de tenerlo conmigo, como un ángel protector.

Garrett se apartó un poco y me examinó con la mirada lo poco que podía causa de la escasa luz.

—¿Estás bien?

—Sí, vamos, busquemos a papá y salgamos de aquí, por favor —pedí en un ruego.

Asintió.

—Mis compañeros están buscándolo, nosotros tenemos que salir de aquí. Avisaré a Elliot que estás conmigo, que te encontré primero —entró al cuarto cerrando la puerta con suavidad y caminó a una esquina, hablando bajito a un aparato.

Cuando Garrett se acercó nuevamente, esperando a que dijera algo.

—Quiero buscar a papá, Garrett, por favor, no voy a salir de aquí si no es con él a mi lado —ruego con la voz rota, y antes de que pueda negarse, vuelvo a rogar —. Por favor... no quiero perder a papá, no quiero...

—No podemos arriesgarte así, April y sé que tu papá desea que salgas de aquí lo antes posible y...

—Por favor... si no me acompañas, lo haré sola, ¡lo juro! Tu no lo entiendes... es mi papá. —Un susurro roto salió de entre mis labios, y solo pude recordar la imagen de papá sin vida... con sus ojitos abiertos, carentes de sentimientos... su cuerpo volviéndose frío...

—Te acompaño —aceptó Garrett a regañadientes interrumpiendo mis pensamientos, y no pude estar más agradecida por ambas cosas.

Abrió la puerta, tomó mi mano y me condujo por un camino oscuro, hasta que, de a poco, pude vislumbrar luz, justo al final del pasillo, donde el sonido de disparos se acrecentaba. Mi corazón empezó a latir con desenfreno.

Un hombre ingresó al pasillo, herido, chorreando sangre y Garrett al verlo no dudó en levantar el arma que no sabía que tenía para apuntarlo y luego disparar.

Mis ojos se mantuvieron fijos en el cuerpo que se desplomó sin vida al suelo hasta que Garrett dejó una suave caricia en mis nudillos y me obligó a avanzar todavía más, pero entonces sentí un tirón en mi brazo y caí sobre el pecho de otra persona.

Abrí los ojos desmesuradamente y Garrett se giró rápidamente sin entender nada, con el arma arriba, pero cuando vio al hombre que me sujetaba, la bajó y frunció el ceño.

—¿Qué demonios haces? —preguntó.

El hombre que me sujetaba le ignoró y me cargó sobre sus hombros para luego echar a correr en la dirección contraria a la que íbamos, y todo sin permitirme ver su rostro.

Oí a Garrett correr detrás de nosotros, gritando al hombre que se detuviera al igual que yo, pero entonces, alcancé a ver como un tipo enorme salía de un cuarto, ensangrentado, y sin dudarlo, disparó hacia Garrett.

Ahogué un grito de horror golpeando la espalda del hombre y gritando el nombre de Garrett sin control.

Ingresamos a un cuarto y me bajó, dejándome dentro para luego salir con rapidez.

En el momento exacto en el que desapareció por la puerta, otro disparo se oyó, y supe que no sobrevivió.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo, no lograba entender nada.

Me senté en el suelo, meciéndome, pensando en todo lo que Garrett hizo por mí, y en lo mucho que quería golpear al hombre que me había cargado... pero me arrepentí al pensar que quizá, era otra vida que se perdió en el infinito y más allá

Pero entonces... la puerta volvió a abrirse.

Connor.

Connor ayudando a Garrett.

—¿Por qué demonios la cogiste, imbécil? Si no lo hubieras hecho, esto no habría sucedido.

—Si la hubieras llevado a la salida, no habría tenido que cogerla —respondió Connor como si nada. Lo miré sorprendida.

¿Connor era el hombre que me cargó?

Me levanté bruscamente, interrumpiéndolos, y me acerqué a Garrett viendo su cuerpo, buscando la herida.

—¿Dónde fue? ¿Estás bien? Yo... es mi culpa, no quería que esto sucediera —susurré, encontrando la herida en su pierna derecha. Oh demonios...

Me arrodillé y revisé su pierna, sintiéndome impotente.

—Este es mi trabajo, April, no te preocupes por mí.

Levanté la mirada, y sé que ya me lo ha dicho antes.

Su mirada conectó con la mía y él me dedicó una sonrisa leve.

—Te amo, April.

Y automáticamente, me volteé hacia Connor, quién me observaba con fijeza, sus ojos brillan como nunca y los muchos sentimientos que expresaba mientras me miraba, provocó que deseara no dejar de verlo jamás. Perderme en sus ojos profundos, llenos de secretos, era mágico, porque desde el reflejo de ellos, podía verme de otra forma, podía verme acompañada de su amor, y observarme dándole el mío.



Verónica Taboada

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En el texto hay: romance, amenazas y mentiras

Editado: 20.04.2018

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