El Llanto De Las Estrellas

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Capitulo Nueve — Monotonía

Nuevamente aquel lago… nuevamente la incertidumbre, nuevamente el frio en mis huesos. Camino como una sonámbula al baño y dejo caer mi ropa al suelo de una manera espontánea, veo mi reflejo en el espejo y me digo a mi misma “como sucedió, como tuve el valor”, fueron esas palabras que se grabaron en mi mente después de una noche de libre albedrio.

Lléveme mis dedos a las pequeñas pero visibles marcas que quedaron en mí después de un descuido sin precedentes.

Pero habían unas marcas que las escondía como un recuerdo del temor que sentía al ser gritada; unas marcas que inconscientemente Erick dejo en mi cuerpo. Marcas que deberían borrarse pero se han quedado allí, recordándome que debo huir pero también quedarme junto a él por el temor de que en su locura repentina se dañe así mismo.

Ahora mi mente es como un laberinto; con dos entradas pero ninguna con salida, León y Erick pasean en mi mente haciendo notar lo bueno y lo malo. Un chico que apenas conozco o alguien que ha estado en mi vida por más de tres años. La monotonía o el nuevo conocer, ¿cuál es mi verdadera razón?

Entonces mire mi celular allí una foto con Erick, una foto en la cual nos mirábamos tan tímidos, tan infantiles, tan nuevos en el amor, pero el tiempo nos cambia, nos hace notar que somos imperfectos que solo estamos atados a la tenue manipulación de nuestros sentimientos.

Perdida en aquella imagen con una leve sonrisa llego un mensaje, un mensaje que me despertó de aquella fantasía. Mis manos temblaron, pero no de miedo, sino de una cruda adrenalina. Quería correr, verlo, abrazarlo, llenarle de besos, perderme en él. Fue un mensaje corto pero lleno de alegría, torpe y gracioso.

*León*

— Llegue a casa, rayos, olvide mi sombrilla, ¡me moje todo, todito! Espero que no a verte causado problemas. ¿Podre verte en la Universidad?, debo hablarte de Lupe.

Al leer Lupe, me puse nerviosa, sentía que era o es alguien para León. Pero saque eso de mi mente y lo deje pasar.

Al día siguiente

 

Recorrí los pasillos de la universidad buscando a León, llevaba mis cuadernos sobre mis brazos, los abrazaba como una niña llena de preocupación.

Llegue hasta el ingreso de la biblioteca. Allí estaba junto a la chica que mencionaron mis compañeros. Camine tratando de no llamar la atención pero fue entonces que León menciono mi nombre y camino hacia mi llevando de la mano a Lupe.

— ¡Hola! sonara extraño, pero ella es mi hermanastra — dijo sin tapujes, sin miedo en sus palabras —. Viene de Quito, estará unos días.

— Ah. Eh. Mm… — me puse tan nerviosa, ¿estuve celosa por nada? Pero ¿Por qué estuve celosa? —. Hey no pasa nada. Mucho gusto soy Darla — mis manos no dejaban de temblar, sentía que mi rostro se encendía como un foco rojo.

Después de a ver platicado un par de minutos en la biblioteca tuve q regresar a clases, pues solo devolví algunos libros.

Quería correr de la alegría, no era un ex, no era una chica toxica que estaba allí para frenar mis sentimientos por León.

Maldita sea que me sucede << lleve mis manos a mi cabeza>> ¿qué es lo que digo? Ya no logro entender mis sentimientos, mis palabras no logro entender que es lo que estoy haciendo. Pero mi estúpida sonrisa no se borra de mi rostro. Este hecho, estoy consciente de que estoy por enamorarme o me enamore de León.

Tome mi teléfono, programe algunas canciones al azar, tome mis auriculares y justo en el momento en que los colocaría en mis orejas escuche la voz radiante de Erick.

— Darla, ¿podemos hablar?

— ¿De qué quieres hablar? —. admito que sentí curiosidad por saber de qué quería hablar.

— ¿Podemos ir a los baños? Es un poco más privado que al estar en los pasillos.

— Va, pero solo unos minutos. Debo volver al salón de clases — Camine tras él, trate de adivinar cuales serias sus reproches o sus intenciones.

— Vuelve conmigo, te necesito, sabes que no puedo vivir sin ti, eres lo que alegra mi vida.

No supe que responder a sus palabras, pero aun así me mantuve en silencio por unos segundos hasta que respondí.

— Creo que es mejor que paremos. Lo nuestro no puede seguir, ¡haz cambiado de una manera increíble! Te desconozco —. observe su mirada, su rostro no decía nada, entre lace mis dedos y los lleve a mi abdomen.

— ¡No entiendes nada, maldición! — su voz cambio completamente, lleno de ira y rabia — porque sigues con esas palabras, que tiene ese idiota que no tenga ¿yo? Dime —. Esta última palabra la dijo y a la vez lanzo un golpe a pared. Su mano se llenó de sangre en ese momento.

— Que quieres que te diga, tengo miedo de ti —. Mis manos temblaban, no podía huir, debía huir.



Cristian Reyes

Editado: 18.08.2019

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