El invierno del Ángel [libro 2]

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Capítulo 19: visita sorpresa.

El domingo, bien temprano, Anthony despertó entusiasmado, miró su teléfono, aún no había sonado la alarma, como ya tenía los ojos abiertos, decidió suspenderla.

Se quedó un largo rato acostado en la cama, no temía volver a dormirse, estaba muy emotivo como para conciliar el sueño de nuevo, ni siquiera tenía idea de cómo había logrado dormirse en primer lugar. Todavía faltaban varias horas para encontrarse con Sarah.

Después de casi media hora se puso de pie, entró al minúsculo baño a asearse y se quitó el suéter que cargaba puesto. Debajo de este llevaba uno de tela más delgada, Anthony siempre estaba bien abrigado, y cuando dormía solía abrigarse más por precaución, más ahora que vivía en otro estado y le daba la impresión de que el clima enloquecía por momentos, eso sin contar con que la calefacción no funcionaba del todo bien. De pronto se preguntó cómo sería el verano, tener calor era algo que no podía imaginar, y sintió miedo al imaginar que sería todo lo contrario a invierno, imaginó que la piel se le quemaba y se asustó. Comenzó de nuevo a pensar otra vez en Sarah y se dijo a si mismo que no podía llegar con las manos vacías. Miró a su alrededor, como buscando algo que pudiera servir para darle, pero el pequeño apartamento estaba tan vacío como su estómago. De pronto se le vino una idea a la mente.

—Helado—murmuró.

Arregló todo para salir, ya tenía un plan en mente.

Anthony fue a desayunar primero, y después pasó por el trabajo. Le pidió a Carmen, una agradable compañera que le llenara un cubo mediano de helado y que anotara para que se lo descontaran del salario. Carmen, como era habitual, obedeció con una gran sonrisa que dejaba ver sus dientes, era una mujer que siempre estaba de buen humor, en más de una ocasión Anthony pensó en preguntarle qué la hacía tan feliz.

Se quedó un rato en el local, aunque era su día libre le gustaba estar allí, charló un par de minutos con Isaac quien le dio consejos de conquista que no entendió por completo, pero que de igual manera agradeció.

El señor Basil salió un momento de su oficina y enseguida notó la presencia de Anthony.

—¿Qué haces aquí? —preguntó con su característica voz ronca.

—Vine a comprar helado —respondió enseguida y levantó su mano para dejar ver la bolsa que contenía el apetitoso producto.

Su jefe no contestó, pero se le quedó viendo un instante antes de tomar algo de la barra y volver a su oficina. Después de pasar la impresión, Anthony reanudó una pequeña conversación que había apenas empezado con otra de sus compañeras, se trataba de Elena, una joven morena de veinte años que le estaba contando como la noche anterior había rescatado a un perrito después de ser atropellado por un irresponsable hombre en una bicicleta.

Anthony observó la hora en su teléfono, ya no faltaba mucho, se despidió de todos y Isaac le deseó, por tercera vez, buena suerte y le explicó rápidamente que hacer en caso de que Tom estuviera en el apartamento, lo cual lo hizo poner más nervioso de lo que ya estaba.

Cuando estaba cerca de la puerta, sacó su teléfono otra vez, esta vez para volver a leer la dirección que Olivia le había enviado. Por suerte Sarah vivía en el mismo centro de la ciudad así que no le quedaba muy lejos, aunque debía de caminar un poco para llegar, pero estaba más que acostumbrado a hacerlo.

Mientras que recorría las calles Anthony sentía que su corazón se aceleraba, no iba dando pasos muy rápido, su emoción era porque dentro de poco vería a Sarah por primera vez después de unas semanas y se preguntaba cómo se vería «¿Se molestará? Debí de haberle pedido a Olivia que me dejara hablar con ella primero, es un abuso aparecerme en su casa así de pronto. Creo que debo llamar de nuevo. No, no, mejor voy, ¿qué es lo peor que puede pasar? —se decía a medida que caminaba—. Lo peor que puede pasar es que ella haya regresado con Tom, estén juntos y yo me vea como un idiota». Por un momento, Anthony sintió que no podía calmar sus emociones y se puso a golpear la densa nieve mientras que avanzaba. Entonces recordó las palabras de Isaac en caso de que Tom resultara ser uno de esos novios sobreprotectores y celosos:«Sí él está allí, actúa casual, relajado, solo eres un hombre visitando a una conocida que tuvo un accidente, no hay nada de malo en eso».

En menos tiempo de lo que esperaba, Anthony ya estaba frente a la puerta del apartamento de Sarah y ahora sus nervios sí que parecían ser incontrolables, le sudaban las manos bajo los guantes nuevos que llevaba, estaba ansioso por reencontrarse con ella y a la vez preocupado.

Metió la mano en su bolsillo, sacó su teléfono e hizo una llamada. Casi enseguida la puerta frente a él se abría con cautela.

—¿Antonio? —murmuró Olivia al verlo.

—Hola Olivia.

—Te vez… diferente —señaló sorprendida y en voz baja mientras lo observaba de arriba a abajo.



Laura Zarraga

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En el texto hay: fantasia, misterio, angeles caidos

Editado: 15.11.2019

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