El Llanto De Las Estrellas

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Capitulo Cinco – Lado B, Lado A. parte 1

Lado B

“Este es el momento de ascender” Decía la letra de una canción; tenía alrededor de seis años cuando me escondía en un armario de mi habitación. Los gritos, los insultos y la rabia que se encontraba en el aire mismo, eran tan fuerte que sostenía mis piernas contra mi pecho y a la vez apretaba unos viejos auriculares con una vieja canción para así olvidar la realidad y vivir la fantasía.

Mi nombre por seis años había sido Alejo pero mi padre lo repudiaba por ser el nombre de un débil, el nombre de un niño que huye de los problemas.

Ese mismo día mi padre golpeo a mi madre varias veces por el mero hecho de un simple reclamo. Un reclamo que cualquier persona lo habría visto como algo normal, pero mi padre no lo veía de esa manera; “es insultante mujer yo hago con mi vida lo que se me dé la gana, si tengo o no otra mujer a ti no te debería importar”, fue lo que escuche antes de ver como empezaban los golpes.

Aquel mismo día mi padre me encontró y me dijo con aires de poderoso que me cambiaría el nombre por uno real, uno que imparta fuerza y carácter. Yo entre lágrimas acepte y camine a su derecha sosteniendo un viejo carrito de metal que había encontrado entre los artilugios de mi hermano mayor, quien no había vuelto a casa en años.

Es gracioso porque ese mismo día me nombró León, mi padre sonreía victorioso y volvimos a casa.

Los días en mi casa eran monótonos, mis padres no habían cambiado en casi nada, las peleas dejaron de ser algo ocasional y pasaron a ser algo que sucedía en raras ocasiones, como fiestas o un simple compromiso donde mi padre se emborrachaba y me obligaba a tomar con él, por suerte solo me servía un par de copas y se quedaba dormido.

Temía ser como él, un hombre violento sin escrúpulos que solo viera a las mujeres como sus esclavas. Lo admito, estas palabras pueden sonar machistas pero hay que ser sinceros me estaba volviendo como mi padre.

Tenía diecisiete años cuando tuve mi primera novia, una hermosa chica que le encantaba mi cabello castaño claro, decía con palabras dulces que era una niño bonito o que era un encanto; aquellas palabras me hacían sonreír como un idiota enamorado. Pero todo cambia por un mero hecho, un mero celar de un joven enamorado, a veces no es lo que nuestra mente imagina, a veces mal interpretamos las acciones de alguien más cuando se acercan a la chica o chico que queremos en nuestra vida.

Aquel día entre una discusión golpee el rostro de Lucia, aquel día llore en sus brazos desconsoladamente. Mi cuerpo, mis ojos, mis manos mi todo temblaba sin control.

Lucia lloraba mientras acariciaba mi cabello; su mejilla estaba roja por el golpe, aquel día tome la decisión más difícil que había tomado en mi corta vida; Decir adiós a Lucia.

Unos años más tarde por fin fui aceptado en una Universidad fuera de mi ciudad, mi padre se negó a mi decisión pero enfrentándomele le dije “ya no soy el niño que se ocultaba en el armario por tu soberbia, soy libre de tomar mi destino y hacer lo que yo vea correcto, pero algo si ten por seguro, tocas de nuevo a mi madre y te arrepentirás”

Mi padre me miro con ojos temeroso y agacho su mirada, había logrado vencer al monstruo que fue durante muchos años en casa. 

Meses antes de salir de mi hogar perfore mis orejas y en mi brazo izquierdo tatué un león y un ciervo y deje crecer mi cabello. Aquello seria mi nuevo comenzar.

(…)

Fue gracioso al empezar el semestre: la mayoría de chicas me observaban como un chico rebelde y misterioso y los chicos como un nuevo rival pero aun así ninguno de los dos bandos se me acercaba ni por curiosidad.

Como estudios adicionales opte por el club de literatura allí la vi por primera vez. Darla una chica tímida que sin notarlo ella misma, se sonrojaba por la mínima pregunta, cada vez que la observaba se sonrojaba y cambiaba su mirar a otro sitio aunque allí no hubiese nada.

Cuanto más interesaba Darla descubrí que tenía un enamorado algo particular. El clásico chico que era temido por los demás por ser alguien quien no tenía miedo enfrentarse en una pelea; aquello poco me intereso hasta que un día sin rodeos aquel chico parecía abusar de su poder sobre Darla y sin temor me acerque y le extendí algunas monedas que tenía en mi bolsillo, “Supongo que lo ofendí” y darla termino por irse conmigo a una cafetería.

Los días pasaron y necesitaba un descanso de los estudios así que un grupo de compañeros tomo valor y me pregunto si deseaba jugar al futbol con ellos, lo acepte encantado, al fin no me temían, quise reír con gracia pero lo aguante.

Pero el día no fue algo de recordar con una sonrisa, pues los golpes empezaron cuando un roce con Erick desato su ira hacia mí, culpándome de algo que no había cometido o aun no lo cometía; Si admito, perdí la pelea y sonriéndole le dije — “¡No eres su dueño!”



Cristian Reyes

Editado: 18.08.2019

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