El odio y la muerte

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Al presentarse en casa de los padres de María Fernanda, no hubo ni un solo momento de discusión ni polémica. Habían sido visitados por el detective. Les informó que Andrés no fue culpable del asesinato de su hija, sino, más bien una víctima más. Él y su padre estuvieron tranquilos y conversaron lo que concernió al velorio. Conversaron de las diferencias entre ambas familias el día de velación. De las discusiones. De que los familiares de Andrés, excepto su padre, culparon a María Fernanda de puta, mientras los de ella, acusaron a Andrés de asesino. Los padres de María Fernanda pidieron disculpas y Andrés también se disculpó.

El automóvil de Andrés se quedó en el garaje de aquella casa. El padre de María Fernanda le devolvió las llaves y él con su padre y sus suegros salieron hacia el cementerio San Blas.

Andrés compró muchas flores aunque sabía quera inútil hacerlo porque después de todo María Fernanda estaba muerta y él no creía en Dios, lo cual hacía más dolorosa su pérdida. No había cielo donde reencontrarse con su mujer. El sepulcro estaba lejos y eso le dio tiempo a meditar mientras caminaba sobre los senderos del cementerio. Miraba una a una las diferentes tumbas y los zapatos de sus suegros quienes los guiaban a él y a su padre en silencio. Nadie deseaba decir nada.

Al llegar, Andrés leyó el epitafio: “Porque fuiste una mujer excelente, luchadora y guerrera, Dios te guardará en su cielo para siempre. Espéranos allá”. Qué vacías le sonaron aquellas palabras. Inútiles. Ojalá yo creyera en Dios, se dijo y comenzó a llorar. Por primera vez sintió aquella muerte como lo era. Fatal. La mujer que conoció en la universidad y con quien compartió más de quince años de matrimonio ahora estaba muerta.

Dejó las flores junto al nicho. Los padres de María Fernanda también lloraron. La noche comenzaba a caer y hacía frío. Salieron del cementerio. Andrés les invitó una comida por ahí cerca, en un restaurante barato. Conversaron poco mientras comían. Justamente del supuesto asesino. De quien le tendió a él la trampa y de que estaba dispuesto a ayudar al detective en todo cuanto pudiera para atrapar al culpable.

En la televisión se transmitían las noticias, se decía que un hombre se había suicidado, arrojándose desde el puente del río Machángara. Su cuerpo fue hallado, ahogado, metros más abajo. Según dicen los familiares de aquel hombre, descubrieron que la mujer estaba teniendo una aventura con su mejor amigo, aunque su mejor amigo, según la periodista, estaba viviendo en Loja.



Christo Herrera Inapanta

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En el texto hay: asesinatos, romance

Editado: 28.09.2019

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