El miedo a ser feliz

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SOLO VIVE

18 de enero del 2017.

Se suponía que la hora del almuerzo era para descansar de las clases, y de los maestros. Pero en lugar de sentirme relajada, me hacía sentir estresada. Y no lo digo por las pláticas de los estudiantes, ni por el rechinar de los cubiertos, y mucho menos por la música de la radio. Sino porque Liz llevaba atosigándome con fechas y sucesos pasados que nada me importaban. Yo solo quería descansar de la tensión que provocaban las clases y exámenes.

Solo deseaba dejar de ser yo misma por unos instantes.

Pero eso lo pasé a segundo plano en cuestión de segundos, ya que en esos instantes me encontraba en un dilema al igual que Hamlet. Ser o no ser.

Tanto Olivia como Cleo hicieron señas para que fuera a tomar asiento junto con ellas —una idea bastante tentadora, lo debo admitir —. Pero por el otro lado se encontraba Liz, que era los ojos y oídos de mi madre en su ausencia.

—No estás pensando en ir a sentarte con ellas, ¿o sí? —me miró con seriedad. A esto me refería con lo del dilema. Y claramente Liz era el problema en esa situación —. No puedes irte con ellas —aclaró con dureza.

— ¿Y se puede saber por qué no puedo ir? —La miré con hastío —, ni que fueras mi madre —no debí haber abierto la boca, ya que no me la voy a acabar.

—Tenemos que hablar de cosas mucho más importantes —ignoró mi último comentario.

— ¿Y cuáles son esas cosas tan importantes? —la miré con el gesto divertido.

—Las olimpiadas académicas —añadió en un tono como si estuviera refiriéndose a una estúpida mental. Y yo traté de no perder la compostura ante el tono de su voz. Yo no me encontraba interesada en eso para nada. Pero como siempre, mi opinión no importaba —. Las actividades extracurriculares son puntos claves para entrar a Harvard.

Al paso que iba caminado, no cabía duda de que iba a terminar aborreciendo Harvard para fin de mes.

—Eso lo podemos discutir otro día —vi la mesa de mis amigas, quienes aún esperaban por mí. De inmediato me puse de pie, no me encontraba de humor para tener que soportar a mi amiga.

Necesitaba un respiro.

— ¡Lo tenemos que discutir ahora! —me gritó para que la pudiera escuchar en medio de todo el barullo. Aunque nadie le prestaba la menor atención —. ¡No debemos distraernos con trivialidades! —sin duda un amor de persona.

—Lo hablamos luego, que el receso es para descansar —me alejé sin voltear a verla —. Y relaja la frente, que esa vena no tarda en explotar —no la voltee ver, pero estaba segura de que se había llevado una mano a su frente para comprobarlo por ella misma —. Todavía faltan dos meses para eso.

Ignorando los gritos de Liz, llegué a tomar asiento a la mesa de mis amigas. Suspire con frustración, ella lograba estresar a un ser humano en un rango de segundos. Solo mi madre la aguantaba.

—Te puedo jurar que es la primera vez que la veo así de histérica —comenzó a decir Cleo mientras bebía de su jugo. Y para ser sinceras, yo también. Nunca la había visto de esa manera. Bueno, obviamente la había visto enojada, pero nunca la había visto haciendo una rabieta como una niña de ocho años —. Buena esa Ivanna —la miré al oírla decir eso —, deberías hacerlo más seguido.

— ¿Debo ignorarla más seguido? —la miré con dubitativa. Varias personas se encontraban tomándole video desde sus celulares.

—No —sonrió con malicia —. Hacerla rabiar, es divertido verla perder los estribos.

—Oye, ¿tienes noticias de tu súper estrella? —preguntó Olivia mientras veía su reflejo en su espejo de mano, de pasada checaba su maquillaje y peinado —. Ya sabes, me refiero al cantante —negué con la cabeza —. ¿No tienes su número? —cerró el pequeño espejo.

—No, y antes de que digas algo —protesté de inmediato. No quería que me clasificaran de estúpida —, él no pidió el mío.

—Pero sabe en cual escuela estudias —intervino la morena —. O tal vez podrías…

—Han pasado cinco días —la interrumpí con cortesía —. Si le hubiera parecido interesante, ya hubiera aparecido por aquí —ya sabía yo que la escena era demasiado buena para ser verdad.

— ¿y de donde sacas que no eres interesante? —la rubia me miró con el ceño fruncido.

—Soy una chica que es aspirante a Harvard —tomé un mechón rebelde y lo coloqué detrás de la oreja —. Eso no ha de sonar emocionante a un chico como él —. Es una buena universidad, pero hay personas que no les atrae demasiado.



Lina Gómez

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En el texto hay: drama familiar, suenos cumplidos, primer amor

Editado: 11.10.2018

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