El mensaje que no los unio ©

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Capítulo 14 (Segunda parte): Hola, soy Gastón

Gastón se sentía entre la cuerda floja. Quería correr tras su amada al verla salir de la oficina, pero también debía volver a consolar a su madre que ahora se encontraba maldiciendo y llorando a mares por sus acciones.

—Debió de haberles ayudado Amanda, yo la vi una vez aquí y no se veía muy feliz de que las chicas escogieran este salón.

—Madre, creo que eso ya no importa. Tú también tuviste algo de culpa al haberles cancelado su reservación del salón cuando te enteraste de quién era él novio.

—Lo sé hijo, pero Amanda lo hizo con intención, ella me odia por lo que le hice a su hermano.

—Madre, tú solo fuiste sincera y honesta con él al rechazarlo hace años, eso no tiene nada de malo. Ahora si me disculpas debo…

Gastón no pudo terminar su oración porque su madre dejo de abrazarlo y de un momento a otro tomo el marco donde se encontraba la fotografía del primer día que había adquirido el salón y lo estrello contra el suelo, después solo cayo de rodillas cansada de todo ese asunto.

—Hijo, sé que no eres mi terapeuta pero si no lo hacia me iba a volver loca. Sabes porque compre este salón de bodas, bueno fue porque aquí conocí a Harry. Sé que no puedo regresar el tiempo atrás, pero de haber sabido que tu padre nunca cambiaria y seria el mismo hombre machista nunca le hubiese abierto la puerta. Abrir esa puerta me llevo a este punto donde perdí al hombre de mis sueños.

Gastón se hinco también de rodillas para llegar a su altura, ella tenía los mismos ojos que él.

—Mi hermosa madre, tu misma lo dijiste, perdiste al hombre de tus sueños pero no al amor de tu vida. Eres buena y sé que en el fondo de tu corazón eres feliz con el hecho de que Harry pudo enamorarse de nuevo. Además, estoy seguro que todo esto del salón fue pura coincidencia que no tuvo nada que con tu relación con Amanda.

La madre de Gastón le dio un beso en la mejilla y agradeció tener un hijo tan bueno y amable. Su hijo desconocía toda la situación, y aunque tenía ganas de confesarle todo sabía que él no era la persona correcta para hacerlo. Además de que por un extraño motivo desde que aquella chica había entrado a él lo percibía algo inquieto y desesperado.

Después de unos diez minutos en los que Gastón, su madre y la asistente de ella recogieran el marco de la fotografía, él por fin pudo salir de la oficina de su madre, esperaba que Gisselle no tuviera auto y que estuviera cerca de la estación del metro para así alcanzarla. Fue una grata sorpresa verla en el estacionamiento y recargada de su auto. Él se acercó y por los nervios dijo algo de lo cual en un futuro le provocaría risas a ambos.

—Hola, soy Gastón.

La mirada de Gisselle era algo cómica después de escuchar aquello, sin embargo ella decidió abrazarlo, cuando él enrollo sus brazos en su cintura, sintió que su vida iniciaba de nuevo. Estuvieron abrazados por un gran lapso de tiempo, cuando se separaron y se miraron directo  a los ojos sintieron la misma electricidad de haberse confiado un secreto en ese abrazo.

Gisselle fue la primera en hablar.

—Gastón, yo te… tengo algo que te pertenece. Tal vez quieras recuperarlo.

Al escuchar aquello Gastón supo que era el momento de ser sincero con ella. Poniéndose en marcha ambos subieron al auto, porque al llegar al departamento de Gisselle las cosas y los sucesos serian puestos en su lugar.

Pero cuando amas honestamente, y lo que de verdad importa son aquellos recuerdos en donde esa persona te hace feliz decides hacer algo antes de arrepentirte, oh bueno, eso era lo que Gisselle pensaba. Y en el momento que ambos entraron al departamento Gisselle atrajo hacia sí misma a Gastón para besarlo, él estaba algo sorprendido por la acción, iba hablar pero los labios de su amada eran tan tentadores y posesivos que decidió dejarse llevar. Los besos se convirtieron en caricias, las caricias en deseo y pación, ahora ambos eran uno y eso era amor.

Estaban unidos sin la necesidad de que un mensaje lo hiciera.

***

 

—Mi prima no va a tardar en llegar —decía Gisselle a Gastón mientras él parecía de lo más concentrado en contar con sus dedos las pecas de su rostro.

—No me has escuchado. Ella me dijo que su única regla era que nada de hombres.

—Pero yo soy especial.

—Sí, pero no quiero quedarme sin hogar.

—Entonces te llevaré conmigo. —Esa idea no le resultaba tan loca a Gisselle.

—No me has pedido perdón.

—Gisselle, yo…

—Estoy bromeando, la que tiene que pedir perdón soy yo por no haberme comunicado contigo. Eso me recuerda, —y soltándose un poco de los brazos de Gastón para girarse, saco de uno de los cajones de su mesa de noche algo que Gastón conocía muy bien. —Toma tú teléfono, se supone que debía ser lo primero en devolverte pero te veías tan tentador con ese traje.

— ¿No me odias Gisselle?

—No lo hago, porque debería de hacerlo si en las semanas que estuvimos juntos fui muy feliz. Para mí eso vale más que nada.



Gizleth_

Editado: 24.11.2019

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