El invitado de mamá

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Seis— Comiendo y Bromeando

—¡Oh por Dios, te gané! —chillo emocionada mientras comienzo a dar pequeños saltitos.

Sé que la reacción es inmadura, pero no puedo parar de hacerlo. Por alguna razón el hecho de derrotar a Joshi me emociona más que el billete premiado de la lotería. Él me observa con una media sonrisa en el rostro, pero me niego a prestarle atención a algo más que mi triunfo.

Gane en mi primer juego de bolos.

—Ah ah, gané. Ah ah, gané —comienzo a canturrear mientras muevo los brazos como calamar intoxicado. Esto es indetenible, ni siquiera me importa que casi todas las personas en el local me estén mirando—. Debimos apostar algo.

—No seas codiciosa, si hubiéramos estado apostando no te habría dejado ganar.

Me dejo caer en el asiento y le doy un trago a mi cerveza algo caliente. Estoy tan feliz que no me importa, hasta le sonrió a Joshi. Sé lo que intenta hacer y opto por pincharlo un poco más, solo por placer.

—¿Ahora resulta que me dejaste ganar? —Me burlo— No creo que la forma en la que te he destrozado pueda fingirse.

Josh hace un gesto con la mano para disfrazar el hecho de que le duele que le haya dada una paliza. Puedo verlo en su cara, no esperaba perder, pero al menos se lo toma con un poco de humor y sin saber me proporciona material para molestarlo por el tiempo que le resta en la ciudad.

—Bueno, da igual, apostamos a que el perdedor pagaría la cena. ¿Lo recuerdas?

Me llevo una mano la frente. Por supuesto que lo recuerdo, ahora sí. Ahogo una risilla.

—Fantástico. Quiero una hamburguesa extra grande con papas dobles y otra cerveza —digo, dándole un último trago a la botella que tengo entre las manos y entregándosela.

Él asiente y se marcha para ordenar nuestra cena. Lo observo mientras se aleja, no puedo despegar mis ojos de su cuerpo. ¿Dónde diablos metió los kilos de más de diez años atrás. Se me escapa una carcajada cuando mi subconsciente me proporciona una posible respuesta a esa pregunta. Intentando volver a llevar mi mente a puerto sano y seguro, le echo un vistazo a mi celular, me encuentro con tres mensajes de mamá.

Que bien.

Disfruten.

Y no seas mala, Megan.

Sonrío mientras vuelvo a enviarle el emoji del pulgar arriba. Mamá lo odia siempre y cuando no sea ella quien lo envíe y no tarda en responderme su favorito: el de la ceja enarcada, seguido de otros mensajes.

¿¿Qué te tramas??

Si estás con Josh?

Señorita, como me entere de que hiciste de las tuyas vamos a tener serios problemas.

Es más, quiero una foto de Josh.

Contengo una carcajada mientras veo los mensajes llegar, pero no respondo. Mamá sigue enviando ojitos.

—Aquí está su hamburguesa extra grande con papas dobles y su cerveza, mi lady.

Levanto la vista cuando Joshi está dejando mi plato frente a mí, le sonrío. Huele delicioso. La hamburguesa, quiero decir, no él. Bueno, tal vez él también, todo es cuestión de poder acercarme lo suficiente y...

Sacudo la cabeza para apartar esas ideas locas y vuelvo a mi intención inicial.

—Ven acá, Joshi —digo, invitándolo a sentarse a mi lado.

—¿Qué?

—Qué te sientes aquí al lado —insisto, llevándome una papa a la boca. No tenía idea de que estaba tan hambrienta.

Josh se acerca a mí como si me temiera, y se sienta a mi lado de la misma forma en que un niño acaricia un perro rabioso. No lo culpo, después de todo no he estado siendo muy simpática con él y seguramente no lo estaría siendo ahora de no ser por mamá y la cerveza. Igual me da tiempo a olerlo.

Sin esperar a que se acomode tomo mi teléfono y paso mi brazo derecho sobre su hombro, tomando una foto en la que dejo entrever las tres cervezas que me he tomado y Josh deja ver su cara de asustado. A mamá le encantará esta. Se la envío de inmediato, mientras mi compañero me observa, esperando alguna explicación.

—Mamá quería una foto para confirmar que no te dejé amordazado en el sótano y la estoy engañando —me encojo de hombros mientras me llevo otras dos papas a la boca.

—Es una inquietud válida.

Joshi vuelve a su sonrisa habitual y, en lugar regresar a su lugar, extiende la mano para arrastrar su plato hasta donde se encuentra, Ha pedido lo mismo que yo. Me guiña el ojo cuando nota que lo estoy mirando. Alguien debería decirle que eso no es sexy, si es lo que intenta, pero no seré yo quien arruine su ilusión.

—¿Ya no me odias?

—¿Qué? Necesitas más que una hamburguesa, cervezas y una paliza a los bolos para que olvide mis zapatos de ballet y mi diario de Barbie y todas las cosas horribles que me hacías, Josh Roberts.

—Ya me disculpé por eso ¿Cuántas? ¿Mil veces? —exclama llevándose una mano al pecho y ladeando la cabeza.

—Nunca serán suficientes —digo dándole la primera mordida a mi hamburguesa.

Tengo que contenerme para no gemir, porque Josh está a mi lado y pareciera que no hay otro lugar al que mirar. Había olvidado lo buena que era la comida chatarra allí, pero sé que de estar sola disfrutaría mucho más, pudiendo hacer ruidos raros o lamerme los dedos lejos de la mirada atenta de Joshi.



Chris Urbano

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En el texto hay: humor, invitado, indeseado

Editado: 21.04.2019

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