El Ocaso

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El anterior Elegido

Tal como lo había pensado Cristóbal, se negó. Le cortó el teléfono apenas había escuchado la propuesta. No es porque quisiera ser descortés con su viejo amigo ni desobediente ante el líder de uno de los clanes principales. Es que enseñar a esa chiquilla significaba salir de su propio enclaustramiento. Durante años trabajo como detective pero luego de "aquel incidente" se prometió que jamás volvería a estar al lado de otro humano.

 

Si Cristóbal sabe de esto ¿Por qué lo mete en este tipo de líos? Carraspeó molesto tomando un vaso de whisky y con la mirada encendida de su fogata, en donde viejos recuerdos intentaron surgir si no fuera porque bruscamente le dio la espalda dirigiéndose a su despacho.

 

Su teléfono volvió a sonar apareciendo en la pantalla el nombre de Cristóbal. Fastidiado lo tomó respondiendo de mala manera.

 

—Te lo vuelvo a repetir, no acepto hacerme cargo de ninguna mocosa...

 

Hubo un momentáneo silencio que casi lo exasperó.

 

—Viviendo como monje loco encerrado en un monasterio no te llevará a nada — fue el tono severo de Cristóbal —, deja de huir de los humanos.

 

—No estoy huyendo —respondió apretando los dientes.

 

—Bien, me alegró de oír eso, les diré que has aceptado.

 

Quiso replicar pero ya Cristóbal había cortado el teléfono, arrugó el ceño y sin evitarlo su mirada se perdió en el retrato que había en un costado de su biblioteca. Lo invadió una melancolía que le hizo sentirse débil y ante esto volcó la fotografía sintiéndose atormentando por los recuerdos de su pasado.

 

————o—————

 

Cristóbal en tanto se sonrió así mismo, tal vez en cierta forma era bueno obligar a Maximiliano a aceptar ser tutor de la elegida, de esa forma podría curar su aborrecimiento a los humanos. Tampoco podía negar que le pareciera divertido ponerlo en una situación complicada.

 

—Deja de poner esa cara maliciosa... —Masculló su hermano menor al pasar cerca de la sala.

 

Como respuesta Cristóbal se rió sin poder evitarlo. Víctor, su hermano, un joven vampiro de cabellos oscuros y ojos negros solo frunció el ceño con fastidio y se retiro de la sala sin agregar más palabras.

 

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Alexander Crisol escuchó por el teléfono la noticia que Cristóbal le daba respecto del tutor que acababa de encontrar para Francisca, es una buena noticia tomando en claro que conoce las habilidades analíticas, la paciencia y el reconocimiento de Maximiliano en el área policial. Además no es un vampiro cualquiera, si su familia no hubiera caído en desgracia probablemente sería uno de los vampiros catalogado como uno de los mejores en el Clan Vis Erinys

 

Aun cuando el resto de las familias de cazadores se opusieron desde un principio que el tutor del nuevo Elegido fuera un vampiro considera que fue la mejor opción, ya que los clanes de cazadores más que preocupados del aprendizaje de Francisca están más interesados en saber quien se quedará con el control del Elegido. De esta forma tener la posibilidad de ser superiores al resto de los clanes de cazadores.

 

En cambio un vampiro como Maximiliano que desde hace mucho cortó todo contacto con los humanos y no parece interesado en los asuntos de clanes y poder es la mejor opción.

 

Sorbió de su taza de té y contempló el paisaje que se vislumbraba bajo un tímido sol que comenzaba a asomarse.

 

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Francisca tosió ruidosamente y luego entrecerró los ojos contemplando a la maestra que estaba en frente suyo, la mujer de curvas pronunciadas, labios rojos y melena rubia la observo con severidad.

 

—Mal, mal, ni siquiera pudiste detener un golpe tan simple —le dio la espalda mientras se dirigía al resto de los compañeros de clase—. Cuantas veces les he dicho que deben saber protegerse de los golpes más básicos...

 

—Muchas veces —respondió Katrina con sequedad—. Sin embargo no se olvide que la pequeña mocosa es su primera clase y vivió como una humana normal, por lo que no le puede exigir las mismas habilidades que al resto de la clase.

 

—Ser un Elegido es una responsabilidad enorme, que debe forjarse a punta de golpes y esfuerzo —respondió la maestra con adustez—. Si no eres capaz de entender algo así mejor no te hubieras aparecido en estos lugares.

 

Francisca notó que esa última frase iba dirigida a ella, cerró los ojos y sacudió la cabeza, se levantó con rapidez del suelo y salió del salón de clase ante la sorpresa de todos incluso la muestra. La única que no se vio sorprendida fue Katrina que la siguió con la mirada y luego salió detrás de ella.



A.L. Méndez

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En el texto hay: vampiros hadas angeles brujas demonios

Editado: 25.07.2019

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