El Misterio del Templo

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REBELDIA

       El reflejo del la luz del sol sobre el rio le hacia arder los ojos pero no la hacían moverse de posición, necesitaba algo de dolor, la muerte de madre le había dejado un vacio en su pecho que no podía soportar. No había llorado, ni gritado solo se había echado a correr sin rumbo. Corrió y corrió hasta que escucho el sonar del rio chocando contra las rocas y ramas atravesadas, incluso por encima del fuerte retumbar de su corazón.

        Entonces decidió que era hora de calmarse, ella no seria otra niña malcriada que terminara haciendo pataditas porque su madre ya no estaba para consolarla. Caminó hasta la orilla del rio y se sentó sobre una gran roca que el tiempo había vuelto suave y plana; no se había enterado nada mas de madre, seguro Abby tendría todo bajo control porque su hermana mayor se había quedado tiesa como un mueble inútil bajo la ventana.

       Estaba allí desde la tarde del día anterior y nadie se había preocupado por buscarla, seguro ni siquiera habían notado su ausencia; eso era lo habitual.

–Seguro que si Abbaj desapareciera ya habrían esculcado medio bosque buscándole –refunfuñó la niña con voz grave-.

      Y así se mantuvo toda la mañana, hasta que su panza empezó a gruñir “genial” pensó ella. Bajó de la roca en dos saltos para sumergirse al bosque, en búsqueda de algo para llenar su estomago.

– ¿Qué será de Addaj? –Pensó en voz alta mientras subía a un manzano– desde aquella visita a los templos ha cambiado, debí decirle lo que paso sin importar la advertencia de madre.

      La niña logro atrapar una jugosa manzana que colgaba casi en la punta del árbol y se recostó a una gruesa rama para engullirla con ansiedad, cuando escuchó unos pasos que se acercaban. Allanj afinó el oído para lograr definir quién era.

–Desde el día de ayer desapareció –decía la primera voz– no fui tras ella porque creí que necesitaba un tiempo sola-.

–Ya ha pasado mucho tiempo –comentó distraído la voz del leñador– aunque en este bosque no hay algo que pueda lastimarla realmente.

–No lo se Cheo, ya me estoy preocupando, solo tiene nueve años –sollozó ligeramente la voz femenina– debí buscarla antes del anochecer.

–Calme niña Abby –respondió el hombre– Allanj es fuerte y conoce este bosque como a su propia casa, estará bien –concluyó y siguieron su camino-.

       “Entonces si han emprendido mi búsqueda” pensó Ally bajando del manzano ágilmente, mientras guardaba en su falda una manzana para más tarde, no pensaba volver a casa; al menos no por ahora.
 

–Pues entonces vamos a hacer su búsqueda un poco más difícil –decidió con amargura– así tendrán algo divertido que hacer-.

 

       Tras caminar durante casi toda la mañana, llegó a su destino; las tres construcciones yacían ante sus ojos. De repente sintió como la mano de madre la guiaba por el sendero como había hecho días atrás, tan solo por un instante dejo a sus ojos derramar varias gotas de debilidad, recordó las palabras de ella hablando sobre los templos con tanta emoción que rebosaba por su piel. Entonces la imagen de su hermana mayor caminando hacia al Haddaj vino a su mente, Addy se veía diferente como si fuese perdido la noción de su alrededor, madre no lo había notado, estaba muy ocupada dándole señas a ella con los ojos; a veces sentía que madre albergaba cierto temor hacia ella.

       La curiosidad empezó a picarle las manos, se seco las mejillas húmedas de recuerdos y empezó a caminar hacia el Haddaj como días antes habría hecho su hermana mayor. En cada paso que daba entendía menos que era lo que había atraído a Addy de esa manera tan atontada.

–A ver Haddaj –dijo en voz alta– muéstrame lo que mi hermana pudo ver-.

       Llego hasta la enorme entrada, cubierta por enredaderas de par a par, la niña paso suavemente sus dedos por ellas hasta llegar a una extraña figura delicadamente dibujada; era un ovalo cobre con tres ojos agrupados en centro, cada uno contenía una piedra de zircón en medio.

–Azul, violeta y verde –las menciono ella mientras tocaba cada una– este azul tan profundo, tan intenso como el azul que se ilumino en los ojos de Addaj –sonrió-.

       Quiso halar la puerta pero por más fuerza que empeñó en ello, la monumental puerta no se movió, “tanta naturaleza debe haberla trabado” pensó Ally. Se preguntó nuevamente que había hecho a su hermana actuar de aquella manera ante el templo, que significaba el color de sus ojos, que había hecho correr a madre tan desesperadamente, tantas preguntas, tantas respuestas que debía conocer.



Geles RM

Editado: 22.07.2019

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