El Invierno en tus Ojos

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Capítulo 25

Capítulo 25

El viaje fue realmente más largo de lo que me esperaba, Killiam durmió la mayor parte para recuperarse un poco después de haber estado trabajando casi un día completo, por mi parte me entretuve con aquel libro de magia que curiosamente me enseñó a transportarlo de forma que nadie siquiera notará que existiera. El coche se detuvo por fin, luego de más de diez horas de viaje sin escala, el lobo seguía dormido a mi lado.

-Killiam-le llamé en voz baja, moviéndolo un poco, pero al ver que no reaccionaba decidí aplicar un pequeño truco. Susurre dos palabras, mis manos se volvieron tan frías como el hielo y toqué sus mejillas, haciendo que se despertara de golpe- ya hemos llegado.

Me fulminó con la mirada, entendiendo que era la responsable de aquello.

-Hay otras formas de despertar a las personas ¿Sabías?-repuso un poco gruñón, cosa que no me importo en lo más mínimo.

-Puede ser, pero con personas con el sueño tan pesado como tú, es mejor usar el otro ¿No te parece?-respondí divertida bajando del coche.

El lugar estaba en medio de la nada, no había carretera que condujera hacia este el territorio principal de la manada cosa que ya me había parecido extraño, el bosque que rodeaba la estructura frontal era espeso y abundaban los pinos, dato bastante curioso. El aroma y la carga que tenía este lugar parecía ser normal, este bosque debía ser antiguo pues pude notar el peso de las décadas en la tierra, no parece un lugar demasiado seguro, el destello de magia oscura no se borró del todo aunque sea viejo. Sin lugar a dudas el bosque es un lugar que muchos brujos oscuros usaron en algún momento, nada de que estaba percibiendo parecía ser reciente cosa que me tranquilizó un poco aunque no lo suficiente, estar en un espacio que es concurrido por brujos negros nunca es seguro.

-¿Ocurre algo?-cuestionó Killiam algo preocupado, pues me había quedado parada junto al coche mirando hacia el bosque quién sabe cuánto tiempo.

-Nada de qué alarmarse-no valía la pena ponerse a eso ahora, sonreí de lado y lo ayude a cargar las maletas, aunque nos la fueron arrebatadas por dos jóvenes lobos que salieron a recibirnos.

Ellos nos condujeron dentro del territorio, no perdí detalle de nada, el lugar estaba distribuido de una forma poco habitual, la casa del alfa y los lobos más jóvenes estaba en el centro del lugar, el resto de casas y edificios estaban perfectamente ubicados siguiendo un patrón que no terminaba de descifrar. Las miradas no pasaron desapercibidas, mi aspecto físico en sí llamaba demasiado la atención, además de mi olor que delataba mi naturaleza, Killiam tampoco lo ignoró y se pegó más a mí, pues en esta ocasión cumplo el papel de luna y pareja de un alfa aunque no haya asumido el lugar como tal aún.

La mansión principal era acogedora aunque tenía una temperatura relativamente baja, cosa que seguramente los lobos no sentían pues por naturaleza tienen una temperatura corporal bastante alta. Unos cuantos estaban sentados aparentemente esperandonos, pero ninguno de esos alfas era el de esta manada, podía percibirlo.

-Killiam, hermano ¿Cómo has estado?-dijo uno de ellos, un poco más bajo y con una sonrisa amplia y radiante. Ambos se abrazaron como viejos conocidos, había otro allí un poco más alto que espera su turno para saludarlo.

Aquella escena era bastante bonita, aunque no ignore las miradas de las tres jóvenes sobre mí, eran lobos muy atractivas que estaban a la defensiva, algo normal entre lobos ser un poco sobre protectores con sus parejas aunque este caso era más particular, ellas sabían que por mi naturaleza mi relación con Killiam no tendría las mismas ataduras que las suyas.

-¿Cómo han estado ustedes?-respondió Killiam saludando a los tres alfas como viejos amigos, hablaron un par de cosas más hasta que uno tuvo la delicadeza de señalarme.

-Escuché que habías encontrado pareja-dijo este, señalándome y haciendo que la atención recayera en mí.

-Qué descortés de mi parte, los presentaré-dijo entonces Killiam no de muy buen humor, es alguien con un carácter muy voluble y eso hace todo más divertido- ella es Mi Mate-tuvo el detalle de resaltar esa dos palabras.

El asombro se vio muy poco disimulado en los rostros de los presentes, las chicas allí por fin pudieron bajar un poco la guardia tras oír aquello.

-Sí que es descortés-repuse entonces sonriendo amablemente- mi nombre es Nubia, un gusto.

-Vaya han iniciado las presentaciones sin mí-dijo de pronto una voz gruesa proveniente de un lobo con una presencia más imponente que venía bajando de las escaleras. Los lobos rieron y Killiam fue a saludarlo, con la misma familiaridad que a los demás- es realmente un honor poder reunirlos a todos aquí para mi boda.

-Ya era hora que des el paso-repuso uno de ellos en tono de broma.

-Es un gusto tenerte aquí-dijo entonces dirigiéndose a mí- Mi nombre es Manuel, Killiam y yo somos viejos amigos-tendió su mano a modo de saludo.

-El gusto es mío-repuse tomandola y estrechandola con cuidado, el calor que emanaba era extraño.

La charla que siguió a esa presentación giró más entorno a la boda y a recuerdos de ellos cuando niños, las parejas de los lobos reían con ellos siendo que la mayoría fue partícipe de aquellos momentos. Claro que no podían pasar de largo el hecho de preguntar sobre mi poder y los rumores del enfrentamiento que se produjo hacia no mucho en el que sería nuestro territorio.



Rosalba

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En el texto hay: magia, amor, lobos

Editado: 12.12.2018

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