El invierno del Ángel [libro 2]

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 13: la despedida.

Siete días habían transcurrido del terrible accidente, parecía que el día iba a ser igual que los últimos, pero Sarah recibió una noticia, una que estaba esperando desde una semana que le había parecido un mes.

—Puedes marcharte hoy a tu hogar —dijo el Doctor Mario.

—¡¿De verdad?! —exclamó Sarah incorporando su espalda del respaldar de la silla en donde estaba sentada.

—Sí, hemos terminado la revisión, solo falta esto —agregó y Sarah sintió las manos de él en su cuello— ¿Segura que no tienes ningún dolor?

—Ninguno doctor, al contrario, estoy experimentando un gran alivio al quitarme esta cosa del cuello.

—Debes estar segura.

—Estoy bien —afirmó Sarah después de que el doctor moviera con delicadeza su cuello de lado a lado y de atrás hacia adelante.

—Quise dejártelo por precaución, me cuesta creer que tu cuello esté bien, pero bueno, las radiografías no mienten y supongo que tú tampoco, estás oficialmente libre de esto.

—Qué bueno —respondió con una amplia sonrisa.

—Te lo he preguntado ya muchas veces, pero ¿segura que no has tenido dolores de cabeza?, ¿nauseas?

—No he tenido.

—Has tenido demasiada suerte, mejor no andes diciendo esto en todas partes o te harán objeto de investigación médica —dijo en una carcajada—. Eres una mujer muy fuerte, me alegra que estés bien, pudiste haber muerto en ese accidente —dijo cambiando el tono de su voz.

—¿Qué ocurrió con el hombre del otro vehículo?

—El conductor murió—lamentó el doctor—, no llevaba puesto el cinturón de seguridad, por suerte su compañero tuvo solo unas pocas contusiones, pudo haberle ido peor.

—Lo siento mucho—dijo Sarah bajando la cabeza con dificultad, sintió que ya no recordaba cómo era mover su cuello.

—Sarah, ¿qué hacías tu detenida en medio del puente? —preguntó el doctor con curiosidad.

—¿Es normal que no recuerde exactamente lo que ocurrió? Una parte de mi siente que todo es solo parte de un muy mal sueño.

—Es mejor que sea así y no recordar con claridad —dijo son melancolía—. Ten —agregó entregándole unos papeles en su mano—, ya te he explicado como debes tratar tus ojos, pero aquí están las instrucciones para que a tu amiga no se le escape nada. Si lo haces al pie de la letra hay posibilidades de que te recuperes muy pronto.

—De acuerdo, así lo haré, muchas gracias doctor.

—No me agradezcas todavía —dijo con voz suave y Sarah pareció por un momento perder las esperanzas.

Sarah sintió como Olivia, quien estaba escuchando todo desde una distancia prudencial, le daba un abrazo.

—Te recuperarás, lo sé. Ven, vámonos de aquí —le dijo.

Ya vestida con ropa casual, se encontraba sentada en la cama mientras el doctor Mario le hacia la última revisión antes de marcharse.

—Soy un buen doctor, trato de serlo, me siento fatal dejarte ir en estas condiciones.

—Estoy segura de que me recuperaré mejor estando en casa, han sido todos muy amables, no me malinterprete, pero necesito salir de aquí —dijo con voz nerviosa.

—Comprendo, ¿segura que puedes cuidar bien de ella?

—Así es, ha dejado todo muy bien explicado —dijo Olivia—, y ya firmamos todos los papeles, estará bien.

—Bien, ahora sí puedes marcharte a tu hogar, espero que la próxima vez que nos veamos pueda darte buenas noticias —dijo con optimismo—. Nos veremos pronto —agregó y Sarah sintió como quedaba un vacío.

—¿Se fue? —preguntó al cabo de unos segundos.

—Sí.

Sarah sintió una extrema felicidad, pero a la vez tenía miedo de volver. Estaba agradecida por todo lo que Olivia estaba haciendo por ella, pero temía que las cosas no resultaran tan fáciles como a veces trataba de imaginarse.

—Venga señorita, la ayudaré a bajar—escuchó Sarah y se estremeció con aquella voz y al sentir una mano sobre la suya.

—Está bien, han venido por ti, para que no tengas que caminar hasta la salida —aclaró Olivia.

—Me pareció escuchar que llegaba alguien—mintió.

—Él vino cuando entró el doctor.

Ambas rieron.

—Salgamos de aquí —exclamó Sarah entre carcajadas.

—¿Estamos listos?—preguntó el hombre.

—Sí, estamos listos —respondió Olivia.

Enseguida Sarah sintió como era transportada en la silla de ruedas, no era una sensación muy agradable, pero al menos no tendría que caminar desorientada hasta la salida, además se estaban ahorrando muchísimo tiempo.

—Un momento por favor, pidió Olivia cuando no llevaban mucho tiempo recorriendo.

—Veo que te marchas.

—¡Anthony! —exclamó Sarah sorprendida al escuchar aquella voz— me alegra escucharte, por un momento pensé que no podría despedirme de ti.



Laura Zarraga

#13132 en Novela romántica
#6223 en Fantasía

En el texto hay: fantasia, misterio, angeles caidos

Editado: 15.11.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar