El invierno del Ángel [libro 2]

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Introducción:

ATENCIÓN

Este es el libro 2 de la trilogía “Ángeles Rebeldes”

Todos los libros están en mi perfil y deben leerse en orden.

 

El Ángel de su alma gemela © [Libro 1 / COMPLETO]

El invierno del Ángel © [Libro 2 / COMPLETO]

La rebelión del Ángel © [Libro 3 / EN PROCESO]

 

 

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Anna había decidido terminar su relación con Anthony, ella se encontraba en Tokio y él esperaba impaciente el día en que ella regresara para pedirle una segunda oportunidad. Así que cuando llegó el día en que ella regresaba de Tokio, llamó al trabajo para avisar que no asistiría.

Después de un rápido desayuno, salió de su pequeño apartamento. Caminaba con velocidad, como si pudiera llegar tarde, estaba ansioso por verla, sentía que no podía esperar más tiempo.

Pasó frente a una floristería y casi sin darse cuenta se detuvo a contemplar las hermosas plantas. Mientras las observaba, se lamentaba por estar corto de dinero, deseaba poder comprarle a Anna muchas margaritas y claveles, sabía que le encantaban. Dispuesto a marcharse, bajó la mirada y para su buena suerte descubrió una margarita que había caído, al parecer hace solo unos pocos segundos. Con discreción la tomó antes de que alguien pudiera pisarla y una sonrisa asomó en sus labios, no era precisamente la más bella, se notaba que había sido descartada de algún ramo, pero era mejor que llegar con las manos vacías.

Reanudó la marcha, esta vez con más calma, llevaba la flor sujeta por el tallo con cuidado, y caminaba con el brazo doblado frente a él, de esta manera evitaba que alguien de la multitud que transitaba por las calles pudiera estropearla.

Una vez que llegó al edificio donde vivía su enamorada, se detuvo de nuevo y esperó con paciencia hasta que uno de los inquilinos saliera. No quería correr el riesgo de llamar al interruptor y que ella no quisiera abrirle, necesitaba estar al menos a una puerta de distancia, en caso de que Anna no quisiera hablarle, podría decir en voz alta su discurso y tal vez sus palabras hicieran efecto, pero gritar todo lo que tenía planeado desde la calle sería una tarea difícil, además, era probable que algún vecino irritable terminara por llamar a la policía y tendría que salir corriendo de allí.

Transcurrió un tiempo considerable, más de lo que había pensado, al parecer los habitantes de aquella residencia preferían quedarse en casa los viernes por la mañana. Su paciencia quería agotarse, necesitaba verla, por momentos su inquietud crecía, entonces recordaba que estuvo años esperando por estar con ella, un par de horas más no iban a matarlo.

A cada momento examinaba su viejo teléfono, definitivamente el tiempo parecía detenerse a veces, en más de una ocasión al volver a revisar, no había transcurrido ni un minuto. En lugar de tanto ver la hora, hubiera sido una excelente idea repasar su discurso, pero Anthony estaba tan nervioso, que no podía quedarse quieto mucho rato, subía y bajaba las escaleras de la entrada una y otra vez, daba ligeras patadas a los montones de hojas secas acumuladas en casi todo el terreno y observaba con cuidado a los vehículos que transitaban, prestaba suma atención a los taxis, era posible que Anna no hubiera llegado todavía.

Dos horas y quince minutos de espera, al fin una mujer joven y de aspecto elegante salió del edificio, mal momento para Anthony que se había alejado bastante de la entrada. Apresurado, se dirigió hasta el lugar y la pobre flor a punto estuvo de perder una cantidad considerable de pétalos.

—¡Espera! ¡por favor, déjala abierta! —suplicó al tiempo que se acercaba.

La mujer lo observó de arriba a abajo con un aire de desconfianza.

—¡Voy a visitar a una amiga!, ¡es Anna, de seguro la conoces! —explicó agitado.

La joven, pareció dudarlo, pero dejó la puerta abierta y se alejó con prisa.

Después de dar las gracias, Anthony comenzó a subir las escaleras, estaba muy emocionado, ascendió con prisa y no se detuvo ni un escalón hasta llegar al pasillo en donde se encontraba la puerta amarilla. Se quedó observándola mientras sentía como su corazón latía con rapidez, notó como de pronto comenzó a sudar e hizo un esfuerzo para regular su respiración, no solo eran los nervios, subir cinco pisos de un tirón y a esa velocidad era para deportistas, y él no era uno. 

Después de volver casi a su estado normal, tocó la puerta con suavidad, pero no hubo respuesta. «Tal vez se está bañando» pensó. Esperó unos minutos y tocó de nuevo, esta vez con más insistencia. El resultado fue el mismo, era de suponer que no había llegado del viaje. Decidió esperarla allí mismo en el pasillo.

—¿Puedo ayudarte en algo? —le preguntó una vecina después de cerrar con doble llave la cerradura de su puerta, cargaba sobre el hombro izquierdo un bolso de tamaño peligroso para su edad.



Laura Zarraga

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En el texto hay: fantasia, misterio, angeles caidos

Editado: 15.11.2019

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