El misterio de los 10 reinos

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Un brillante sendero

En un pueblo desconocido                                                                                                                                Ubicado en Minnesota - Estados Unidos

Después de tanto tiempo... siento que desperté con un extraño sentimiento llamado soledad. Mis ojos parpadean un par de veces antes de enfocar el rostro de una persona que ha estado conmigo desde que tengo memoria, un par de ojos esmeralda me observan esperando una respuesta.

– Por fin despiertas – susurra Talía, mi mejor amiga y técnicamente mi hermana – Feliz cumpleaños, Cassie – espero a que me levantara completamente para decírmelo mientras me entregaba una pequeña cajita con un moño improvisado. Lo desenvuelvo de la forma más cuidadosa posible.

– Talía – digo sin creérmelo – No tenías porque...

– No hagas todo tu drama ni tu discurso de porque no debí hacerlo – antes de poder protestar me coloca el hermoso broche en uno de mis mechones castaños – Perfecto.

– ¿Cómo lo conseguiste? – pregunte preparándome para lo peor.

– Hice algunos trabajos por ahí – respondió desviando la mirada – Tranquila, la señora Miller no sabe nada.

Claro que no sabe nada. Si lo hubiera sabido probablemente le hubiese quitado el dinero.

– No me mires así – dijo sonriendo para sus adentros – Cuando vi ese broche no pude evitar pensar en ti.

Sentí una pequeña lastima por la joya. De que no se pudiera lucir en un mejor lugar que un simple orfanato. Por más que ella tenga razón en que tenga cierta similitud con mi collar no significa que deba arriesgarse de ese modo.

– Gracias, Talía. Por todo.

– No es nada, Es tu cumpleaños número quince es lo menos que puedo hacer – la veo subir a su litera para empezar a ordenarla mientras yo hago lo mismo con la mía.

Observo a mi alrededor y me doy cuenta de que las demás ya empezaron a hacer sus deberes. Algunas chicas conversaban y se reían con el volumen más bajo posible pero de repente se escuchan pasos fuertes y seguros acercándose, sacándome de mis pensamientos. Todas nos pusimos en dos filas ordenadas justo antes de que entrara esa mujer.

– Buenos días, señora Miller – dijimos todas al unísono, mientras sus enojados ojos café buscaban una persona en particular deteniéndose en mí.

– Ustedes dos a mi oficina AHORA – nos señaló con un par de dedos y fuimos obedientes a pisarle los talones. Recorremos el pasillo y vamos a la primera planta directo a la habitación prohibida. Nos hizo una seña para tomar asiento, tal como lo haría una persona con sus perros – Necesito que vayan a la estación a recoger un paquete por mí – dijo entregándonos un pedazo de papel mientras ambas nos mirábamos confundidas – ¿Que esperan? ¿Qué les bese la mejilla? ¡Váyanse y ni se les ocurra escapar!

Salimos tan rápido como nuestras delgadas piernas nos lo permiten siguiendo el camino que lleva al pueblo más cercano.

"Cassie..." doy la vuelta rápidamente al escuchar mi nombre pero lo único que logro ver y escuchar es el mecer de las hojas a causa del viento y me doy cuenta de que se trata.

– Un bosque – digo más para mí que para Talía. Siento su cálida mano y me doy cuenta que deje de avanzar hace mucho.

– Cassie ¿estás bien? – veo su cara preocupada y niego con la cabeza.

– Sigamos adelante – aclaro poniéndome en marcha mientras que siento como el bosque susurraba mi nombre a lo lejos, llamando y suplicando que vuelva con él.

Después de un rato llegamos sanas y a salvo a la estación.

– Paquete 109 ¿verdad? – pregunta el señor al tiempo que Talía le responde con un "Si" entregándole el papel – Espere un momento por favor – desapareció de nuestra vista unos segundos para luego regresar con un paquete en la mano entregándoselo a Talía y sellando el papel.

– Gracias – finalmente ella se da la vuelta y me mira – Ya está, ahora volvamos a casa.

– Disculpe señor – me atrevo a hablarle desviando su atención – ¿Usted sabe el nombre del bosque que se encuentra en las afueras del pueblo?

– ¿Bosque? – pregunta confundido el señor comenzando a reír de forma repentina – Dios, los niños y su imaginación de hoy en día – volvió su atención a una señorita que se encontraba a mi lado derecho – ¿En que estábamos, dulzura?

Nos sentamos en un escalón a la salida de la estación. Ambas suspiramos.

– ¿Te da curiosidad? – me pregunta notando mis pensamientos.

– Te mentiría si te dijera que no.

Silencio. Un silencio muy abrumador.



Mikachan 95

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En el texto hay: estrellas, magia, hadas

Editado: 31.08.2019

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