El Lobo y la Princesa Roja: El Príncipe de las Amazonas

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La Princesa Roja

Tarion y Aradriel levantaron su campamento y se fueron volando. Al principio ella parecía estar tranquila, pero cuando Alfuror tomó fuerza y sobrepasó las copas de los Melkeron, ella se abrazó a Tarion.  

—¿Que pasó princesa? ¿Asustada?  

—Me cuesta admitirlo, pero nunca había estado tan lejos de la tierra. ¿Una caída desde aquí sería fatal aun para alguien como yo verdad?  

—Me temo que si alteza, ni Alexandra se salvaría del despiadado jalón de la tierra desde esta altura. Nuestra madre Altera no perdona a los arrogantes que intentamos surcar los cielos sin estar hechos para eso… Pero no tema, he volado toda mi vida con este grifo, y aun si algo extremo pasa, Alfuror intentaría romper nuestra caída de alguna forma, aunque le cueste la vida.  

—Cuanta dedicación, es bueno saber eso —dijo ella.  

—Los grifos son más fieles que un perro, ellos no dudan en darlo todo por cuidar a los suyos. Es más, en Dacia decimos que el grifo es el mejor amigo del hombre.  

—Igual la gente del bosque considera a los lobos azules nuestros mejores amigos por encima de los perros comunes —respondió ella.  

—Claro, pero es un poco diferente, ya que los lobos son seres pensantes, no son solo animales... Al menos yo no los veo como animales, para mi ellos son otra especie más o menos humana, siento que tienen una mente igual a la de nosotros.  

—Parece que estudiaste con gente del bosque en algún momento, o al menos leíste enseñanzas de mi gente.  

—Así es, estudie un tiempo en Eir, y en Dacia también, con el señor Hyperion quien es como mi padre. Los elfos también son mi gente, mi padre era un elfo lobo —respondió él.  

—Eso tiene mucho sentido ahora que lo mencionas —dijo ella.  

Pasaron la niebla mañanera que desaparecía bajo el calor del sol ascendiente, llegaron a un claro y descendieron. El sol se reflejaba en el cristalino lago Eir, que se extendía hacia las montañas al sur, cuyos picos se asomaban sobre el agua en el horizonte.  

—¿Es hermoso verdad? —dijo Tarion—. Planeó pedirle un lote al señor de estas tierras, justo aquí junto al lago y en el construiré una pequeña casa para venir a pasar la temporada intermedia o quien sabe, tal vez hasta vivir aquí. Hay agua limpia y tierra fértil, buena caza y pesca también, todo lo necesario para vivir.  

—Esta tierra le pertenece a tu señor hasta donde sé, no creo que sea un problema cumplir tú sueño, el que, por cierto, suena muy bien... También me gustaría retirarme y vivir así, lástima que nunca podré, tengo demasiadas responsabilidades.  

—No diga eso princesa, aun usted debe poder tomar algo de tiempo para estar sola, todos tenemos derecho a descansar, aun los reyes y reinas.  

—Algún día tal vez, quien sabe... si es que no muero luchando en alguna guerra futura o algo así.  

Aterrizaron bajo los árboles cerca del lago, el suelo estaba seco y había poca maleza. Tarion desempacó sus cosas, como para quedarse un buen rato. Aradriel lo vio extrañada y él le respondió sin que ella tuviese que preguntar.  

—Se que pensará, ¿porque nos detenemos en vez de buscar a mis compañeras? Pero no vine hasta aquí para pasar por alto mi lugar favorito en este bosque mi señora.  

Él tomó su frazada y la desenrolló para recostarse al pie de un árbol.  

—¿Cómo así? ¿Piensas echarte ahí así nada más? Pensé que tú también tenías una misión que cumplir —dijo ella—. Se que no es de mi incumbencia, solo es curiosidad, no pienses que quiero mandarte o algo así. Creo que prefiero quedarme contigo, aunque estés de haragán.  

—En esta época del año la temperatura del bosque es fresca y agradable. Apenas terminan las lluvias, y apenas entran los vientos... Quedémonos un rato disfrutando del paisaje y luego buscamos a sus amigas. Mi misión es irrelevante, no tengo un tiempo límite, no se preocupe por mí.  

—¿Dijiste que ese de allá es el camino verdad? O sea que mis hermanas tendrán que pasar por aquí cerca… Creo que podemos acampar un rato, si yo puedo ver el camino desde aquí, supongo que ellas también podrán vernos al pasar. Lo cierto es que estoy extenuada y me vendría bien acampar, aunque sea un día. Además, tienes razón, sí que se siente rico este clima, como para echarse y no hacer nada en todo el día.  



D.C. Brugiatti

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En el texto hay: romance, guerra, peleas y accion

Editado: 25.10.2019

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