El Lobo y la Princesa Roja: El Príncipe de las Amazonas

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La Guerra de los Dioses

Los pájaros cantaban en la mañana, el sol brillaba y los árboles del jardín en el palacio de Dacia danzaban con la suave brisa. Tres niños hablaban en su cuarto iluminado por grandes ventanas. Un príncipe y dos princesas, todos de reinos diferentes, pero unidos a la vez. Unidos por mucho más que la sangre o la amistad entre sus padres, el destino, y hasta el universo mismo, los unían.

—¿Esta es la que querías leer Ary?... ¿La Leyenda de la Guerra de los Dioses?

—Si esa misma —respondió Aradriel.

—Es la última del libro, aun no la he leído. ¿No importa?

—No, léemela porfi. Artemisia no quiere leérmela.

—Ya deberías poder leerla tu solita Ary, si yo puedo tú también puedes. Además, esta versión que tiene Tarion es solo un resumen.

Tarion tenía un gran libro, de cubierta de cuero rígido con grabados en oro, tenía páginas con letras grandes, bien trazadas y elaboradas, diseños de hojas doradas decoraban los bordes del manuscrito.

Tres dioses reinaban toda Altera juntos desde el principio del tiempo. Helios, Geos y Helene. Por su poder, todas las criaturas del mundo vivían y morían, por sus enseñanzas y reglas el mundo se regía.

Durante milenios los dioses manejaron el mundo en armonía y balance ayudados por los dragones que crearon para mantener el equilibrio. Helios y Geos competían creando los seres más bellos y eficientes, superándose el uno al otro en incontables ocasiones y así poblaron el mundo de plantas y animales. Mientras ellos competían, los dragones, bajo la guía de Helene, fortalecían a las especies acelerando la selección natural y la evolución.

—Tarion... ¿Qué es equilibrio? —preguntó Aradriel..

—Es como un balance perfecto, ¿verdad Temi? Es algo así, creo.

—Correcto.

—¿Y evolución? —dijo Aradriel.

—Esa es complicada —dijo Artemisia—. Ni yo la entiendo muy bien aún, pero es algo así como los cambios que todas las cosas vivas tienen con el paso de las generaciones.

—Si, algo así me explicó mi papá también —dijo Tarion.

—Ay, así no se vale —dijo Aradriel—. Mi mamá no me enseña esas cosas y mi papá siempre está ocupado con Erion, pero a mí no me enseña de esas cosas que ustedes saben..

—No te preocupes, pronto iras a la escuela o tendrás un maestro propio, y aprenderás de todo. Tarion y yo estamos bastante avanzados.

Tarion se les quedó mirando, y miraba el libro levantando las cejas.

—Déjenme leer, ahora es que se pone interesante. —dijo Artemisia—. Todo cambió cuando Helios descubrió como superar a Geos de una vez por todas. Él creó a los humanos, y los hizo iguales a ellos en apariencia, pero les dio cuerpos con la capacidad de amar y sentir el mundo de un modo que los dioses no podían experimentar por ser seres celestiales.

—¿Qué son los seres celestiales? —preguntó Aradriel.

—Son los dioses —respondió Tarion.

Alguien golpeó el marco de la puerta tres veces. Una mujer joven de hermosa sonrisa y ojos verdes se asomó al cuarto, la mamá de Aradriel.

—Niños, ¿quieren pastel de limón? La tía Cassandra dice que ya está listo… ¿Qué leen? —preguntó ella.

—La leyenda de la guerra de los dioses —respondió Tarion.

—Interesante lectura, aunque, creo que están muy pequeños para eso.

—Para nada tía —respondió Artemisia con brevedad—. Ya la he leído varias veces, no dice nada que pueda ser traumático para un niño de nuestra edad.

—Vaya respuesta... ¿Cuántos años se supone que tienes Temi?

—Ocho.

—Era una pregunta retórica.

—¿Sarcasmo? —preguntó la niña.

—Así es querida.

—Ya veo, aun no lo comprendo del todo.

—Si vienes conmigo te lo explicaré. Vamos, ayúdame a buscar pastel para Ary y Tarion.

—Está bien —dijo Artemisia, y se bajó de la gran cama de un salto.

Tarion y Aradriel estaban acostados sobre un almohadón y tenían el libro abierto frente a ellos.

—Sigue Tarion, tu lees mejor que yo.

—Porque practico más que tú, lee lo que sigue —dijo él empujando el libro hacia el lado de ella.

Los humanos les parecieron tan interesantes que los tres dioses decidieron cambiar sus cuerpos por cuerpos humanos. Al hacerlo, se volvieron susceptibles a todas las sensaciones y emociones humanas que les parecieron hermosas. Pero también adquirieron cosas que ellos no lograron ver dentro del alma humana, como el odio y la envidia.

—¿Alma? —preguntó Tarion—. Perdona Ary, esa aun no sé qué significa.

—¿Quieres marcarla?

—Si, dame el lápiz… Alma, y susceptibles... Listo, sigue leyendo.

Geos vio con el pasar del tiempo como los humanos adoraban a Helios por la forma en que él los guiaba y les enseñaba cosas, y Geos sintió celos. Él intentó recrearlos para que lo adorasen a él también, pero no tuvo éxito. En su afán, raptó algunos humanos para estudiarlos y copiarse, pero lo que descubrió fue que Helene había participado en la creación, traicionando la honorable competencia que él tenía con Helios.



D.C. Brugiatti

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En el texto hay: romance, guerra, peleas y accion

Editado: 25.10.2019

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