El invierno del Ángel [libro 2]

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Capitulo 25: una noche con Sarah.

Anthony apuró el paso con tanta velocidad que llegó al edificio con el corazón acelerado, subió en el ascensor y al llegar frente a la puerta tocó inquieto.

La puerta se abrió enseguida.

—Vine tan pronto pude... yo... ¿Sarah?

—Hola, Olivia salió al momento de llamarte, la pobre está muy alterada, gracias por venir.

—No hay de que —respondió al tiempo que cerraba la puerta tras él—. Ven, déjame ayudarte —dijo tomando a Sarah por el brazo con delicadeza y la condujo al sofá, había abierto la puerta con tal rapidez que dio la impresión de que había estado pegada a ella desde que Olivia se marchó.

—Gracias —dijo ella al sentarse.

Anthony suspiró, se quitó el gorro, los guantes y el abrigo, los colocó en el armario que estaba junto a la puerta y se sentó al lado de ella. Recostó su espalda del suave respaldar y se concentró en regular su respiración.

—¿Estabas en el trabajo? —preguntó Sarah unos segundos después.

—No, ya había salido —contestó, y sin saber porque omitió decir que planeaba visitarla.

—¿Tenías algo que hacer? No sé cuándo volverá Olivia, me da pena molestarte, yo puedo irme a dormir y...

—¿Ya cenaste?

—No.

—¿Te vas a acostar a dormir sin cenar?

—No quiero causar molestias.

—¿Es una broma, cierto?, tu no me molestas. Me quedaré toda la noche si es necesario —dijo con determinación.

Anthony vio como Sarah sonreía complacida.

—Eres tan bueno conmigo, gracias.

—Deja de agradecerme, veamos... —dijo Anthony con la voz un poco acelerada—, pediré algo de comida, pero le escribiré a Olivia primero para avisarle que estoy aquí y que no debe preocuparse.

—Lo siento, pero no puedo dejar de darte las gracias —dijo ella con voz emotiva y como, casi siempre, mirando hacia una dirección diferente—. Debo hacer algo para pagarte por lo que haces.

—Sarah, me dijiste que éramos amigos, ¿cierto?

—Así es.

—Bueno, los amigos hacen favores gratis, no espero nada de ti.

—¿De dónde saliste? —murmuró.

Anthony sonrió con tristeza, ella desconocía cuál había sido su primer encuentro y él no deseaba recordarlo.

Estuvieron charlando sobre la noticia del incendio durante el rato que estuvieron comiendo, aunque tenían hambre, tardaron bastante en acabar sus platos, Sarah se mostraba muy preocupada y Anthony se sorprendió al darse cuenta de que compartía las mismas emociones que la mujer frente a él, pero no era para menos, ya sentía también que Olivia era su amiga y le dolía la situación por la que estaba pasando.

Luego de terminar de cenar, Anthony se encargó de recoger la cocina y dejar todo muy limpio. Sarah estaba sentada en el sofá y sostenía el teléfono entre sus manos, parecía tener esperanzas de que Olivia llamara, pero no lo hizo.

—Debe estar perturbada. Un incendio. Qué situación tan aterradora  —decía Sarah de vez en cuando.

—Seguramente en la mañana sabremos de ella, no te angusties mucho —dijo Anthony para la quinta vez que Sarah se lamentó en voz alta.

—Sí, tienes razón, ¿qué hora es ya?

—Son casi las once —respondió luego de mirar el reloj de pared.

—¡¿Cómo que las once?!, no puede ser —dijo al tiempo que negaba con la cabeza—. Deberías de irte a dormir, o bueno, ambos, yo... no, no podré dormir, estoy demasiado ansiosa —explicó mientras que apretaba sus manos.

Anthony comprendía su estado, pero no podía simplemente irse a descansar y dejarla a ella allí en el sofá, así que amablemente insistió y ella no tardó en aceptar irse a la cama.

Casi quince minutos más tarde Sarah ya se había alistado para dormir, pero aunque su cuerpo reposaba sobre el colchón, se notaba que estaba conteniendo muchas emociones.

—Buenas noches, trata de descansar —dijo Anthony cuando estaba a punto de cerrar la puerta.

—Oye..., espera un momento.

—¿Qué ocurre?

—¿Podrías dormir conmigo? —musitó.



Laura Zarraga

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En el texto hay: fantasia, misterio, angeles caidos

Editado: 15.11.2019

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