El invierno del Ángel [libro 2]

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Capítulo 4: año nuevo.

Anthony observó a su alrededor, los pasajeros se habían marchado ya, solo un par de personas aguardaba. Faltaba poco más de una hora para la media noche, el autobús se había retrasado debido a la nieve.

—Hey, chico rubio ¿a dónde te diriges? —preguntó el anciano compañero de viaje.

—A ningún lugar específico —respondió sorprendido, no lo había visto.

—¿Cómo que a ningún lugar? eres muy extraño joven, muy extraño. Dentro de poco van a cerrar la estación. Ven, vienes conmigo —exigió jalándolo de su abrigo—. Solo en año nuevo, sin familia, sin saber a dónde ir ¡Bah! no puede ser —murmuraba.

Anthony no parecía tener opción, dejó que el hombre lo condujera hasta un pequeño vehículo de color verde y entró en él después que lo hizo el anciano.

—Familia, el chico rubio aquí nos acompañará para año nuevo.

El piloto y copiloto se dieron la vuelta, un par de hombres jóvenes con abundante cabello negro, se miraron entre sí después de ver a Anthony y luego uno de ellos exclamó.

—¿Cómo te llamas?

—Anthony—respondió sintiéndose muy incómodo.

—Un placer, nosotros somos Andy y Ryan, somos gemelos como supondrás. Nuestro abuelo aquí es un hombre muy especial, pero de seguro ya te habrás dado cuenta —explicó con una amplia sonrisa— ¿Tienes mucha hambre?

—No mucho —mintió por cortesía.

—Pues ve haciendo un espacio —dijo el conductor con aparente alegría.

El auto se puso en marcha, los hermanos charlaron casi todo el camino con su abuelo mientras que una suave música navideña los acompañaba, la temperatura era perfecta, y podía percibirse un agradable olor a pino. Anthony era afortunado de haber encontrado a tan amables personas, pero no consideraba la opción de cambiar sus planes. Si lo hacía ¿qué haría después de cenar y recibir el año nuevo?, no tenía a donde ir, no podría quedarse con sus anfitriones mucho tiempo, encontrar empleo, como ya se lo había repetido muchas veces, sería casi imposible.

—No puedo con esto —murmuró después de unos veinte minutos.

—¿Dijiste algo? —preguntó el anciano.

—Es usted muy amable—dijo después de respirar hondo—, pero acabo de recordar que tengo un tío lejano aquí cerca y me gustaría visitarlo en año nuevo.

—¿Un tío? ¡Lo vez!, ¡te dije que debías de tener a alguien! —exclamó con alegría— ¡Andy, Andy! ¡detén el auto! El chico rubio va a reencontrarse con un familiar ¿Dónde vive este tío tuyo?

—En uno de esos edificios —mintió sorprendido por la respuesta de su acompañante. Señaló una alta hilera de bloques—, ¿pueden dejarme aquí? —preguntó.

—Claro —dijo Andy quien había disminuido bastante la velocidad al escuchar a su abuelo. Hizo unas pequeñas maniobras para estacionarse y luego de detenerse por completo, se giró hacia atrás apoyando su brazo en el asiento del copiloto—Oye, ¿estás seguro de lo que haces? —preguntó con la mirada fija en Anthony.

—Tenemos suficiente comida, no será un problema que nos acompañes —señaló Ryan después de intercambiar una rápida mirada con su hermano, parecía comprender su inquietud.

—Gracias, pero… —suspiró— voy a ver a mi tío.

—Vaya, vaya, dale a tu tío un feliz año de nuestra parte, de seguro se sorprenderá mucho al verte —dijo el anciano a quien no le parecía nada raro lo que estaba ocurriendo.

Los hermanos observaron a su abuelo y luego a Anthony.

—Muchas gracias de nuevo, han sido todos muy amables —dijo simulando estar muy bien.

Apresurado, se bajó del vehículo y comenzó a caminar en dirección al lugar que había señalado. El auto tardó unos segundos en marcharse, cuando lo hizo, Anthony esperó a que estuviera lo suficientemente lejos y cambió de dirección.

Caminaba a paso lento, apretaba con ambas manos su almohada contra su pecho, sabía dónde se encontraba, pero se sentía perdido.

Unos instantes después, se escucharon unos estruendos, enseguida el cielo se iluminó de variados colores y se detuvo a contemplar la hermosa vista. No muy lejos de allí, se podían vislumbrar grupos de personas celebrando el año nuevo en compañía de amigos y familiares, estaban rebosantes de alegría porque un nuevo inicio había llegado a sus vidas. Cualquier otro se hubiera contagiado de la buena energía, pero no Anthony, él no permitiría un nuevo inicio, había llegado el momento del fin, no podía continuar con tanto dolor.

Cuando terminó el espectáculo, siguió su camino y esta vez aceleró el paso.

La temperatura estaba bajo cero, se había acomodado la bufanda de tal manera que solo dejara ver sus ojos, sentía que el frío corría por sus venas, como si su sangre fuera a congelarse en cualquier momento. Pensaba que no había forma de acostumbrarse al frío y comenzó a caminar más rápido todavía mientras se preguntaba, si había personas que toleraran las bajas temperaturas mejor que él.



Laura Zarraga

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En el texto hay: fantasia, misterio, angeles caidos

Editado: 15.11.2019

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