El mejor regalo de Navidad

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 2

He tratado de salir de la cama cada mañana desde su marcha, pero cada vez que lo intento, no puedo evitar recordar aquella fatídica mañana en que lo vi por última vez y ahora mismo ni siquiera me importa perder mi empleo ya que he perdido lo que más quiero.

De pronto suena mi móvil y cuando veo que es Carla, la madre de Fabián necesito respirar un par de veces para evitar romper a llorar.

—Buenos días, Carla —la saludo con la máxima alegría que puedo fingir a pesar de que estoy totalmente rota.

—Buenos días, Vanessa, Lorenzo y yo queríamos pedirte que vinieses a cenar a casa en nochebuena —me dice Carla mientras noto que no puede reprimir el llanto.

Yo me quedo en silencio un par de segundo pensando rápido en que responder y finalmente opto por la opción ´más sencilla.

—Muchas gracias por vuestra invitación, pero ya había quedado para ir a casa de unos amigos —le miento mientras finjo normalidad.

—Ahh bueno, pues entonces pásalo bien y ya quedaremos otro día —me responde ella.

—Sí, ya quedaremos otro día, pasad una buena nochebuena —le respondo yo a pesar de que sé que esa noche no será buena para ninguna de las dos.

Desde lo ocurrido me he sentido incapaz de mirar a mis suegros a la cara, ya que me siento muy avergonzada por lo ocurrido, ya que ellos escucharon el mensaje que yo deje a su hijo y sé que nunca podrá perdonármelo.

Vuelvo a la cama abrazando el pijama que él llevaba la última vez que lo vi y cierro los ojos evocando los momentos felices que pasé junto a él.

—Cariño, no te hagas la dormida, que sé que estás despierta —me dice él al oído mientras me abraza en la cama.

—¿Cómo quieres que esté dormida si te has estado toda la noche roncando? —le pregunto yo mientras me giro para mirarlo y le saco la lengua.

—Eres una mentirosa, ya sabes que yo no ronco y si te has despertado es solo porque te has puesto doscientas alarmas e incluso me has despertado hasta a mí. Lo que no entiendo es porque te pones la alarma un domingo, cuando no tienes que madrugar —me dice él mientras me rodea con sus brazos.

—Bueno, la verdad es que me he olvidado de quitar la alarma y tenía tanto sueño que en lugar de quitarla le he dado todo el rato a posponer sin querer —le digo avergonzada mientras él se echa a reír.

—Bueno, ahora que estás despierta y me has despertado a mí, tendrás que ayudarme a hacer unas tortitas para desayunar —me dice sin poder contener la risa mientras me besa.

—¿Sabes que te quiero? —le digo yo mientras me siento en la cama y me quedo mirándolo.

—Claro que lo sé, pero que sepas que yo te quiero a ti mucho más, me has despertado y ni me he cabreado, pero si hubiese sido al revés no quiero ni imaginarme el humor con el que te habrías levantado —me dice él mientras me rodea con sus brazos sin poder dejar de reírse.

Era tan hermosos esos momentos con él, que al recordarlos siento como se me hace un nudo en el corazón, y me arrepiento de haber disfrutado más de estos pequeños momentos



Carmen Marvil

#2324 en Novela romántica
#1054 en Otros
#360 en Relatos cortos

En el texto hay: navidad, drama, amor

Editado: 25.11.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar