El Lobo y la Princesa Roja: El Príncipe de las Amazonas

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El Entrenamiento: Sobreviviendo

Tarion tenía varias semanas entrenando con las amazonas y estaba sufriendo las consecuencias. El entrenamiento era similar al que él hacía en casa, pero la armadura pesada estaba sacándole el jugo. Sufría mucho en las carreras de obstáculos, había varios tramos con muros altos y otros obstáculos que requerían trabajo en equipo, o una gran fuerza. Pero como las jóvenes no lo querían aceptar, él debía arreglárselas solo la mayoría del tiempo. Leana y Diana intentaban ayudarlo, pero al hacerlo ellas también eran mal vistas por las demás, además, las estaba afectando al hacerlas quedarse atrás. Todos sabían que ellas eran unas de las más capaces y debían quedar entre las primeras; aun así, ellas se propusieron ayudarlo a avanzar sin importar lo que las demás dijeran, al menos por la primera etapa.

Ninguno de ellos sabía que en realidad el puntaje en las evaluaciones no solo dependía de las virtudes físicas, y aunque Tarion estaba apenas por encima del mínimo aceptable, Andrea y sus amigas que lo excluían eran quienes estaban siendo mal evaluadas por su falta de compañerismo.

Tarion no había notado que Aradriel estaba saboteándolo con la armadura modular, él pensó que le daba ventaja, pues era más cómoda, pero no sentida la diferencia en el peso. Lo normal que estaban utilizando las chicas era 120 libras de peso extra. En la noche, Aradriel le agregaba delgadas placas en cada bolsillo sin que él se diera cuenta y su armadura estaba cerca de las 150 libras. Aunque pareciera poco, 30 libras adicionales se hacían evidentes cuando pasaban la mitad del día y la resistencia de Tarion disminuía mucho antes que la de las muchachas.

Un día en la marcha larga por el bosque, Tarion sintió que ya no podía más. Tenía varios días con dolor en las rodillas que no había podido superar; estaba al borde de rendirse. Selenis trotaba con otras compañeras de su unidad de asalto. Pasaron junto a las reclutas y ella vio como Tarion sufría para caminar al final del grupo, lejos de las demás. Ese día estaban cargando una mochila simulando estar en campaña y llevaban armas y peso extra.

Selenis fue a ver si estaba bien, se despidió de sus amigas y trotó hasta donde estaba Tarion.

—¿Qué te pasa? Estas más lento de lo normal, Aradriel no estará feliz

—No puedo más... no aguanto las piernas, siento que caeré.

—Te ves terrible, estas pálido. —Selenis le tocó el cuello—. Estas frío, eso no es bueno.

Ella miró alrededor buscando a Aradriel, no estaba muy lejos. Selenis la llamó y ella fue al instante.

—¿Qué pasa? —dijo Aradriel al llegar.

—Ilessandro no está bien, él no te dijo nada, pero tiene las rodillas lastimadas y se está esforzando demasiado en general. ¿Crees que pueda descansar un rato? Déjame darle de mi agua, ya se acabó la suya. Mira lo pálido que esta, pobrecito.

Él no hablaba, se concentraba en seguir caminando. Ellas caminaban junto a él.

—Todas se esfuerzan por igual, no entiendo cuál es la diferencia, si no es apto que renuncie y ya. ¿No crees? —respondió Aradriel.

—Vamos no seas así —dijo Selenis—. Se que te llevas bien con él, no me digas que no te duele verlo así.

—¿Acaso tu necesitaste ayuda? ¿O yo? No verdad... Si lo tocas, lo expulso. Ni siquiera estoy permitiendo que las reclutas se ayuden entre sí para este ejercicio, mucho menos permitiré que tu interfieras.

—¡No me vengas con eso Aradriel! Se muy bien lo que estás haciendo y no es justo. Él no merece esto y tú lo sabes, no me parece que sea la forma correcta de manejarlo.

—A ver, chica lista dime algo, es mi reclutamiento, mi batallón, mis futuros soldados... ¿Quién decide que es lo mejor? ¿Tu o yo?

Ambas se detuvieron, frente a frente. Tarion se detuvo también.

—Amigas, no es necesario que se peleen por mí, aún queda bastante yo para las dos, vamos caminen conmigo, vamos muchachas.

—¿Pelear? —dijo Aradriel—. No sería una pelea.

—¿Ah sí? —respondió Selenis, haciendo arder sus ojos—. ¿En serio crees eso hermana? ¿Estas segura de que quieres tomar ese camino?

Aradriel sintió un calor intenso proveniente de Selenis que la sorprendió. Ella conocía bien el omega de Selenis, pero siempre había sentido que su energía era relajada y amigable, en ese momento, no sentía nada de eso saliendo de Selenis. Ella irradiaba una ardiente furia, como si fuera una persona diferente.

—Contrólate, no vale la pena pelearnos por esto —dijo Aradriel—. Puedes darle ánimo, es lo único que te permitiré hacer y con eso le debe bastar.

—¿Puedo seguir marchando a su lado? —preguntó Selenis.

—Si, hazlo, asegúrate de que no le pase nada. Siempre me quedo atrás para no perderlo de vista, pero estamos muy lejos y debo ir con las demás para asegurarme de que no hagan trampa.

—Perfecto linda —respondió Selenis con una sonrisa.



D.C. Brugiatti

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En el texto hay: romance, guerra, peleas y accion

Editado: 25.10.2019

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