El invierno del Ángel [libro 2]

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Capítulo 10: visitas.

Anthony se quedó con Sarah hasta que terminó la hora de visita, estuvieron parte de la tarde charlando. El doctor fue un par de veces a la habitación y algunas enfermeras pasaron a administrarle medicamentos, momentos que Anthony aprovechó para comer, comprar agua e ir al baño. Por la noche se quedó deambulando cerca del hospital y para dormir se dirigió a la sala de espera, estaba agradecido de haber decidido traer la almohada con él.

Nunca había charlado tanto con alguna mujer, ni siquiera con Anna, que de pronto parecía haber olvidado, era como si no la necesitara, como si Sarah se hubiera encargado de llenar ese enorme vacío. «El amor cura todas las heridas—se dijo y casi enseguida se interrumpió—. Un momento, ¿qué estoy diciendo? Yo no estoy enamorado de ella, no puedo estarlo». Anthony se iba involucrando con rapidez, pensó que debía marcharse de allí y no volver, sabía ahora que Tom era su novio, aunque no estaba al tanto de lo que había ocurrido entre ambos.

Sarah era tan agradable, que Anthony pensó que ella sentía algo también. No podía razonar bien, no comprendía el hecho de que ella charlabacon él porque se sentía sola y estaba asustada por todo lo que ocurría, que necesitaba distraerse de una manera u otra. Anthony estaba tan dolido, y con el corazón tan destrozado, que era muy posible que cualquier gesto de amabilidad de cualquier mujer le pareciera amor. No la conocía del todo, era probable que ella fuera simpática con todo el mundo, todo el tiempo.

Tratando de ordenar sus pensamientos, Anthony no pudo dormir bien esa noche, quiso ir de nuevo al puente, acabar con todo, pero algo le decía que debía esperar «¿Esperar que?» se preguntaba.

Amaneció y Anthony decidió no ir a visitar a Sarah, estuvo la mañana caminando por la ciudad, se sentía solo y perdido, de nuevo todo le irritaba, todo le molestaba, comenzó a pensar en Anna y a recordar muchas cosas, caminaba cabizbajo, casi no prestaba atención al camino. A cada instante tomaba con su mano el collar con sus alas y lo apretaba con fuerza, de nuevo sentía ganas de morir.

—Necesito verla —murmuró y se encaminó de nuevo hasta el hospital.

Con una alegría desbordante entró a la habitación, una enfermera estaba cambiando el suero. Anthony, se disculpó con una inclinación de cabeza y una nerviosa sonrisa por haber entrado tan deprisa. Decidió esperar afuera mientras pensaba en qué le diría a Sarah.

Una vez que la enfermera salió, entró. Esta vez con moderación.

—Hola, soy yo, Anthony —dijo mientras se acercaba a la cama.

—¡Hey! pensé que no volvería a verte, es decir —sonrió— hablar contigo.

—Lo siento, pensé en venir esta mañana, pero...

—Tranquilo, no tienes que darme explicaciones, yo estoy muy agradecida de que te hayas quedado conmigo ayer, has sido de mucha ayuda, como me dijiste que no tenías nada que hacer yo...

Un estruendoso golpe en la puerta interrumpió la conversación, Anthony se dio la vuelta y vio con asombro a una ajetreada mujer que cargaba con dos pesadas maletas.

—¡Perdón!, esto pesa demasiado, no vuelvo a viajar con maletas sin ruedas —explicó sofocada.

Anthony se acercó para ayudarla, y ella, al mirar hacia el frente, dejó caer el equipaje para correr desesperada hasta la cama.

—¿Qué te pasó? me dijiste que estabas bien, ¡Dios mío!, Sarah ¿qué tienes en los ojos?

—Hola Olivia—respondió con una sonrisa—, tranquila, es solo que tuve desprendimiento de retina.

—¿Y eso que significa?—preguntó observando con detalle a su amiga.

—No te alarmes, significa que no puedo ver nada, pero es una ceguera temporal.

—No juegues con esas cosas —pidió con seriedad—, ¿qué te pasó?

—No bromeo Olivia —respondió Sarah congravedad.

—No puede ser —murmuró.

La mujer de abundante cabellera castaña se llevó ambas manos a la boca para tapársela y se quedó en silencio mientras que sus ojos se llenaban de lágrimas.

—Es temporal—repitió Sarah al escuchar a su amiga escapar un sollozo.

—¿Qué tan temporal? —preguntó entre lamentos.

—Solo unas semanas, tranquila, estaré bien.

—Aun así, no puedo creer esto, ¿y tú cuello? —examinó acercando sus manos a su rostro.

—Me duele solo un poco, estoy bien.

—Pero ¿puedes mover la cabeza?

—Todavía no lo sé, pero casi no siento dolor, no debe ser grave.

—Sarah lo lamento mucho —dijo secándose las lágrimas— ¿qué ha dicho Tom? —agregó después de unos segundos.

—Él no sabe nada de esto todavía.

—Con razón me ha llamado tantas veces, yo no dije nada, me preguntó si había hablado contigo últimamente, le tuve que decir que sí, estaba muy alterado ¿Qué ocurrió entre ustedes dos?

—Anthony, ¿sigues aquí?—preguntó Sarah alzando su mano derecha.



Laura Zarraga

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En el texto hay: fantasia, misterio, angeles caidos

Editado: 15.11.2019

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