El Lobo y la Princesa Roja: El Príncipe de las Amazonas

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El encuentro de las Doncellas de la Guerra

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Lucidel y Velox escucharon el llamado de Alfuror desde el suelo del Máximo. Descendieron en espiral a alta velocidad y aterrizaron en medio de todos, levantando polvo que se les metió en los ojos e hizo toser y estornudar a más de una. Ella usaba un yelmo alado con una calavera pintada, llevaba una falda larga, abierta al frente, algo característico de las princesas y reinas guerreras, y en general su armadura era similar a la que usaba Tarion. 

—¡¿Tanto tiempo y no has podido aprender a aterrizar como Helios manda?! 

—¿Tarion? —preguntó ella. 

—¿Quién más va a ser? 

Lucidel, desmontó y se quitó el yelmo, su cabello ondulado se alborotó con la brisa. Saltó sobre Tarion, se colgó de su cuello y lo llenó de besos.  

—Lo veo y no lo creo, ¿de verdad eres tú? ¿Cómo creciste tanto? —preguntó Tarion—. Cuanto pesas.  

—Que te puedo decir, supongo que si soy hija de la leona después de todo. ¿Aun crees ser más fuerte que yo, hermanito?... Oye, pero tú también te ves diferente, algo en ti ha cambiado, no sé qué es, pero te siento diferente.  

—No he cambiado tanto como tú, ahora eres una bestia, no querría volver a meterme contigo —dijo él—. Aunque sigo siendo el mayor, no te hagas ideas.  

—Ay si claro como no.  

—¿Y qué le pasó a tu cabello? ¿No te lo cortas desde que me fui?  

—¿Está hermoso verdad?  

—Pues sí, te cae, hermoso y alocado como tú.  

Tarion la dejó de cargar, la tomó de la mano y le pidió que se diera la vuelta.  

—Tu armadura, es excelente, el viejo Fran se pasó con esta —dijo él.  

—¡Si! Me encanta, es como si solo llevara ropa, pero es de nivel cinco, lo mejor de lo mejor, no me hace casi nada de resistencia en el aire.  

Tarion la sujetó de la cintura e intentó mover la armadura, apenas se movió un poco, no se salió de su posición.  

—Si puedo ver como se te ajusta al cuerpo, lo que por cierto me hace pensar en la cola de pretendientes que debes tener ahora que eres una mujer.  

—No tienes idea, cada semana llega un noble diferente con sus hijos, ya aburren... Pero no te preocupes ninguno está ni cerca de valer la pena —respondió ella sonriendo.  

—Haces mi trabajo de hermano mayor muy fácil. Solía pensar como sería cuando te volvieras mujer y yo tuviera que protegerte de los buitres, parece que no tendré que hacerlo.  

Aradriel y Selenis la miraban desde un costado.  

—¿La conoces? —preguntó Aradriel—. ¿Sabes por qué lo abraza y lo besa de esa manera? Quien se cree que es, con su cabello perfecto y su rostro perfecto y su... Solo mírala como juega con su cabello, Ay soy tan bonita… ¿Y qué hay de Tarion? ¿Por qué le hace caso? ¿Por qué le da tanto cariño? ¿Viste cómo ella se dio una vuelta para que el la viera bien? Solo pude escuchar que le dijo que estaba hermosa, ¡uy! estoy tan molesta que no puedo ni concentrarme para escuchar que dicen.  

—Ary...  

—Se debe creer la reina del mundo con su grifo y su armadura perfecta. Y mira sus ojos, como se llenan de felicidad al mirar a Tarion. Creo que voy a...  

—¡Aradriel! —insistió Selenis.  

—¡¿Que?!  

—Esa es Lucidel.  

Aradriel quedó pausada por completo mirando a Lucidel y sin quererlo cruzó miradas con ella.  

Lucidel caminó hacia ellas, pasó su mano por su cabello, y sus ojos se encendieron. Tarion se quedó con los grifos, recostado a Alfuror, sonreído.  

—¡Hola Selenis, cuanto tiempo sin verte!  

—¿Lucy? ¿De verdad eres tú querida? Como has cambiado, estoy impresionada.  

—La única e inigualable. ¿Qué te parece esto? —Levantó su brazo derecho y lo flexionó. Las correas de la armadura se tensaron y las bandas de metal se movieron.  

—Vaya niña, volverte omega te sirvió de mucho, pareciera que te comiste a la pequeña Lucy que yo conocí hace años.  



D.C. Brugiatti

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En el texto hay: romance, guerra, peleas y accion

Editado: 25.10.2019

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