El odio y la muerte

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El día de su matrimonio, Andrés pensó que sería uno de esos que ya casi no existen, uno para toda la vida. Aún recuerda ciertas imágenes de María Fernanda plasmadas como fotogramas en su memoria: La luz del atardecer a espaldas de su cabello largo y el viento de verano removiéndolos cuando visitaban los parques. Una risa honesta de bromas que él solía hacerla. Su cuerpo, siempre esbelto, vistiendo sus camisas. Sus piernas cruzadas sosteniendo un libro de poesía. Sus manos con dedos largos sosteniendo una manzana verde, pelándola con un pequeño cuchillo, sus labios masticando la piel de la fruta que ella misma mondaba. Esas mismas manos acariciando sus mejillas. Esas mismas manos azotándose al aire cuando reclamaba algo. Esas mismas manos recogiendo su cabello, haciendo un chongo en su cabeza y cruzándole un lápiz amarillo. Un dedo índice en los labios de cuando él no debía decir nada en medio de una película.

Un cuerpo acribillado en su cama junto a un desconocido.

Andrés lloró. ¿Cómo pudo creer que María Fernanda lo hubiese engañado?



Christo Herrera Inapanta

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En el texto hay: asesinatos, romance

Editado: 28.09.2019

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