El Legado De La Reina Yawa, Familia de Dragones

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Historia del legado de la Reina Yawa

(Nª Registro de obra en el Departamento de Derechos Intelectuales  309.562, continuación de la saga Un Mundo Oculto)

 

En 1.973, en alguna parte del desierto de IRAK

La luz de la linterna de su rifle le ayuda a ver en la oscuridad. Se separó de su equipo por orden de su líder.

Lo llaman por radio.

- Aquí Escorpión Rojo, entre en una grieta y hay una nave.

No es como las otras. -piensa- Se abrió con el collar que me paso mi abuelo.

-Escorpión Rojo, regresa con tu equipo

-No les escucho, hay interferencia – haciendo sonar un papel de chocolate en la radio antes de apagarla-

Por nada me pierdo esto –dice con el gozo de un niño al entregarle un regalo sorpresa.

Se hace a un lado, una flecha casi le da, deja de lado su arma y toma su espada espiritual. Total, ahí nadie lo verá.

– Imitación de santo en luz, veamos que estás hecho – le grito su espíritu

Ve la sombra de un joven, que le señala a un reptiliano. Este estaba muerto, pero su esencia vigilaba con hambre el lugar hasta que la flecha lo desintegro.

Se sale de su cuerpo, corre hasta el santo en luz. No le importa que le haya salvado la vida, los odia y no perderá la oportunidad para enjaularlo.

En medio de la disputa le toca uno de sus senos. Su figura completa la cubría una capucha.

Se cohíbe –¿¿eres mujer??- siente una bofetada que lo hizo salir de la posición que estaba, y ver su sello familiar en ella. Su actitud cambia, opta por seguirle el juego.

La joven se levanta limpia su ropa, acomoda su capa con gorro y le dice

– ¡Estas muy lento!

Creciste muy rápido, hace una semana eras un niño. Es extraño. Todo acá es extraño – lo toma de la mano y sigue por un pasaje que daba a otra puerta de la nave. Aunque estaban en espíritu la puerta se abre.

- Aquí todos duermen - dice ella mostrándole un cadáver disecado sentado con las piernas en una consola y la boca abierta.

¿De qué hablas?, ¿quién eres, de donde me conoces?

No duermen, están muertos. Rematadamente muertos. Llevan siglos así

Él la mira, sonríe, siente dentro de sí que la conoce. Era algo familiar. Un recuerdo de infancia escondido dentro de él.

No, ellos duermen– le dice con firmeza como una niña de cinco años que está segura que el dulce es suyo. Lo lleva a otra habitación donde había varias camas de metal con gente disecada - Mira están durmiendo.

Presiona su uña en el aire como si abriera una cortina. Pasa con él sin soltarlo por el vértice hecho llegando a una modesta casa.

Le señala al anciano que duerme cómodamente en su sillón rojo con la boca abierta, en la misma posición del primer cadáver.

El soldado ve al anciano, de reojo se fija en una cuna con un bebe de meses acostado en una pieza con la puerta abierta cerca de donde dormía. Sigue el cordón de plata que está unido a la joven proyectada astralmente y no le sorprende por la forma de actuar de ella que estaba unido al bebe.

Era un infante de meses en su cuerpo físico, su hogar estaba lleno de entidades, pero ella estaba resguardada por ángeles. Por lo visto su madre tenía parientes cristianos que oraban por ella.

La joven hace nuevamente el movimiento con su mano y sin soltarlo con la otra entran a otra habitación. En unos segundos están en una oficina.

Escucha que roncan.

No cree lo que ve.

Es su tío durmiendo con la boca abierta y pies en su escritorio en la misma posición del cadáver.

La joven se dirige a la ventana y le dice:

De ese árbol Jesús se quiso alimentar y al no encontrar nada lo maldijo, por eso está seco.

Mira, él duerme -señalando al hombre- Ves los de ese lugar todos duermen.

¡Te escucho!... estoy meditando, no dormido. ¿Dónde estabas? – pregunta el tío del soldado

Él se olvidó de mí, me dejo encerrada en la bodega con los vinos –dice chillando con tono de querer llorar y haciendo puchero. -

Me aburrí sola en el lugar.

Escuche los pergaminos ocultos, ellos hablan por sí mismos como el radio de mi abuelo.

Tenía hambre y me comí algunos, saben horribles, no como los que me da mi amigo que son dulces, pero tenía hambre.

Vino mi amigo y me abrió la puerta para llevarme a casa.

Estaba aburrida así que quise saber si era verdad lo que decían los pergaminos del sótano y lo encontré a él. Esta distinto, tiene algo raro en la cara - tocando su media barba por los días de campaña.

Tu mamá viene con la mamadera, abre la puerta para que él pueda regresar y vuelve cuando acabes. – al decirlo la joven abre el portal para que pase el soldado y otro para ella.



paola quilodran

Editado: 15.10.2019

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