El Ocaso

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Maximiliano Alcázar

El director le sonrió levemente aun cuando el rostro del vampiro no parece ser muy amigable, pero si Cristóbal lo ha recomendado creería en su decisión, aunque claro esta al tanto de todo el asunto "desafortunado" que rodea a la familia del hombre que tiene al frente.

 

Con su cabello castaño revuelto, un par de anteojos, y ojos marrones, vestido con una larga chaqueta de tono azul marino, unos pantalones grises y una enorme escopeta que lleva a su espalda lo contempló en silencio. Maximiliano en tanto examinó el lugar deteniendo su mirada en cada detalle.

 

Alexander Crisol finalmente tomó asiento ofreciéndole tomar el asiento en frente de su escritorio. Dubitativo el vampiro al final aceptó la amabilidad.

 

—He escuchado mucho sobre usted, el vampiro detective, ha resuelto varios crímenes y misterios.

 

—Supongo que fue Cristóbal —entornó la mirada con cansancio.

 

—Supone bien, pero ya antes había escuchado su nombre —se levantó de su asiento al ver que su extravagante cafetera artesanal ya tenía listo el café—. No hay mejor café que de una de estas viejas maquinas ¿Sabía que el creador de dicho artefacto es un vampiro?

 

Maximiliano carraspeó y sonrió con ironía.

 

—No creo que uno de los mejores cazadores retirados solo quiera hablar de café frente a alguien de la familia Alcazar cuando debe saber perfectamente el hecho de porque el nombre de mi familia es tan conocido.

 

—La verdad es que solo escuché rumores —le sirvió café—, pero prefiero guardarme mis opiniones cuando no conozco del asunto en profundidad.

 

Lo contempló con sinceridad y cierta audacia.

 

—Además si Cristóbal, uno de los vampiros más honorables que conozco tiene confianza en usted yo no tendría por qué dudar —sorbió un poco de café—. Riquísimo.

 

Maximiliano guardó silencio desviando su mirada hacia los ventanales de la oficina, afuera la noche nublada y fría lo hizo arrugar el ceño, el ambiente de la escuela es demasiado denso y puede sentir las amenazas que los rodean.

 

—Sí, la situación no es fácil —indicó Alexander con seriedad—. Es como si varias criaturas al saber que nuestro ahora Elegido es una persona sin entrenamiento ni experiencias para pelear buscaran hacerla desaparecer.

 

—La seguridad de esta escuela de cazadores siempre ha sido muy admirada y conocida como la mejor, me extraña que tan sensible información haya llegado a oídos de enemigos —agregó Maximiliano sin borrar su severa expresión.

 

—Pienso lo mismo, hay traidores dentro de la escuela, es como en cierta forma una puñalada por la espalda ¿Quien sería capaz de traicionarnos? Los clanes acusan a Nicolás, el joven demonio que ayudo a pelear al anterior elegido. Pero yo confió en él —sonrió con malicia.

 

Maximiliano carraspeó mirándolo con fijeza.

 

—Es muy extraño que un humano confíe en un demonio, la verdad es que siempre he escuchado que son traicioneros y mentirosos.

 

—Usted ya sabe que las apariencias muchas veces engañan —respondió Alexander.

 

El vampiro desvió la mirada, en cierta forma lo sabe porque muchas veces ha sido aislado acusado de traición por el crimen de su abuelo.

 

—Me mantendré alerta con ese pequeño demonio.

 

—Bien —Alexander se levantó de su asiento dirigiéndose a la salida—. Sí no le incomoda podemos ir a ver a Francisca, que es nuestra joven e inexperta Elegida.

 

Como respuesta solo movió la cabeza aceptando acompañarlo.

 

————o—————

 

—¡Más alto, Francisca! —la reprendió la maestra Estévez al ver que la pierna de la joven no alcanzaba la altura esperada.

 

Volvió a intentarlo y aun cuando logro mejorar no lograba llegar a la meta impuesta por la maestra. Aquella, una mujer de cabellos blancos amarrados en una perfecta y tirante cola y ojos verde, no dejaba de mirarla forzándola a continuar.

 

—Muy bien descansa —le dijo luego de unos insufribles minutos.

 

Francisca se dejo caer en la arena. Están en una enorme sala cuyo piso circular y lleno de arena es utilizado para combates de cuerpo a cuerpo. En la noche es la única alumna que debe entrenarse tres veces por semana. Está agotada y adolorida, cierra los ojos apoyándose en la pared hasta que siente que alguien le toca la cabeza con cariño. Abre los ojos de golpe viendo a la maestra que le ofrece una bebida energizante. Es la primera vez que ve en su rostro algo que parece una sonrisa.

 

—Buen esfuerzo —señala—, tomate unos quince minutos y continuamos.

 

Pero al escuchar estas palabras otra vez su ánimo decayó, solo quiere volver a su cuarto a dormir, además pensando que sus clases se han intensificado con las clases extras y con aquellas que antes habían estado ocultas para ella.



A.L. Méndez

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En el texto hay: vampiros hadas angeles brujas demonios

Editado: 25.07.2019

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