El Lobo y la Princesa Roja: El Príncipe de las Amazonas

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El Señor de la Guerra

Después que Erion dejó Wolfrest le tomó semanas alcanzar a sus tropas en la frontera que cada vez era empujada más lejos de Elfaras. Ya les faltaba poco territorio para recuperar lo perdido y empezar a ganar terreno, pero la resistencia no cesaba y las frecuentes emboscadas hacían que el avance fuera lento y tortuoso.

El príncipe había dejado al general Berthewulfo a cargo del primer ejército de Elfaras. Erion llegó al campamento base y fue directo a la tienda principal para hablar con Berthewulfo.

—General, recibí su mensaje y vine con mis hombres tan rápido como pude.

—Saludos príncipe —dijo el general—. Siéntese, tenemos algo importante que hablar.

Berthewulfo buscó un mapa y le empezó a enseñar todas las posiciones que habían tomado.

—¿Con cuántos hombres contamos ahora mismo? —dijo Erion.

—Tenemos unos 9,500 hombres del primer ejército, más o menos 400 centinelas con sus lobos y los 200 lobos que me asignó de su batallón especial. Debo decir que su experimento con los lobos de choque fue un completo éxito, ellos consiguieron un enorme número de bajas enemigas. Según mis hombres, Shiva por sí solo, logro matar más de 100 salvajes en una sola batalla.

—Excelente, sabía que serían una fuerza imparable si se juntaban en gran número. Bueno el primer ejercito sufrió pocas bajas, creo que con la inclusión de mis paladines podemos seguir avanzando e intentar encontrar Keleben. Por ahora continúe con su reporte general.

El general sacó una pequeña libreta de apuntes y se puso a leer.

—Avanzamos junto a las 2 legiones dacias y llegamos hasta la ciudadela de Anikech. Los reportes de reconocimiento indicaban que aquí y en los alrededores vivían entre 50,000 y 60,000 salvajes, así que esperábamos una dura batalla , el último reporte lo brindó Arctorius unas 2 semanas antes de que la fuerza principal llegara. Al llegar a la ciudad, descubrimos que estaba desierta, ni una sola alma nos estaba esperando para pelear. Se fueron todos alteza, de un día para otro.

—Tantos meses para llegar a Anikech y al final estaba vacía, supongo que la intención era retrasarnos y lo lograron. Es extraño, ellos no son tan listos y organizados como para evacuar tanta gente a la vez.

—Así es alteza, mis comandantes y yo llegamos a la conclusión de que no se fueron por voluntad propia... Alguien los debe haber obligado, o comandado a hacerlo. Encontramos los juguetes de sus niños, animales que tenían de mascotas y muchas ropas. ¿Sabe que no encontramos?

—Armas —dijo Erion.

—Así es señor, se llevaron sus armas y armaduras, pero también sus equipos de trabajo. Todas las herramientas y otras cosas de metal desaparecieron.

—Claro, necesitan activar su industria para una guerra, si eso es lo que planean.

Erion apoyó los codos en la mesa sobre el mapa y se llevó las manos a la cabeza mientras miraba el mapa. Se quedo así un momento y se levantó con energía.

—¡General! —dijo Erion—. Aliste a las tropas, nos moveremos hoy, rumbo a Keleben. Ya no contaremos con la infantería de Cassandra, pero nos dejaran un grupo de sus jinetes de tormenta.

—Pero señor, sin las tropas de Dacia no tendremos oportunidad... según las leyendas, la antigua ciudad estará repleta de salvajes y ciclopes. Además, no sabemos con certeza donde está la antigua capital, tendremos que separarnos para encontrarla.

—Exacto general, necesito salvajes que sepan lo que pasa y ahí los encontraremos, y si no encontramos ninguno, entonces tendremos la confirmación que necesitamos de todas maneras, la confirmación de que su maestro los está llamando.

Erion tomó el mando de los lobos y centinelas, y junto a los jinetes de tormenta que se quedaron partieron al sur por delante de la fuerza principal, viajando tan rápido como era posible. Erion dejó atrás su armadura de la orden del dragón y la cambio por una más ligera, también dejó a su caballo y lideró el avance desde el lomo de Kerberios, su lobo guardián.

 Avanzaron por el bosque varios días casi sin descansar, los lobos corrían tan rápido como podían y los jinetes de grifo intentaban cubrir la mayoría de terreno posible. El problema era que desde el aire lo más que podían hacer era buscar indicios como árboles caídos y columnas de humo, ya no estaban en el bosque azul donde los arboles eran altos. En el bosque perdido los arboles eran más bajos y tenían copas frondosas y oscuras. Lograron encontraron varios lugares con espacios abiertos, pero al final todos estaban abandonados.

La tropa de Erion había avanzado con tanta rapidez que no se habían percatado del lugar a donde estaban llegando, estaban a pocas millas de las ruinas de Keleben. Según la leyenda, ahí se les dio vida a los primeros humanos y era uno de los principales objetivos de la cruzada de Erion, pero ni el más anciano entre los elfos conocía el lugar con exactitud.

Cuando estaban en los linderos de la ciudad en ruinas, Erion escucho el llamado de un grifo, aun no los conocía todos, pero sonaba como el comando para detener la marcha. Él ordenó a Kerberios que llamara a todos con un aullido y en poco tiempo se reagruparon en su posición.



D.C. Brugiatti

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En el texto hay: romance, guerra, peleas y accion

Editado: 25.10.2019

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