El Juego

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Capitulo 1

Brisas frescas inundaban el cálido ambiente de Verona. Personas de todos los lugares caminaban por su alrededor, mostrando grandes sonrisas, pequeños niños corrían entre las personas dejando a su paso múltiples risotadas; un viejo auto avanzaba con lentitud, podrías creer que en cualquier momento se descompondría o a irse quedando sin partes mientras se iba alejando.

La pequeña niña en su interior se removía incomoda en el asiento trasero. El olor nauseabundo del auto no le desagradaba, al contrario lo encontraba decente en comparación con la vieja Betzi, bautizada así por su padre, en la que transportaba todo tipo de animales, desde conejillos hasta grandes y lanudas ovejas.

Limpio las pequeñas gotas de sudor que bajan por su mejilla, pronto llegaría a su nueva residencia. Inexplicablemente, sentía el deseo de salir corriendo, aun no lograba procesar aquellos beneficios que había obtenido en tan poco tiempo, no podía dejar de pensar en cómo su vida había cambiado luego de haber recibido aquella imponente carta, recordó las lágrimas de alegría de sus padres al ver como su pequeña niña podía tener un futuro, más allá de arrear animales y labrar la tierra.

Cuando el arcaico auto se detuvo tan de repente, no pudo evitar golpearse con el asiento de en frente. El rollizo conductor atrapó su atención, este luchaba con el cinturón de seguridad, y a su vez murmuraba cientos de insultos. Agarró su descolorida mochila e intento bajarse del automóvil, sin darse cuenta de que el ya liberado conductor, con cierta maña logró sacarla de ahí.

Tomó aire mientras avanzaba a la entrada del internado, por cada paso que daba se lamentaba, se sentía fuera de lugar, evitaba mirar hacia los lados, prefirió mirar hacia el frente, tanta ostentosidad la mareaba, tanta belleza lastimaba sus ojos, era como si este internado se mofara de ella.

Salto al ver como un flacucho pelirrojo corría a tropezones por todo el césped, su respiración se mostraba pesada, sus piernas temblaban ligeramente, su camisa se encontraba rasgada, además de estar manchada, su pantalón se veía sucio, sus pies sangraban, entre más lo miraba más se alarmaba, sin pensarlo dos veces comenzó a correr hacia su dirección, este al notar que lo seguían freno en seco, volteó sin ver quien era, cerró sus ojos, para, finalmente, detenerse ante ella.

—Lo siento mucho, —muraba—no lo volveré a mirar, mi príncipe—decía sin despegarse del suelo. Ella no dejaba de preguntarse qué le había sucedido al joven; estando tan cerca de él, se percató de sus múltiples golpes, sin saber qué hacer, opto por agacharse, estando a su altura, sutilmente toco su hombro, llamando la atención del muchacho, este sin más se alejó violentamente de su lado, mirando con confusión a la pequeña niña mientras se alejaba de su lado, ella sin entender siguió su camino.

Marco limpiaba bruscamente sus nudillos, estaba cansado de golpear al ñoño ratón de biblioteca, no encontraba la manera de hacerle entender su posición, desde que este había ingresado al internado se creía con la libertad de poder mirarlo a los ojos, frustrado tiro el pañuelo al piso, no había más salida que mandarlo al hospital.

— ¿Quién será la próxima víctima? —preguntó Vicente desde el otro lado de la habitación.

Marco alzo la vista para ver a su amigo, era cierto, debía dejar de pensar en cosas estúpidas y comenzar a organizar el juego. Vicente había jugado el año pasado, antecedido por Manuel, y este a su vez por Adrien, todos habían jugado múltiples veces, pero Marco jamás se había atrevido a hacerlo, no porque se sintiera culpable, sino porque nunca se había animado, nunca había salido una víctima que precisara de su atención. Hasta ahora.

—He escuchado al director, pronto llegara una americana becada—agregó Adrien—además según tengo entendido, es más pobre que cualquiera de mis sirvientas—concluyó.

Vicente expulsó el humo, aquello le intereso, en la vida había estado con una estudiante becada, y mucho menos jugado con ella. Por otro lado, Manuel, jugaba con su cabello, pensaba que una becada no valía la pena ni su esfuerzo, un hombre tan importante como él no se iba a rebajar con esta.

Adrien al ver que sus amigos no decían nada continuo hablando: —Lo último que supe fue su nombre, al parecer, se llama Celeste —no pudo evitar reírse ante este—un nombre vulgar por supuesto. —Hizo una pequeña pausa—Entonces ¿Quién de ustedes chicos será el jugador?

Marcos vio su oportunidad, esa niña valía oro, y él quería destruirla, él sería quien la viera volverse pedazos, disfrutar de su sufrimiento, él sería su jugador, sin pensarlo respondió. —Seré yo. —Haciendo que los demás voltearan a verlo, dejando en sus caras sorpresa. Esta sería su primera vez jugando. Quizás algo pueda cambiar o quizás no.Brisas frescas inundaban el cálido ambiente de Verona. Personas de todos los lugares caminaban por su alrededor, mostrando grandes sonrisas, pequeños niños corrían entre las personas dejando a su paso múltiples risotadas; un viejo auto avanzaba con lentitud, podrías creer que en cualquier momento se descompondría o a irse quedando sin partes mientras se iba alejando.



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Editado: 14.03.2019

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