El Lobo y la Princesa Roja: El Príncipe de las Amazonas

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Reconstrucción

Después que toda Helas estuvo pacificada, la primera legión y las tropas de la ciudad se pusieron a trabajar. Todos los miembros de la primera eran albañiles capacitados, hasta cierto punto, y contaban con un numeroso equipo de ingenieros y arquitectos. Los ingenieros de la reina inspeccionaron los daños y trazaron los planes para la reconstrucción y reparación de las estructuras públicas que fueron las más afectadas. Los portones de la meseta sufrieron daños, el hipódromo, casi todos los fuertes de la policía y muchos tramos de la red de acueductos, el gran mercado central, algunas cisternas y silos de grano también. La reina tuvo que destinar una gran cantidad de recursos y personal, tanto que no alcanzó para ayudar a todos los ciudadanos que sufrieron pérdidas en sus casas y negocios. Ella prometió ayudar, dentro de lo posible, a las empresas que tenían muchos empleados, y los empresarios prometieron que ayudarían a levantar al resto de la ciudad.

Aradriel y Tarion participaron de la reunión en el palacio, quedaba trabajo para los escudos negros. Las tropas de choque contaban con algunas de las personas más fuertes de toda la ciudad así que las asignaron para el proyecto de los acueductos. Había varios distritos superiores a secas y la ciudad inferior solo tenía una cisterna funcionando, de seis. Por otro lado, la policía secreta buscaba a los insurgentes que se habían logrado esconder y solicitaron ayuda para las redadas. Aradriel asignó a 100 de sus hermanas de los grupos de asalto y arquería para brindar apoyo en las tareas de la policía y de inteligencia. Regresaron al Máximo después de la prolongada reunión en el palacio, aburridos y cansados de tanta charla con burócratas y contratistas. Ojalá Artemisia hubiese estado ahí, pensaron ambos. Dejaron sus caballos en el establo y se dirigieron al salón comunal. Entraron y de inmediato Brundir los recibió con una expresión de desánimo nada común en ella.

—Muchachos los estaba esperando, tenemos un problema.

—¿Qué pasa? —dijo Aradriel.

—Es Andrea... Dejé que todo el mundo fuera a ver a sus familias, la de ella tuvo un problema serio.

Tarion la buscó entre las demás que comían y charlaban, fue hacia ella con apremio.

—Ve con él —dijo Brundir—. No hace falta que yo te cuente, ya entenderás.

Selenis consolaba a Andrea, pero sus lágrimas parecían no tener fin. Ella se levantó y abrazó a Tarion a penas lo vio llegar, casi se dejó caer sobre él. Tenía la nariz roja, moqueaba, y sus lágrimas mojaron la camisa de Tarion mientras él la sostenía.

—Mi casa, toda mi casa Tarion, toda. ¿Por qué la gente es así? Solo porque soy soldado... ¿Pero que tenían que ver mis padres? Ellos no tienen la culpa.

—¿Pero qué pasó? —preguntó él.

—¡Quemaron mi casa! Los malditos arrendaban en un edificio comunal cruzando la calle y me habían visto llegar, tal vez. Mi padre dice que solo tuvieron tiempo de huir por la puerta trasera, pero todos sus materiales y sus herramientas se quemaron. ¿Y ahora que voy a hacer? Él no tiene suficiente plata guardada para reconstruir todo y levantar el negocio, estamos arruinados, mi salario no alcanza para tanto. ¿Y mis hermanitos? Como los vamos a alimentar. Son cinco niños que aún viven con mis padres, ¡Cinco!... No sé qué hacer Tarion, ayúdame por favor... ¿Cuánto crees que valga mi armadura y mi espada? Deben valer mucho supongo. ¿Alcanzará para una casa? Creo que si las vendo podré ayudar a mi papá. ¿Me ayudarías a venderlas?

—No permitiré que hagas eso, no te preocupes, todo estará bien te lo prometo.

—¿Pero cómo puedo estar tranquila? Ni siquiera tienen donde dormir, o ropa para cambiarse. ¿Tú me puedes ayudar verdad? Eres un príncipe, debes tener mucha plata y oro, solo necesito lo suficiente para un techo y para que mi papá pueda volver a trabajar en sus telas, él te lo pagaría después te lo juro.

—Andrea —dijo Aradriel—. Mírame y escúchame. No te preocupes por nada de eso, nosotros nos encargaremos de todo. Ve donde Antonio y dile que tome un carruaje para recoger a tu familia, y los traes acá. Hay espacio y comida de sobra, la ropa tampoco será un problema... ¡Escuchen todos, si la familia de alguien más está pasando por algo similar, no duden en traerlos! ¡Las puertas del Máximo estarán abiertas para cualquier familiar que necesite ayuda!

—¿De verdad comandante? Pero ellos son civiles no pueden entrar aquí —respondió Andrea—. ¿No se meterá en problemas con el alto mando?

—Dentro de estos muros yo soy el alto mando... Además, no son civiles, son familia.

—¡Gracias Aradriel! Muchas gracias, gracias, gracias.

—Ya, ya, suéltame, no te emociones, mejor apresúrate y trae a tus padres. También inspeccionaremos la casa y veremos que se puede hacer. Todo va a salir bien, te lo prometo... te lo prometemos —concluyó, mirando a Tarion.

Andrea se fue corriendo. Aradriel al verla pasar la puerta, se le acercó a Selenis.



D.C. Brugiatti

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En el texto hay: romance, guerra, peleas y accion

Editado: 25.10.2019

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