El Llanto De Las Estrellas

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Capitulo dos – Rojo Carmesí

Miraba con pesar aquel reloj que colgaba de lo alto de la pared del salón de clases, en mi mano derecha jugaba con un viejo bolígrafo que por su uso había perdido parte del color. El profesor dictaba una clase que en realidad trataba de ignorar; según sus propias palabras no serviría para el mundo real pero debía darnos porque era parte de otro tema que era de importancia.

Mi mano izquierda reposaba en mi regazo. Aun temblaba por lo de la noche anterior. Erick no llego a golpearme, pero su ira la desquito sobre la pared de mi habitación, tenía miedo por lo sucedido, no por mí, sino por su reacción. No pregunte qué era lo que llevaba en aquella funda plástica, lo ignore.

Volví a ver aquel reloj. Marcaba doce y cuarenta minutos cuando el profesor dijo con calma que podíamos retirarnos, que la reunión de maestros de la universidad estaría próxima a empezar y ya que tenía un tema que exponer debía prepararse; así que termino por marcharse.

Anote ciertos puntos que el profesor dejo en la pizarra y salí del salón, mientras caminaba pensaba en volver al club de literatura, sentía una gran atracción por aquel grupo de estudiantes que a pesar de estar en la misma universidad pocos se hablaban.

Camine por unos largos diez minutos hasta la biblioteca donde esta vez se reunirían para hablar algo relacionado con un libro llamado, “La Soledad de los Números Primos”.

En mi situación no había leído el libro así que estaría en desventaja en si debía participar en un debate.

Mi mente iba desde la realidad hasta una excusa muy bien elaborada hasta que lo volví a ver.

León caminaba hacia la biblioteca de una manera apresurada. Su cabellera larga y sus pendientes lo hacían notar una rebeldía increíble y a la vez joven; en realidad no entendía por qué aquel chico me atraía de una manera misteriosa, pero de algo si estoy segura. Mantendré mi distancia de un muchacho rebelde…

Al final estuve en la biblioteca hasta casi las cuatro de la tarde, hablaron de varios temas y yo allí sin poder decir ni un “pio” mi timidez era muy grande y aquellos chicos parecían llevarse desde hace mucho tiempo, entre pláticas comenzaron por llevarse muy bien. León por su parte estaba sentado con un bolígrafo y anotaba cosas en su libreta parecía distante y distraído pero en sí, estaba muy concentrado en los temas del club.

Desperté de mi sueño con mis ojos abiertos cuando llegaron varios mensajes a mi teléfono.

Erick: donde estas, llevo esperándote ya más de una hora.

Erick: con quien estas, seguro estas en ese club de mierda, te dije que no vayas a ese club.

Erick: estoy fuera de la biblioteca, salga le espero.

Me sentí agobiada, Erick dejo hace mucho tiempo de ser el tipo lindo y agradable que siempre lo era. Ahora cada vez me cela por cosas vanas y sin sentido, y la verdad no quería verlo. Aun sentía algo de temor por lo de la noche pasada cuando tuvo su ataque de ansiedad si se podría decir.

El profesor que llevaba a cabo la reunión dio por finalizada y tuvimos que salir de la biblioteca.

— Usted no comprende que debemos irnos pronto. Tengo tarea por hacer y yo aquí a la espera de usted — lo dijo en un tono como si fuese mi culpa.

— Pero amor. Si te comente que saldría tarde por que vendría al club que no me hayas entendido es algo distinto — trate de evitar el discutir pero no fue así, Erick continuo hasta que algo extraño sucedió.

— ¡Bueno nos vamos!

— …

Antes de poder responder León se acercó, llevaba sus puños cerrados y su semblante había cambiado, sin duda alguna, llegue a ponerme muy nerviosa.

— Hola, Darla, el profesor pide que vayas con nosotros a una cafetería de aquí cerca, nos invitara algo por la iniciación del club — dijo con voz dura y a la vez evitando mirar a Erick, de pronto sentí que mi brazo dejo de doler (Erick lo había sujetado con mucha fuerza que no lo había notado)

— Si, iré, disculpa debo irme.

— Darla si te vas al menos préstame para el bus — sentí una presión y una vergüenza cuando León regreso a verlo.

— Ten. Hablamos tarde.

León y yo comenzamos a caminar con dirección al patio. Note que no había ningún estudiante por los alrededores. Por su parte iba muy callado y distante.

— Gracias, por lo que hiciste.

— No hay nada que agradecer. Es mejor que vayas a casa pronto.

— Entiendo, una vez más gracias — tome el camino hacia la parada cuando León se apresuró con una pregunta.



Cristian Reyes

Editado: 18.08.2019

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