El invierno del Ángel [libro 2]

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 14: una fría y solitaria noche.

—¿Por qué me haces sentir así? —preguntó Anthony— ¿Por qué siento que necesito estar contigo? ¿Por qué solo puedo sentirme tranquilo cuando estoy a tu lado? Mi corazón se va a salir de mi pecho, no puedo con tanto dolor, necesito tenerte cerca o mi vida no tiene sentido.

Sarah se había marchado, no podía escucharlo, pero él necesitaba decirlo.

—¡¿Qué voy a hacer sin ti?! —agregó.

—Entra rápido, cuidado con ese loco —escuchó Anthony. Buscó con la mirada y se dio cuenta que quien había pronunciado esas palabras, era una mujer que se apresuraba a entrar en el hospital con su hija pequeña.

Estaba hablando solo en voz alta.

—Tiene razón, me estoy volviendo loco, nada de esto tiene sentido —murmuró para sí.

Anthony sintió que sus emociones estaban fuera de control. En el momento en que vio alejarse el taxi, sintió que una parte de su corazón era arrebatado de él ¿Se había enamorado, o de verdad se estaba volviendo loco? Con Anna no se había sentido de ese modo, era un sentimiento diferente, muy potente. La pelirroja había roto su corazón al haber terminado la relación, y esta mujer de cabello negro a quien apenas conocía, le había desgarrado el alma ¿Se puede sentir uno tan conectado con alguien sin conocerlo a profundidad? No solo necesitaba estar con ella, era algo más allá que no podía explicar. «¿Qué me ocurre?, basta, debo acabar con esto esta misma noche» se dijo.

Anthony estaba seguro de que sin Sarah no podría vivir, convencido de terminar con su vida, comenzó a caminar a paso veloz, se alejó de allí lo antes posible. Continuó sin parar hasta que su cuerpo se cansó y se detuvo. Su estómago rugía, y podría jurar que tenía feroces animales de minúsculo tamaño dentro de su estómago que se lo comían por dentro poco a poco. Llevaba varias horas sin comer, en su bolsillo no tenía ni un centavo. Miró al cielo y se sintió desolado.

—¿Qué hago? —murmuró. 

Continuó caminando, se encontraba en el centro de la ciudad, observó a su alrededor y se dio cuenta de que hace mucho tiempo no estaba en Chicago, no reconocía casi el lugar. Una parte de él extrañó estar en Nueva York, deseó regresar, recapacitó y pensó que lo mejor sería regresar el tiempo y volver a Virginia, antes de que Anna conociera Alexander, cuando ella era solo para él. «Es inútil —se dijo—, deja de recordar el pasado, no puedes regresar». 

Trató de distraerse observando las vitrinas de los negocios sin saber que buscaba. De pronto en una tienda de ropa, vio que había un aviso solicitando empleado. Sin experiencia en ventas y sin saber qué hacía, entró a preguntar, pero, aunque era bien parecido y por un momento estuvo dispuesto a aprender, hace días que no cuidaba su aspecto, y la manera en que llevaba su equipaje le daba un mal aspecto. Además de eso, no tenía ningún historial de trabajo, ni un papel en donde estuviera registrada su corta experiencia como empleado. Ocurrió lo que tenía que ocurrir, el mismo personal del negocio le pidió amablemente que se fuera del lugar, sin que siquiera pudiera expresar su deseo de presentarse para la entrevista.

«¿Qué estoy haciendo?» se dijo moviendo la cabeza de un lado a otro. Si decidía vivir, era solo para estar con Sarah, pero era una locura «¿Quién puede asegurarme de que ella aceptaría ser mi novia? ¿Quién dice que va a funcionar? ¿Y si vuelve con Tom?, es lo más probable, y si por algún motivo decide no volver con él, ¿quién dice que me va a escoger a mí? No tengo hogar, no tengo empleo ni dinero, las cosas no funcionan así, no tengo oportunidad ¿Acaso he sido un idiota por no buscar trabajo estos días? No, yo no quiero vivir, yo no pertenezco a este lugar» pensaba mientras que caminaba arrastrando los pies y apretando la almohada contra su pecho.

Anthony miró a su alrededor, todas las personas que observaba parecían no tener problemas, algunos incluso sonreían. No podía estar más confundido, luchaba consigo mismo para tomar una decisión, no podía explicar cómo una parte de él le suplicaba no rendirse, le decía que debía continuar, pero su cuerpo, extenuado, y su corazón lastimado no querían soportarlo más. Incapaz de decidir, decidió enfocarse en lo más importante, ¿qué era lo primero que debía de hacer? Su principal inquietud era, si decidía vivir, ¿dónde pasaría la noche? No podía volver al hospital, ya Sarah no estaba allí, de seguro lo echarían.

Se fijaba en cada establecimiento comercial. Entró a tres de ellos, todos solicitaban empleados nuevos, pero fue echado de allí del mismo modo.

No se rindió, siguió buscando empleo. Sabía que el principal problema era su aspecto, no podría rasurarse la barba, darse un baño y cambiarse de ropa, pero podía deshacerse por minutos de su equipaje. «¿Y si me lo roban? Debo al menos intentarlo». El resultado fue el mismo.



Laura Zarraga

#13088 en Novela romántica
#6210 en Fantasía

En el texto hay: fantasia, misterio, angeles caidos

Editado: 15.11.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar