El mayor postor de la luna.

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Mi luna, hermosa luna.

Su negativismo se había marchado, ya sonreía y reía como lo solía hacer a sus dieciocho años. El amor volvió a florecer en su corazón y el sentido de pérdida se esfumó.

Apodó a su novia Luna, ya que creían fielmente que ella los había unido, ambos tenían un pasado y aún así, no se juzgaron entre sí, se entendieron y apoyaron. Rieron el uno del otro y se estaban amando.

El mes siguiente a la tormenta salieron formalmente, debido a que todas las veces que se vieron, era en aquel mirador, donde admiraban el cielo y el amanecer. En su primera cita fueron al cine y se dieron un beso de pico. Lo creían correcto y es que lo era.

Por muy rápido que pareciera.

Sus allegados decían que era muy poco tiempo, pero ellos sentían sus corazones latir y pensaban lo contrario.

Tres meses bastaron para él darse cuenta que la quería como novia, y fue entonces cuando reunió a su familia y frente a ella, le pidió que fuese su novia.

La muchacha, menor que él por un año aceptó feliz, sintiéndose nuevamente completa, y él se sintió igual.

Estaba avanzando, y eso lo ponía feliz, estaba dejando por fin ir a su pasado tormentoso y a las noches de peticiones.

Ahora lo único que hacía era anhelar un futuro con su Luna y pedir al cielo y los astros, eterna vida para disfrutarla junto a ella.

¡Vaya que lo traía loco!

Loco de amor.

 



K. Mendoza.

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En el texto hay: amor desamor, luna y sol, estrellas fugaces

Editado: 21.12.2018

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